Nueva curación inexplicable en Lourdes: la historia de Antonietta Raco

Su testimonio y el de su obispo 

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LOURDES, viernes 28 de agosto de 2009 (ZENIT.org) - La italiana Antonietta Raco, paralizada desde el año 2005, ha sido curada de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA, como la suelen denominar los especialistas) a raíz de una peregrinación a Lourdes, este verano, anunció su obispo, de la diócesis de Tursi-Lagonegro, monseñor Francescantonio Nolé. 

"Es un don del Señor a través de su santísima Madre", ha declarado el obispo que guiaba la peregrinación. Su testimonio fue recogido este jueves por Radio Vaticano.  

Raco tiene 50 años y es de Francavilla in Sinni, cerca de Potenza, en la región de la Basilicata, en el sur de Italia. Ha sido tratada en el hospital Le Molinette de Turin.  

Se ha puesto de nuevo en pie y ha vuelto a caminar de manera inexplicable.  

El obispo precisa que Raco realizó una visita de control en Turín el 24 de agosto y el profesor Chiò declaró que "desde el punto de vista de la literatura médica, nunca ha habido un caso de regresión de la enfermedad". 

"Se puede decir que es un acontecimiento extraordinario", ha dicho el prelado.

Los médicos, sorprendidos

El pasado 25 de agosto, Raco explicó  al diario católico italiano "Avvenire" las circunstancias de esa visita médica con su marido. 

"Yo estaba ansiosa de reencontrarme con los médicos; esperaba que alguno me dijera que ya no tenía nada --recuerda--. Durante esa visita, vi el asombro de los especialistas".  

"El profesor Chiò ha querido que explique todo lo que me está pasando sin omitir nada", explica.  

"Él estaba sorprendido y me dijo: ‘Me he quedado sin habla' --recuerda--. Me envió a hacer nuevas pruebas, me pidió que no suspendiera la terapia. Y, sin decir nada, me dio un beso. Y se conmovió. Yo siempre he rezado por él esperando que se descubriera cómo curar la ELA". 

Fue el profesor Chiò quien envió el dossier clínico al obispo que lo hará llegar a la oficina de Lourdes.  

Un equipo médico analizará la cuestión no sólo desde el punto de vista médico, sino también desde el punto de vista teológico.

Una voz que calma

Raco ha explicado a "Avvenire" la historia de esta curación: "En Lourdes, yo no pedí un milagro. Yo recé a la Virgen para que me diera la fuerza de vivir con dignidad cada instante que me quedaba", indica.  

"Los casos de Piergiorgio Welby y de Eluana Englaro [dos casos de eutanasia muy mediáticos en Italia] me impresionaron; se interrumpieron las ayudas vitales de esas personas --reconoce--. Recé para no llegar a algo así".  

"La vida debe ser vivida siempre y en toda circunstancia hasta el extremo -afirma--. También recé por una niña de mi pueblo que también padece ELA". 

Antonietta Raco precisa: "Al entrar en el agua, fui ayudada por tres ‘damas'; dos de ellas se apartaron después y la otra continuó ayudándome".  

Y continúa: "Pero mientras ella estaba haciendo esto, sentí la presencia de alguien más que me sostenía por el cuello; intenté volverme, pero no había nadie; sentí un gran dolor en las piernas, después un alivio". 

"Fue en ese momento cuando escuché, a mi izquierda, una voz femenina muy bella, suave, tierna, ligera --explica--. Nunca he oído nada igual; el mero hecho de oírla me alivió físicamente".  

"Ella me dijo: ‘¡No tengas miedo, no tengas miedo!' --revela--. Pero yo temblaba, ¡tenía tanto miedo!, también porque era la única que oía esa voz".

El respeto de monseñor Nolé

Monseñor Nolé también ha expresado sus impresiones personales: "En primer lugar, un gran respeto hacia esta señora que ha ido a Lourdes y no ha pedido nada sino morir en paz".  

El prelado continúa: "Ella dijo: "No quiero acabar como Welby, quiero que el Señor, que es dueño de la vida, sea el que tome mi vida en su mano".  

"Después pidió la paz y la serenidad para ella misma y para su familia. Y luego, la gracia para una niña de cuatro años que sufre también una esclerosis lateral amiotrófica", añade.  

Pero sobre todo, el obispo siente respeto "porque, en Lourdes, después de haber recibido este gran don, esta señora no se lo dijo a nadie: se lo guardó para ella misma durante tres días".  

"Y al volver a su casa sintió una voz interior que le invitaba: ‘¡Cuéntalo, dilo!'. Entonces preguntó: ‘¿Qué debo decir? Yo no merezco tanto, soy indigna...'", relata.  

El obispo recuerda: "Yo le dije, tranquilizándola, que el Señor ha hecho este regalo no sólo para ella sino para toda la comunidad y para todos los que se enterarán, y de hecho estamos viviendo las consecuencias positivas".

La confesión a su marido

Efectivamente, la noche del 5 de agosto, después de la peregrinación, Raco sintió de nuevo la misma voz, cuando en realidad ella no había dicho nada a nadie antes.  

Ella explica: "Estaba sentada en el sofá, mi marido estaba a unos metros de distancia. Sentí de nuevo claramente la misma voz que en Lourdes: ‘Llámale, díselo, llámale'".  

"Yo me dije: ‘¿Pero qué debo decirle?' Y entendí otra vez: ‘Llama a tu marido, díselo'. Entonces llamé a mi marido Antonio y me levanté, di unos pasos y después volví al mismo lugar. Él no podía creer lo que estaba viendo. Y se lo dije todo", recuerda. 

Antonietta Raco ha expresado su deseo de volver a Lourdes "pero como voluntaria para ayudar a los enfermos como otros me han ayudado". 

Y el obispo destaca el efecto de esta curación: "He aquí que se ha vuelto a dar fervor a los que tenían fe y se ha removido la conciencia de los que la tenían tibia, apática".  

"Muchos se han comprometido a ir a Lourdes, a estar disponibles para el servicio a los enfermos --explica--. Después se confronta la enfermedad y se dice: "Bien, esta señora ha recibido este milagro pero no lo había pedido. Se redescubre la gratuidad de la oración y la oración por los demás". 

Monseñor Nolé insiste en el sentido de la peregrinación a Lourdes diciendo: "En el servicio a los demás, se redescubre justamente una gran fraternidad, la gratuidad de darse y de recibir dando, sin esperar recompensa material, obviamente, ni espiritual o moral: pero el servicio se convierte en sí mismo en una recompensa". 


 

[Por Anita S. Bourdin, traducción del original francés por Patricia Navas]