Nuevo arzobispo de Pamplona: «Quiero ser testigo de paz y de esperanza»

Entrevista a monseñor Francisco Pérez González

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MADRID, martes, 31 julio 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha nombrado a monseñor Francisco Pérez González arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela (España) (www.iglesianavarra.org). Sustituye en estas circunscripciones eclesiásticas a monseñor Fernando Sebastián –de 77 años, presentó su renuncia por razones de edad-, que viene rigiendo estas diócesis desde 1993.



Si bien es impreciso el momento de fundación de la diócesis de Pamplona, la primera mención de un obispo en esta ciudad (Liliolo) se registra en las actas del III Concilio de Toledo (año 589), en el que se produjo la conversión del pueblo visigodo al catolicismo. Por su parte, la creación de una sede episcopal en Tudela se remonta a 1784.

Monseñor Francisco Pérez González nació en Frandovínez (Burgos, España) el 13 de enero de 1947. Ingresó en el Seminario de Burgos en 1958. Fue ordenado sacerdote en Trento (Italia) en 1973. Recibió la consagración episcopal en Roma de manos del Papa Juan Pablo II el 6 de enero de 1996; tomó posesión de la Diócesis de Osma-Soria, el 11 de febrero de 1996. Es Director en España de las Obras Misionales Pontificias desde 2001. El 30 de octubre de 2003 fue nombrado Arzobispo Castrense de España.

El Arzobispo electo de Pamplona y Obispo electo de Tudela se formó en Humanidades, Filosofía y Teología en el Seminario de Burgos. Cursó Estudios Superiores en la Pontificia Universidad de Santo Tomás («Angélicum») de Roma y se licenció en Teología Dogmática en la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid).

Ha desarrollado su labor en distintas Vicarías Parroquiales, como Formador y Director Espiritual del Seminario Mayor de Madrid, encargado del Diaconado Permanente de la Archidiócesis de Madrid, miembro del Comité del Diaconado Permanente de la Conferencia Episcopal Española, Director Espiritual del Seminario de Nuestra Señora de los Apóstoles de la Diócesis de Getafe y del Colegio Sacerdotal Castrense Juan Pablo II de Madrid, y Miembro de las Comisiones Episcopales de la Conferencia Episcopal Española para el Clero, Seminarios y Universidades, y Misiones y Cooperación con las Iglesias.

Por cortesía del Director de la Programación Socio-Religiosa de la Cadena COPE (www.cope.es), Manuel María Bru Alonso, ofrecemos la entrevista que ha hecho al prelado con ocasión de este nombramiento.

--Tras su consagración episcopal en 1996, ha regido una diócesis castellana de hondas raíces cristianas y en estos últimos años la Archidiócesis Castrense de España, una diócesis no territorial cuyos fieles son en su totalidad miembros de las Fuerzas Armadas o de los Cuerpos de Seguridad del Estado. Antes de hablarnos de su nuevo nombramiento, ¿puede hablarnos de su experiencia como sucesor de los Apóstoles en estas dos iglesias particulares? ¿Qué se lleva usted en el corazón como hermano y como padre en la fe de esta última, que le ha llevado durante casi cuatro años a acompañar y a alentar desde la fe, en la alegría y en el dolor, a tantos hombres y mujeres que arriesgan su vida por nuestra seguridad y por nuestra paz?

--Monseñor Francisco Pérez González: Ciertamente que me encuentro sorprendido al ver que en once años he tenido la gracia de ser «sucesor de los apóstoles» en dos Diócesis y, a partir de hoy, en una tercera de la que «tomaré posesión» en breve. La primera, Osma-Soria, me enseñó a mirar la realidad humana como un gran Don de Dios; la segunda me hizo ver que todos necesitamos la paz, y las Fuerzas Armadas junto con los Cuerpos de la Seguridad del Estado, son, en palabras de Juan Pablo II, «vigilantes, centinelas y guardianes de la paz». Ahora aprecio más que antes la gran labor que hacen como «defensores de la paz».

Los momentos más duros los he pasado cuando varios militares han muerto en acto de servicio ya sea en España o en las misiones del extranjero. He compartido muchas alegrías en las visitas pastorales que he realizado y también profundos sufrimientos. He intentado «querer a todos» y mostrarles el rostro más humano, que es el de Jesucristo y su Iglesia. Siempre, en mis visitas, les decía: «¿Sabéis qué hace el Obispo con sus capellanes? Mostraros el camino que os lleva al encuentro con Dios. ¡Quiero llevaros a todos al Cielo sobre mis espaldas!». Y ésta ha sido mi gran responsabilidad y la de mis colaboradores, los capellanes.

--Recién nombrado Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, ¿qué mirada y qué palabra dirigiría a esta porción del pueblo cristiano que peregrina en Navarra?

