Nuevos horizontes para el diálogo ecuménico

Entrevista con el patriarca de Antioquía Ignace IV Hazim

| 968 hits

BOSE, 24 octubre 2001 (ZENIT.org-Avvenire).- El patriarca greco-ortodoxo de Antioquía, Ignace IV Hazim, ha estado en el monasterio ecuménico de Bose (Italia) antes de encontrarse ayer con Juan Pablo II, pasados seis meses del histórico viaje del Pontífice a Siria.



«Esta visita --explica el patriarca, cuyas sede está en Damasco- se inscribe en el contexto de los contactos que la Iglesia de Antioquía está llevando adelante desde hace mucho tiempo con el mundo católico. La visita del Papa a Siria, además de haber puesto de relieve el rostro cristiano de aquel país, ha abierto también nuevos horizontes al diálogo ecuménico».

Es, añade, «el momento para examinar las ideas lanzadas en aquella ocasión y para verificar la
aplicación de las decisiones adoptadas en el curso de los últimos años y culminadas en la Declaración de Balamand en 1993».

--Antioquía tiene una posición muy especial dentro de la Ortodoxia sobre el diálogo con Roma...

--Patriarca Ignace IV Hazim: Nosotros consideramos que nuestra primera tarea de responsables reside en buscar el diálogo con las otras Iglesias. Me parece absurdo predicar el amor si luego no lo practicamos entre nosotros cristianos. Nosotros no tenemos ningún temor de perder «privilegios». Por lo demás nadie podrá nunca negar la realidad de que Antioquía representa la cuna del cristianismo.

--El diálogo directo con Roma ¿no se salta a las Iglesias católicas locales?

--Patriarca Ignace IV Hazim: Nuestro diálogo con los católicos se lleva a cabo a varios niveles. Es impensable concebir un diálogo con los católicos sin hablar también con el Vaticano. Pero esto no significa renunciar a los otros niveles. Los patriarcas católicos orientales me invitan siempre a sus reuniones y pienso encontrarme con el patriarca maronita Nasrallah Sfeir durante mi estancia en Roma.

Estamos convencidos de que ninguna comunidad religiosa cristiana puede sustituir a otra.

--¿Los cristianos árabes se sienten angustiados en la actual crisis mundial?

--Patriarca Ignace IV Hazim: Nosotros compartimos la suerte de nuestros ciudadanos musulmanes. Un cristiano no puede dar su bendición a la violencia o al terrorismo. Tratamos de comprender las motivaciones pero sin justificarlas. La imagen que el Gobierno estadounidense ofrece de sí, quizá involuntariamente, da la impresión de que busque la hegemonía del mundo. Oímos hablar de intereses estadounidenses, casi nunca de Naciones Unidas. Pensamos que hay que cambiar algo. Los pueblos hacen la guerra porque existe un comercio de armas y una mala distribución de la riqueza. Está luego el problema de las dictaduras, a menudo apoyadas por Occidente, que, todavía antes de constituir un peligro mundial, aterrorizan a los propios pueblos. El terrorismo hay que reprimirlo donde se encuentre pero debe cambiar el modo de actuar. Se ha hablado largo y tendido de terrorismo del régimen iraquí, y esto puede ser verdad, atribuyendo la responsabilidad a una persona concreta. Pero luego hemos constatado que los aviones golpeaban todo y a todos excepto aquella misma persona. Tememos que lo mismo se repita en otros países.

--¿Qué piensa de quien opone Islam a cristianismo?

--Patriarca Ignace IV Hazim: Es un forzamiento de la religión en sentido político. El Occidente no se inspira ciertamente en el Evangelio para definir su política. Hay que lograr distinguir entre el Islam y los fieles musulmanes como también entre cristianismo y fieles cristianos. Quizá el remedio está en el conocimiento recíproco. El Islam no debe quedarse como algo extraño para el cristiano y viceversa. Los musulmanes y los cristianos en mi Patriarcado, por ejemplo, forman juntos una misma nación que no es, no debe ser, ni una iglesia ni una mezquita.

--Se habla de un conflicto que podría durar años. ¿No teme que esto pueda repercutir negativamente sobre los cristianos orientales, dado que han sido atacados edificios religiosos en algunas ciudades libanesas?

--Patriarca Ignace IV Hazim: Cada conflicto que se prolonga se hace peligroso. Si se va a atacar a otros países islámicos será fácil convencer a los musulmanes de que se trata de una guerra contra el Islam. En vez de pensar en los musulmanes que han aplicado el fuego en nuestras iglesias pensamos en aquellos que han corrido a apagarlo. La violencia se vence con la justicia y el amor.