No se puede estar al servicio de los hombres sin antes estar al servicio de Dios

Benedicto XVI a los nuevos obispos participantes en el congreso de la Congregación de los Obispos y las Iglesias Orientales

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CASTEL GANDOLFO, viernes 21 septiembre 2012 (ZENIT.org).- El inicio del Año de la Fe, el 50° aniversario del Concilio Vaticano II, los veinte años del Catecismo de la Iglesia Católica, y la 13° Asamblea General del Sínodo de de los Obispos sobre la Nueva Evangelización son todas valiosas ocasiones para reforzar la fe.

Lo indicó Benedicto XVI este jueves al recibir en audiencia a los obispos recientemente nombrados, quienes participaron en Roma en un congreso promovido por la Congregación de los Obispos e Iglesias Orientales.

“El encontrarse en Roma, al inicio de vuestro servicio episcopal --indicó el papa- es un momento propicio para hacer experiencia concreta de la comunicación y de la comunión entre vosotros, para encontrar al sucesor de Pedro, y alimentar el sentido de responsabilidad en toda la Iglesia”.

El santo padre exhortó a los obispos a “promover y sostener “un empeño eclesiástico más decidido en favor de la nueva evangelización de manera que se redescubra la alegría de creer y para rencontrar el entusiasmo de comunicar la fe”. (Carta apostólica Porta Fidei, 7).

La llamada es la de “favorecer y alimentar la comunión y la colaboración entre todas las realidades de vuestras diócesis”. La evangelización, de hecho “no es obra de algunos especialistas, sino de todo el pueblo de Dios bajo la guía de los pastores”, por lo tanto “cada fiel en y con la comunidad eclesial tiene que sentirse responsable del anuncio del testimonio del Evangelio”.

La Nueva Evangelización --prosiguió el papa- es en definitiva un producto del Concilio Vaticano II, a tal punto que el beato Juan XXIII al cierre del primer período del mismo deseó “un nuevo Pentecostés que hiciera florecer a la Iglesia en su interior riqueza y en su extenderse maternalmente hacia todos los campos de la actividad humana”.

Los pastores de hoy, dijo el papa al dirigirse a los nuevos obispos, han heredado “este patrimonio de doctrina, de espiritualidad y de santidad” y a eso tienen que ir para formar a los fieles.

“Les animo por lo tanto -prosiguió el santo padre- a empeñarse para que sean presentados a todos los fieles -según las diversas edades y condiciones de vida- los contenidos esenciales de la fe, en forma sistemática y orgánica, para responder también a los interrogantes que presenta nuestro mundo tecnológico y globalizado”.

Para obtener tal finalidad es esencial tomar la doctrina del Catecismo de la Iglesia Católica, “norma segura para enseñar la fe y la comunión en el único credo. La realidad en la que vivimos exige que el cristiano tenga una sólida formación”.

En este contexto el obispo es “el primer testigo de la fe” y tiene que dar “el ejemplo de una vida vivida en el abandono y confianza en Dios”. Si quiere ser un “maestro y heraldo de la fe” tiene que ser “hombre de Dios. No se puede estar de hecho, al servicio de los hombres sin antes estar al servicio de Dios”.

“Eucaristía y oración” son el “doble alimento” con el que el pastor puede recibir “savia vital para el ministerio”. Hacia los sacerdotes el obispo deberá mostrar caridad, “con aquel amor paterno que le puede sostener, alentar y perdonar”. La caridad del Buen Pastor va dirigida también a los pobres que sufren, a las familias, a los niños y jóvenes, con una atención especial a los seminaristas que deben ser formados humana y espiritualmente, teológica y pastoralmente, de manera que la comunidad pueda tener pastores maduros y dichosos, y guías seguros en la fe”.

El santo padre concluyó la audiencia recordando la siguiente frase de san Pablo: “Busca la justicia, la fe, la caridad, la paz... Un siervo del Señor no tiene que ser litigioso, sino manso con todos, capaz de enseñar, paciente, y dulce en el reprender”. (2Tm 2,22-25).