No se puede sacrificar al hombre en aras de la ciencia y la técnica, afirma Benedicto XVI

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 4 abril 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha vuelto a alzar la voz para explicar que la gran tentación del momento de la civilización consiste en sacrificar al hombre en aras de la ciencia y la técnica.



Al dirigirse este sábado a los representantes de 42 países --ministros de educación, oficiales de gobiernos, rectores de universidades de Europa, América y Asia--, así como a representantes de organizaciones europeas e internacionales que participaron en un congreso en el Vaticano, el Santo Padre constató que «la cuestión fundamental hoy, como ayer, sigue siendo la antropológica».

«¿Qué es el hombre? ¿De dónde viene? ¿A dónde tiene que ir? ¿Cómo tiene que ir? --preguntó--. Es decir, se trata de aclarar cuál es la concepción del hombre que se encuentra en el fundamento de los nuevos proyectos».

Las personas que escuchaban al Papa habían participado en un congreso sobre la universidad hoy organizado por la Congregación vaticana para la Educación Católica al que fueron invitados los países que han adherido al «Proceso de Bolonia», iniciativa promovida por el Centro Europeo de Educación Universitaria de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO-CEPES).

«Con razón os preguntáis al servicio de qué hombre, de qué imagen del hombre, pretende estar la Universidad --dijo el Papa a sus huéspedes--: ¿de un individuo encerrado en la defensa de sus intereses, o de la perspectiva materialista de intereses? ¿O de una persona abierta a la solidaridad con los demás, en la búsqueda del auténtico sentido de la existencia?».

Estas preguntas, añadió, afectan hoy día a la cuestión de la «relación entre la persona humana, la ciencia y la técnica».

«Si es verdad que en el siglo XIX y XX, la técnica ha experimentado un crecimiento sorprendente, al inicio del siglo XXI se han dado pasos ulteriores: el desarrollo tecnológico ha asumido, gracias a la informática, incluso una parte de nuestras actividades mentales, con conocimientos que involucran nuestra manera de pensar y que pueden condicionar nuestra misma libertad».

En este contexto, dijo, «es necesario decir con fuerza que el ser humano no puede y no debe ser sacrificado nunca a los éxitos de la ciencia y de la técnica».

«Este es el motivo por el que resulta tan importante la cuestión de la así llamada cuestión antropológica que para nosotros, herederos de la tradición humanística fundada en los valores cristianos, debe ser afrontada a la luz de los principios inspiradores de nuestra civilización», concluyó.