Nuncio apostólico en Egipto: ahora toca a la gente

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ROMA, viernes 11 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- Después de 18 días de protestas y espera, el vicepresidente egipcio Omar Suleiman anunció hoy viernes en televisión que el presidente Hosni Mubarak, en el poder desde hace 30 años, ha renunciado a su mandato presidencial y ha encargado a las fuerzas armadas que gestionen los asuntos del Estado.

Mubarak ha dejado El Cairo para trasladarse, junto a su familia, a su residencia de Sharm-el-Sheikh. Los jefes militares, mientras tanto, han hecho saber que garantizarán la actuación de las reformas políticas y el “traspaso pacífico de los poderes” anunciadas el jueves por la noche en un discurso televisado de Mubarak, pero al mismo tiempo han aclarado que mientras la situación del país siga siendo caótica no se revocará el estado de emergencia y no se celebrarán elecciones libres e independientes.

En declaraciones a ZENIT, el arzobispo Michael Louis Fitzgerald, nuncio apostólico en Egipto, afirmó que “la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia es clara. Toda comunidad humana necesita una autoridad que la gobierne, pero la autoridad no toma su legitimidad moral de sí misma. Debe actuar para el bien común, usando medios moralmente lícitos para alcanzar este objetivo, y no actuando de modo despótico”.

“Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica, 'El bien común comporta tres elementos esenciales: el respeto y la promoción de los derechos fundamentales de la persona; la prosperidad o el desarrollo de los bienes espirituales y temporales de la sociedad; la paz y la seguridad del grupo y de sus miembros'” (n. 1925).

“Toca a los católicos egipcios – añadió monseñor Fitzgerald –, como ciudadanos de su país, asumir su propia responsabilidad en promover una sociedad en la que se de más atención a la justicia y a la igualdad. Lo están haciendo, sobre todo a través de la reflexión de la Comisión Justicia y Paz”.

Además, subrayó el nuncio apostólico, “los acontecimientos de las últimas semanas han favorecido un sentimiento de solidaridad entre cristianos y musulmanes. Sería necesario por tanto partir de aquí para intensificar el diálogo y la cooperación en la sociedad, como ha alentado a hacer el reciente Sínodo para Oriente Medio”.

[Con la contribución de Tony Assaf]