Nuevo lenguaje para dominar el mundo

Habla monseñor Silvano Tomasi, observador de la Santa Sede ante la ONU

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ROMA, viernes 18 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- ‘Governance’, ‘partner’, ‘gender’, ‘salud reproductiva’ son algunos términos de un nuevo vocabulario que se emplea en las instituciones internacionales, sustituyendo conceptos como: gobierno, esposo y esposa, hombre y mujer, o anticoncepción.

Esto unido a una idea extremista de ‘antidiscriminación’ se han transformado en instrumentos que sirven para imponer ideologías contrarias al pensamiento católico y que terminan por incidir incluso en nuestra vida diaria y de los cuales generalmente uno se da cuenta demasiado tarde.

Este fue el tema central de la conferencia de monseñor Silvano Tomasi, “La fuerza de la palabra. Verdad e ideología en los organismos internacionales”, que se realizó ayer en Roma en la sede del Centro Internacional de Comunión y Liberación.

La problemática fue expuesta por el propio monseñor Tomasi, nuncio apostólico y observador permanente de la Santa Sede ante las estructuras de las Naciones Unidas en Ginebra y por la profesora de derecho constitucional en la Universita’ degli studi di Milano-Bicocca, Marta Carabia. El evento fue moderado por el director del Centro Internacional, Roberto Forlán.

“Ginebra es un lugar en donde se genera la cultura diaria” indicó monseñor Tomasi, recordando que allí residen 30 mil funcionarios de entes internacionales que realizan más de 9 mil conferencias cada año.

Para centrar el problema el prelado recordó el pensamiento de Benedicto XVI sobre la dictadura del relativismo: “Una buena parte de las filosofías contemporáneas afirma que el hombre no es capaz de conocer la verdad. Y como consecuencia el hombre que no es capaz de ello no logra tener valores éticos”.

Así “acaba por aceptar como único criterio de referencia, la opinión de la mayoría. Si bien la historia demuestra lo destructivas que pueden ser las mayorías” como en los casos “de las dictaduras impuestas por el nazismo y marxismo”.

“Existen dos interpretaciones de las experiencias humanas – prosiguió – una que se basa sobre la realidad y otra sobre una construcción de conveniencias de una realidad que se querría. Esta muy estimada por los manager de los organismos internacionales”.

En cambio, “otras palabras provenientes de la tradición judio-cristiana, son excluidas y tienden a desaparecer: verdad, moral, conciencia, razón, padre, madre, hijo, mandamiento, pecado, jerarquía, naturaleza, matrimonio, etc”.

O sea “un nuevo vocabulario, una mezcla” que “representa una ideología individualista llevada al extremo y que inspira las líneas guías de los funcionarios de la governance mundial”.

“Las aspiraciones de las Naciones Unidas son las de crear un nuevo orden internacional y para conseguirlo crea una nueva antropología”, como cuando se habla de género “no el dado por la naturaleza pero el que elige el individuo”.

Así “se golpea la estructura misma de la sociedad por lo que refiere la familia” dijo.

Monseñor Tomasi Indicó que la visión tomista que exige “la conformidad del intelecto con la realidad” es reemplazada “por un concepto de la realidad como construcción subjetiva y social en la cual la verdad y la realidad no tienen un contenido estable”.

Así la “alianza entre ideología y pragmatismo es un desafío para la sabiduría cristiana que debe proponer su mensaje de humanismo integral” mismo si a largo plazo, concluyó monseñor Tomasi, “no podrán subestimar o simplemente ignorar el realismo antropológico de la tradición cristiana”.

A la pregunta del moderador sobre quien trabaja en esta línea de alejamiento: “¿hombres malvados que se reúnen de noche, como en las películas de James Bond?”

Monseñor Tomasi respondió que se trata de un proceso muy complejo, “que va mas allá de los mismos actores”. Y el problema nace justamente porque debido al relativismo, con un lenguaje ambiguo se buscan “conclusiones e intentos para crear consenso, ‘por el bien de todos’ dicen”.

Sin embargo, afirmó: “Decir que una pera no es una manzana no es una discriminación”.

“Y estas soft law – precisó – se transforman en normas jurídicas. Después hay una nueva convención y se vuelve ley y se aplica hasta en un pueblito”.

La profesora Marta Cartabia, reafirmando lo dicho por monseñor Tomasi, recordó la importancia que tiene el lenguaje en el Derecho y como hoy el tema ‘derechos humanos’ domina a agenda de las agencias. Y del éxito de dicho tema unido al de ‘antidiscriminación’ “como una alternativa condividida sobre el relativismo para contestar a los potentes de la historia”.

O sea con este concepto se busca “crear una moral superior. Y además se usa el naipe de los derechos humanos como un as en la manga y aquí el disenso se vuelve imposible”. Y esto se transforma en “un seductor atajo para grupos que no logran encontrar aprobación en espacios normales de la política” puntualizó.

Además está la ambiguedad del lenguaje, desde la conferencia de Pekín, con la ‘discriminación de género’, que no tendría que ver con un dato biológico sino simplemente la interpretación de un rol que la persona quiere protagonizar.

En esta línea recordó como hoy en España y Alemania, se “puede pedir el cambio de sexo independientemente de las características físicas, garantizado por la ley con un procedimiento banal como ir a la oficina de empadronamiento”.

Y se interrogó: “¿cómo se puede defender a la mujer si el rol es solamente un optional?”

“Aunque a veces decir no parezca frustrante, es indispensable mostrar la mentira” particularmente “si se pueden usar vías positivas”. Y visto que “esta ideología se separa de la realidad” concluyó “probablemente la única vía transitable es la de “citar la experiencia como argumento válido”.

Por Sergio Mora