Nota sobre el sarcófago de san Pablo del arqueólogo Giorgio Filippi

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 11 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la nota del arqueólogo Giorgio Filippi sobre el sarcófago de San Pablo que publicó este lunes la Sala de Prensa de la Santa Sede.



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La basílica surge en el sepulcro del apóstol, en la Vía Ostiense, donde a finales del siglo II el presbítero romano Gayo, indicaba la existencia del «tropaion», erigido para testimoniar el martirio de Pablo. En el lugar se sucedieron, a lo largo del siglo IV, dos edificios, el «constantiniano» y el de «los Tres Emperadores», ligados a la peregrinación devocional a la tumba del apóstol y utilizados como cementerios y con objetivos litúrgicos.

La única documentación que hace referencia a la situación arqueológica del monumento se encuentra en unos pocos dibujos y bocetos con medidas, cuya interpretación en ocasiones es enigmática, realizados por los arquitectos Virginio Vespignani (1808-1882) y Paolo Belloni (1815-1889), tras el incendio de 1823, durante las excavaciones realizadas con motivo de la nueva Confesión (1838) y de la colocación de los cimientos del baldaquino de Pío IX (1850).

Los vestigios arqueológicos que se encontraron entonces dejaron de ser visibles después, pues en parte fueron destruidos y en parte precintados por la actual Confesión.

El hecho de que la Basílica de San Pablo surgiera sobre la tumba del apóstol es un dato indiscutible en la tradición histórica, mientras que la identificación del sepulcro originario es una cuestión que ha quedado abierta. La Crónica del Monasterio habla de un gran sarcófago de mármol, encontrado durante las obras de reconstrucción de la basílica, después del incendio de 1823, en el área de la Confesión, bajo las dos lápidas en las que está escrito «PAVLO APOSTOLO MART[YRI]», del que sin embargo no queda huella en la documentación de excavaciones, a diferencia de los otros sarcófagos descubiertos en aquella ocasión, entre los que se encuentra el famoso «dogmático», que hoy es conservado en los Museos Vaticanos.

Las investigaciones arqueológicas en la zona, considerada tradicionalmente como el lugar de sepultura del apóstol, comenzadas en el año 2002 y acabadas el 22 de septiembre de 2006, han sacado a la luz diferentes estratos, formados por el ábside de la basílica constantiniana, englobada en el transepto del edificio de los Tres Emperadores: en el suelo de este último, bajo el altar papal, ha aparecido ese gran sarcófago del que se habían perdido las huellas y que se consideraba desde la época teodosiana como la Tumba de San Pablo.

Estas investigaciones tenían por objetivo verificar la consistencia y el estado de conservación de los vestigios de la basílica constantiniana y teodosiona, sobrevividos a la reconstrucción que tuvo lugar después del incendio y de valorizarla por razones de devoción.

Del 2 de mayo al 17 de noviembre de este año, se acabó, en la zona de la Confesión, el proyecto para abrir acceso a la Tumba de San Pablo. Después de haber desmontado el Altar de San Timoteo, se excavó en la zona inferior para volver a sacar a la luz, en toda su superficie de unos 5 metros cuadrados, el ábside de la basílica constaniniana. Para llegar hasta los vestigios del siglo IV se excavó dentro de los muros de la moderna base para los cimientos que se adapta perfectamente a las estructuras antiguas, tanto en su base como en su altura, hasta llegar hasta el punto de diferencia entre la parte antigua y la nueva, que se puede constatar por el color diferente de la argamasa, rosada la del siglo XIX y gris la del siglo IV.

Dado que la altura del transepto de los Tres Emperadores, sobre el que se encuentra el sarcófago de San Pablo, es más alta con respecto al nivel de la actual Confesión, es evidente que el nivel ha sido demolido con motivo de las obras del siglo XIX. La plataforma se conserva, en forma de peldaño, detrás del altar de Timoteo, incorporado en el muro moderno que delimita el lado este de la Confesión.

Durante las obras del siglo XIX, dado que parece que la cumbre del ábside tenía algunas partes inestables, fueron removidas, produciendo el efecto de un peldaño en el «emplecton», de unos diez centímetros de altura, correspondiente a dos hileras de ladrillos, que comienza en el borde interior del ábside, siguiendo su línea curva. En el frente del peldaño se ven las huellas dejadas en el cemento por los ladrillos removidos.

Para alcanzar la altura del suelo constantiniano se removió la mitad sur de la zona del ábside. En la excavación no se encontraron otros vestigios arqueológicos, con la excepción de restos de albañilería.

Para aumentar la visibilidad del sarcófago de San Pablo se amplió en unos 0,70 centímetros el hueco que atraviesa el muro del siglo XIX durante las obras de los años 2002-2003.

Ha sido posible tomar las medidas del sarcófago: caja de una longitud de 2,55 metros, de una anchura de 1,25 metros y de una altura de 0,97 metros. La cobertura es de 0,30 metros de altura.

La parte del ábside descubierta constituye el único testimonio visible de la Basílica atribuida comúnmente a Constantino.

Sigue abierto el problema topográfico de la relación entre la basílica y el suelo descubierto en 1850, en el oeste del ábside de Constantino. Belloni consideró que se trataba de la antigua Vía Ostiense, que habría sido desviada a su colocación actual por orden de los Tres Emperadores, pero no midió el nivel del empedrado. En este sentido, resulta de particular interés el descubrimiento, dentro del ábside constantiniano, de algunos grandes bloques de basalto, reutilizados como material de construcción en los cimientos de la basílica de los Tres Emperadores.

Por lo que se refiere a la planta de la basílica constantiniana, dado que sólo contamos con las nuevas medidas realizadas en el ábside, es prematuro hacer nuevas hipótesis, confirmando las modestas dimensiones del edificio.

El nivel del estrato de barro, descubierto sobre el nivel del ábside constantiniano, concuerda con al transepto de los Tres Emperadores (390 d.C.), sobre el que se apoya el gran sarcófago que indicaba la Tumba del Apóstol en la época de la construcción de la nueva y grande basílica, y estaba delimitado por un podio presbiteral monumental, como parece que deja suponer la gran plataforma de sus cimientos, de un espesor de 1,66 m., que se apoya directamente sobre el suelo del ábside constantiniano. No se puede excluir que en el interior de estos cimientos puedan encontrarse restos del «tropaion» erigido sobre la tumba del apóstol Pablo.

Se puede considerar que entre 1838 y 1840, en la zona de la Confesión, se removió o demolió todo lo que se encontraba sobre el suelo de los Tres Emperadores. Para echar los cimientos del nuevo presbiterio y del altar papal, se trasladó incluso el sarcófago de san Pablo. Por ahora en el área estudiada, entre el nivel del suelo del año 390 y el de los cimientos de 1840, no se han encontrado vestigios de otras épocas.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]