--Monseñor Francisco Pérez González: Los sentimientos que percibo en mi interior son los que siempre he tenido como Obispo: amar a todos sin reservas y con alegría. Voy a Navarra y quiero hacerme amigo y hermano de todos los navarros. La responsabilidad que siento es la que Cristo encomendó a San Pedro: «¿Me amas más que éstos?». A partir de hoy tienen el derecho de exigirme que ame y que enseñe a amar al estilo de Jesucristo.

Cuando supe que el Papa Benedicto XVI me encomendaba la Archidiócesis de Pamplona y la Diócesis de Tudela, me fui a la pequeña Capilla de mi casa y, ante Jesús Eucaristía, le ofrecí de nuevo mi vida y pedí por todos los navarros (los de dentro y los de fuera), para que me ayuden a ser santo en el nuevo ministerio y para que -como pobre instrumento en sus manos- pueda escribir palabras eternas en su corazón. Cada uno de los navarros será, a partir de ahora, mi mejor «Carta», como dice San Pablo a sus fieles, sobre la que quiero seguir escribiendo el Evangelio de Jesucristo a fin de que su gracia brille siempre en sus corazones.

Quiero ser testigo de paz y de esperanza. No llevo conmigo ideologías convincentes e impositivas, sino únicamente el propósito de mostrar a todos que Jesucristo es el único que salva y que llena el corazón de felicidad, de amor y de paz. Para los pobres, enfermos y desesperanzados quiero ser alivio, fortaleza y alegría. Ellos, como decía San Vicente de Paúl, «son mis amos».

--Su lema episcopal, tomado de la oración sacerdotal de Jesús, «Ut omnes unum sint» («Que todos sean uno») ha estado siempre presente en su ministerio episcopal. En una Iglesia como la que peregrina en Navarra, tan rica en su historia como en la pluralidad de iniciativas eclesiales y de raíces culturales, ¿es su deseo también promover la comunión entre las distintas sensibilidades culturales y religiosas?

--Monseñor Francisco Pérez González: La unidad tiene como raíz fundamental que todos somos hijos de Dios y por lo tanto hermanos; la fraternidad, con las diferencias que son justas, nos hace sentir familia divina. Es el mejor mensaje que puedo llevar y el que con más insistencia recordaré. Todo tipo de experiencia humana necesita la luz de Dios, que siempre ilumina, aunque a veces le dejemos de lado; todos necesitamos su amor y –con la gracia de Dios- haré todo lo posible para ser mensajero de la unidad que Cristo pidió al Padre. La unidad se construye con la verdad y con la caridad; son los dos pilares de la misma. Una verdad sin caridad es ideología barata y una caridad sin verdad es puro sentimiento paternalista. De ahí que la comunión exija mucho sacrificio y mucha nobleza de corazón para mirar al otro con los mismos ojos que nos mira Dios. Las enseñanzas de Cristo y de su Iglesia serán los puntos clave de esta comunión porque Jesucristo es el Maestro y nosotros sus discípulos. Estoy seguro de que en lo más íntimo de cada persona existe este deseo que debe desplegarse hacia todo ser humano

--Sigue también al frente de las Obras Misionales Pontificas (OMP) en España, labor que compaginará ahora con una de las pociones del Pueblo de Dios que más frutos ha dado en la Historia de la Iglesia en generosidad vocacional al servicio de las misiones…

--Monseñor Francisco Pérez González: Seguiré como Director Nacional de las OMP en España. Llevo cumplido el primer año del segundo quinquenio, y desde Roma me han pedido que continúe. Al contar con un buen equipo de trabajo creo que no voy a tener dificultades. Además Navarra es muy rica en misioneros. Creo que en la actualidad hay unos 1.300 distribuidos por todas partes del mundo. Desde aquí quiero enviar un saludo a todos los que se encuentran trabajando por el Reino de Dios en países difíciles. ¡Me siento muy orgulloso de los misioneros! España es uno de los países más generoso en misioneros. San Francisco de Javier, patrono de los misioneros, nos seguirá ayudando.

--Monseñor Fernando Sebastián, a quien usted sustituye como pastor de Pamplona y Tudela, es ampliamente reconocido como intelectual y como pastor, pionero en el discernimiento de la urgencia de la nueva evangelización -promovida por Juan Pablo II- en una sociedad crecientemente secularizada, y una de las principales plumas del más rico y reciente magisterio de la Conferencia Episcopal Española. ¿Qué puede decirnos de él? ¿Con qué ánimo piensa tomar el relevo de su labor?

--Monseñor Francisco Pérez González: Don Fernando ha trabajado mucho y sus dotes humanas, intelectuales y espirituales han sido y seguirán siendo un gran regalo para Navarra y para la Iglesia en España. Los navarros le llevan en el corazón y saben todo lo que ha hecho por ellos. Estoy seguro de que le va a costar dejar Navarra porque ha amado intensamente a esta Iglesia particular. Sabe que siempre encontrará en mí a un amigo y hermano.