Obispo da la bienvenida a acuerdo bipartito sobre comercio en Estados Unidos

«Un paso significativo para crear una política comercial más justa y equitativa»

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WASHINGTON, lunes, 28 mayo 2007 ( ZENIT.org).- El obispo estadounidense Thomas G. Wenski ha dado la bienvenida al reciente acuerdo sobre política comercial bipartita como «un paso significativo hacia la creación de una política comercial estadounidense más justa y equitativa».



Monseñor Wenski, obispo de Orlando, presidente de la Comisión de Política Internacional de la Conferencia Episcopal (USCCB), escribió una carta, en nombre de la USCCB, con fecha 18 de mayo a la portavoz de la Casa de Representantes, Nancy Pelosi, al secretario del Tesoro, Henry M. Paulson, Jr., y a la embajadora Susan Schwab, representante de Comercio de Estados Unidos.

«Si bien tengo algunas preocupaciones que deseo compartir con ustedes», en su misiva, el obispo da «la bienvenida a este acuerdo como un paso significativo hacia la creación de una política comercial estadounidense más justa y equitativa».

«En un momento de profunda polarización en nuestro país --añade el prelado--, su anuncio constituye un ejemplo estimulante de consenso y cooperación entre líderes políticos, que debería extenderse a otras áreas de nuestro debate nacional».

«Además ustedes han impulsado los elementos de una respuesta encomiable a una de las mayores cuestiones que afronta nuestro país: ¿Cómo podemos diseñar una política comercial que promocione a los trabajadores y sus familias aquí y fuera, que asegure el acceso a medicinas que salven la vida para quienes las necesitan y proteja la creación de Dios?».

La carta añade que, «como pastores y maestros en una Iglesia global, nuestra experiencia del impacto de la integración económica, sus peligros y posibilidades, es a la vez amplia y profunda. Compartimos las preocupaciones de muchas familias de nuestro país que están a menudo a merced de las fuerzas económicas fuera de control de las políticas nacionales».

«Apoyamos políticas y programas que promuevan el bienestar de los trabajadores de nuestra nación, pero al mismo tiempo compartir las oportunidades económicas con la gente de economías débiles es críticamente importante», indica.

«La economía de los Estados Unidos es una economía fuerte --afirma el prelado--. Pero su nivel moral dependerá de su capacidad para salir al paso de las necesidades de quienes luchan, de los pobres que trabajan, de los enfermos, tanto aquí como fuera».

Recuerda que «anunciando la doctrina social de la Iglesia, la Conferencia Episcopal ha trabajado para educar y defender políticas comerciales justas, insistiendo en que la persona humana y la comunidad humana se sitúen en el centro de la actividad económica».

«Esperamos que habrá un fuerte compromiso para asegurar que los pobres de los países en desarrollo tengan acceso efectivo a medicinas que salvan la vida --subraya la carta--. Creemos que esto puede ser logrado de modo que se salvaguarde los derechos de propiedad intelectual, se anime la innovación y se garantice la justa remuneración».

«A pesar de estos compromisos políticos positivos --advierte el obispo--, seguimos profundamente preocupados porque nuestra petición de políticas comerciales agrícolas justas, dentro de los acuerdos comerciales, sigue sin respuesta».

«La situación de los pequeños granjeros y trabajadores agrícolas en los países en desarrollo está bien documentada», escribe el representante de la Conferencia Episcopal.

«Su capacidad de adaptación a las fuerzas del mercado y de desarrollar sus actividades para que mantengan su nivel de vida y la estabilidad de sus comunidades podría ser mejorada, no socavada, con crecientes oportunidades comerciales».

«Junto con mis hermanos obispos de varios países, sigo profundamente preocupado por el hecho de que la política comercial bipartita pueda debilitar la protección de los granjeros pobres y sus familias», señala.

«La dislocación destructiva en las comunidades rurales puede ser mitigada permitiendo a los países recurrir a mecanismos significativos de salvaguarda que les protejan de repentinas alzas en las importaciones, especialmente de productos sensibles», observa.

«Sin mecanismos compensatorios, los políticas comerciales pueden servir para ‘expulsar’ a los granjeros de sus tierras y pueden contribuir a flujos migratorios ‘ilegales’».

Por eso, el prelado exige «presentar un paquete integral de comercio y desarrollo que ofrezca modos para ayudar a nuestras contrapartes en los países en desarrollo a proteger a los trabajadores vulnerables y las comunidades rurales».

«La preocupación por los pobres rurales asume una dimensión más delicada en situaciones de violencia e inestabilidad política. Por ejemplo, el pueblo colombiano afronta significativos desafíos internos».

«La Iglesia tiene una amplia experiencia para buscar la manera de llevar adelante la causa de la unidad nacional y la reconciliación en este país --informa--. Espero que la USCCB pueda servir como contraparte de diálogo con todos aquellos que buscan caminos prudentes para construir la paz y seguridad en Colombia».

El Papa Juan Pablo II nos enseñó, recuerda monseñor Wenski, que «si la globalización es gobernada sólo por las leyes del mercado aplicadas a satisfacer a los poderosos, las consecuencias sólo pueden ser negativas».

«La globalización de la economía fracasará en su deber de apoyar la vida y la dignidad humana si no es acompañada por una ‘globalización de la solidaridad’», siguió advirtiendo.

«Si ustedes aplican los mejores elementos de la ‘política comercial bipartita’ a los textos de los acuerdos actuales con Colombia, Perú, Panamá y Corea, tendrán la oportunidad de reforzar la solidaridad con nuestras contrapartes comerciales, y al mismo tiempo promoverán el bienestar de los trabajadores vulnerables aquí, en nuestro país».

El obispo Thomas G. Wenski concluye su misiva expresando que su carta sólo busca promover «una justicia económica para todos».