Nuevo pabellón en los Museos Vaticanos: de la carroza papal a la Fórmula 1

Michael Schumacher a Benedicto XVI: "Piloto de la cristiandad"

| 1667 hits

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 17 octubre 2012 (ZENIT.org).- Los Museos Vaticanos cuentan con una nueva instalación. El pabellón de carrozas remozado cuenta con algunas novedades: el Fiat 1107 Nuova Campagnola sobre el que Juan Pablo II sufrió el atentado el 13 de mayo de 1981. Por ello, la nueva instalación fue presentada en el trigésimo cuarto aniversario de la elección del papa Wojtyla.

El núcleo central de los fondos históricos del museo expuestos es la magnífica berlina de gran gala, encargada en 1826 por el papa León XII y enriquecida por el papa Gregorio XVI, en 1841.

Todas estas carrozas son un raro testimonio histórico de la movilidad pontificia, que tuvo una brusca parada con la toma de Roma el 20 de septembre de 1870 y su anexión al Reino de Italia. De 1870 a 1929, año en que se firmaron los pactos lateranenses, los papas no salieron nunca del Vaticano.

La primera vez que un papa se trasladó para tomar posesión del solio pontificio en carroza fue el 24 de noviembre de 1801. Antes llegaban cabalgando en una mula o en litera. Pío VII partió en carroza, en una procesión desde el Quirinal (antes palacio de los papas) hacia la basílica de San Juan de Letrán también en carroza porque en ella su predecesor, Pío VI, había tenido que abandonar Roma para ser conducido a Francia como prisionero de Napoleón.

Tras la entrada por Porta Pía en 1870 y la anexión de Roma --que era parte de los estados pontificios- al nuevo estado, el Reino de Italia, la solemne cabalgata fue suspendida junto a muchas otras ceremonias.

Desde el pontificado de León XIII al de Pío XI, por ejemplo, el anuncio de habemus papam y la bendición del nuevo pontífice no se hicieron desde la balconada de la basílica hacia la plaza de San Pedro, sino hacia el interior de la misma basílica.

Tras la firma de los pactos lateranenses (11 febrero 1929), la forma tradicional de toma de posesión fue recobrada. Pero los tiempos habían cambiado, tanto que en 1939, Pío XII entró en automóvil.

En 1909, el arzobispo de Nueva York regaló un Itala 20/30 a Pío X. Regalo que el papa rechazó, prefiriendo sus paseos por los Jardines Vaticanos, en una cómoda pero menos ruidosa carroza.

El primer automóvil entró en El Vaticano poco después del inicio del pontificado de Pío XI. La Asociación de Mujeres Católicas de la Archidiócesis de Milán regaló al papa un Bianchi Tipo 15. Pero dado que la cuestión de la soberanía del Vaticano no estaba todavía resuelta, a este automóvil se le puso matrícula del Cuerpo Diplomático (cd 404).

Enseguida, la empresa de automóviles italiana Bianchi donó a su vez a Pío XI también una Bianchi Tipo 20, obteniendo así el título de "proveedores pontificios".

Con la firma de los pactos lateranenses, las principales empresas fabricantes de coches internacionales competían para regalare al papa sus mejores modelos. El 21 de abril de 1929 llegóel Fiat 525 m, il 1 de mayo el Isotta Fraschini 8, el 22 de diciembre el Graham Paige 837. El 9 de junio de 1930 entró a formar parte de la flota automovilística vaticana el Citroën Lictoria Sex, proyectado para el papa y construido con los estándares de carroza pontificia. Por úlitmo, el 14 de noviembre de 1930, llegó el primer Mercedes, un 460 Nürburg limousine, diseñado por Ferdinand Porsche. Desde 1931, los automóviles sustituyen a las carrozas y se crea el Registro automovilístico.

En línea con los tiempos, tras el Jubileo de 1975, llegó el primer "papamóvil", el todoterreno blanco utilizado por el pontífice para los breves itinerarios entre la multitud.

Entre las nuevas adquisiciones, destacan también un Maggiolino, regalado en 2004 a Juan Pablo II por el presidente de Volkswagen México, ultimo di una serie limitada de tres mil ejemplares, tras la cual la cadena de montaje de los populares "escarabajos" alemanes, que se remontan a 1930, fue cerrada.

Y más sorpresas: el volante del Formula 1 Ferrari 2003 de Michael Schumacher, donado a Benedicto XVI por el presidente de la Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo, con la dedicatoria: "El volante del F1 Campeón del Mundo a Su Santidad Benedicto XVI, piloto de la cristiandad". Al recibir este regalo, el papa dió las gracias elaborando un paralelismo entre la sofisticada tecnología de aquél volante y la "complejidad de guiar la Iglesia".

Por N.S.M.