Nueva etapa del diálogo interreligioso en Bangladesh

Conclusiones del congreso entre representantes cristianos y musulmanes

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ROMA/DHAKA, domingo, 18 mayo 2008 (ZENIT.org).- Se ha celebrado en Dhaka, capital de Bangladesh, un congreso entre treinta y cinco representantes cristianos y otros tantos musulmanes para discutir el mensaje enviado en 2007 a Benedicto XVI y a otros líderes cristianos, por 138 sabios musulmanes y la respuesta que les dio la Iglesia de Roma.

El congreso, según una reciente crónica de «L'Osservatore Romano», fue moderado por el profesor Kazi Nurul Islam, fundador del Departamento de Religiones Mundiales de la Universidad de Dhaka, y por el padre James Cruze, secretario de la Comisión Episcopal para el Diálogo Interreligioso.

En sus palabras de bienvenida a los participantes, el profesor Kazi respondió a cuatro preguntas que los representantes de las dos religiones habían previamente formulado en dos encuentros de preparación separados: el del 7 de marzo para los musulmanes y el día siguiente para los cristianos.

La primera pregunta se refería al por qué del diálogo entre credos. El profesor Kazi respondió que no existe una alternativa posible al diálogo. La paz es sostenible si alcanzada a través del diálogo.

El segundo interrogante aludía al por qué del diálogo entre cristianos y musulmanes. El ponente al responder subrayó que más de la mitad de la población mundial está compuesta por creyentes de estas dos grandes religiones. Estos creyentes pertenecen todos a la gran familia de Abrahán. Lamentablemente no se ha establecido todavía una completa confianza entre ellos. Esta falta de confianza mutua ha llevado en el curso de la historia a guerras y a hostilidades recíprocas. Todo esto debe ser resuelto; la hostilidad que deriva de la herencia histórica debe superarse para alcanzar la meta de la verdadera paz.

La tercera pregunta se refería al por qué se eligió Bangladesh como sede del diálogo interreligioso. El profesor Kazi subrayó que, en Bangladesh, musulmanes y cristianos han convivido siempre pacíficamente. Esta armonía entre los creyentes de varias religiones puede convertirse en un ejemplo para los demás países en los que en cambio prevalece la intolerancia.

La última pregunta se refería a la posibilidad de cambiar la historia de las relaciones entre cristianos y musulmanes. El profesor Kazi afirmó que es posible cambiar enseguida la actitud de cada uno hacia los acontecimientos históricos. El método mejor para este objetivo es el de profundizar el conocimiento con encuentros directos.

A sus palabras siguió la ponencia de la señora Eva Sadia Saad, presidenta del Departamento de las Religiones Mundiales. La profesora universitaria invitó a los participantes a profundizar en las numerosasa afinidades entre musulmanes y cristianos. Eva Sadia Saad recorrió brevemente la historia del departamento que preside, que es un caso único en las universidades del mundo islámico.

El padre Franco Rapacioli, misionero del Instituto Pontificio de Misiones Extranjeras (PIME) hizo una síntesis del desarrollo del diálogo interreligioso entre musulmanes y cristianos en el periodo reciente. Recordó al grupo de quinientos estudiosos musulmanes que en 2004, coordinados por el príncipe de Jordania, Ghazi bin Muhammad bin Talal, redactaron un documento sobre los valores comunes que comparten chiítas, sunnitas y otras corrientes islámicas.

Examinando en cambio la carta de los 138 sabios musulmanes enviada a Benedicto XVI en 2007, el padre Rapacioli subrayó la parte denominada «sumario y compendio». En ella, los expertos musulmanes afirman que «la base para la paz y la comprensión ya existe: amor por un único Dios y amor por el prójimo. Estos dos principios son destacados en todos los textos sagrados tanto musulmanes como cristianos. La unidad de Dios, la necesidad de amor por el prójimo forman el terreno común entre islamismo y cristianismo».

El padre Rapacioli recordó la respuesta de la Iglesia de Roma. En el documento, de 19 de noviembre de 2007, y firmado por el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, se afirma que el terreno común entre las dos grandes religiones «nos permite fundar el diálogo en un efectivo respeto por la dignidad de toda persona humana, en el conocimiento objetivo de la religión del otro, en el compartir la experiencia religiosa y, en fin, en el empeño común en la promoción del respeto y de la aceptación recíprocos entre los jóvenes».

Sobre el diálogo siguieron intervenciones alternas de dos expertos musulmanes y dos cristianos: el profesor Abdul Mannan, el obispo Theotenious Gomez, el profesor Syed Anwar Hossai y el reverendo Birbal Halder.

Tras las ponencias, los participantes en el congreso se dividieron en ocho grupos mixtos. Las relaciones de estos grupos se presentaron en la sesión plenaria.

En el documento de síntesis de los trabajos del congreso se expresa la preocupación por los intentos de politización y de manipulación de las religiones que se van multiplicando en muchos países del mundo. Esto provoca frecuentes enfrentamientos entre creyentes de diversos credos que pueden evitarse o resolverse a través del diálogo que permita un conocimiento recíproco.

Los participantes en el encuentro interreligioso de Dhaka expresaron la voluntad de emprender acciones concretas que impliquen a las jóvenes generaciones.

Hay en el documento una propuesta «especialmente interesante», subraya «L'Osservatore Romano», dirigida directamente a las autoridades educativas de Bangladesh: se les pide introducir en los textos de las escuelas primarias y medias nociones sobre las mayores religiones mundiales. «Este paso -dice el documento- permitirá a nuestros hijos adquirir un conocimiento de base sobre todas las mayores religiones y no sólo de la propia».

En el último punto se anuncia la constitución de un comité interreligioso cuyos componentes serán elegidos por el Departamento de las Religiones Mundiales de la Universidad de Dhaka y por la Comisión Episcopal para el Diálogo Interreligioso. Tarea del comité será la de llevar a la práctica las decisiones tomadas durante el congreso.

Por Nieves San Martín