Obispo nigeriano: la formación, base del diálogo islamo-cristiano.

Pide que el diálogo se base en el respeto mutuo

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KÖNIGSTEIN, lunes 6 de junio de 2011 (ZENIT.org).- La formación es la base para lograr un auténtico diálogo entre cristianos y musulmanes y el respeto está en la base del diálogo.

Lo indicó monseñor Callistus Onaga, obispo de Enugu, en la zona oriental de Nigeria, con ocasión de una visita a la asociación caritativa internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN).

El prelado subrayó que “la condición previa es que la vida sea considerada un don y que la otra persona sea respetada como un reflejo de Dios o de Alá, y no considerado un enemigo o un infiel”.

Entre tanto, el obispo precisó que es necesario rechazar el principio según el cual quien asesina un infiel o es asesinado por uno de ellos se gana el paraíso.

Adentrándose sobre la situación de Nigeria, en particular de los desórdenes registrados en el norte, después de las elecciones presidenciales del pasado mes de abril, el obispo consideró que la causa reside en las no resueltas diferencias étnico-políticas.

Entretanto mirando más allá de los problemas inmediatos, consideró que para el futuro del país africano es fundamental que sea garantizado a todos el acceso a la instrucción, especialmente a una serie de tribus que conocen el Corán y no mucho más.

“Nigeria es un país enorme con cientos de idiomas diversos” explicó. “Es una amalgama como Estados Unidos”.

En este contexto, concluyó su excelencia, la convivencia puede ser pacífica solamente cuando no se margina al otro, sino más bien se le reconoce.

Diócesis activa

Monseñor Onaga, además, está preparando un evento importante: en el 2012 la diócesis de Enugu a la cual pertenecen más de 1,3 millones de católicos, celebrará su50°aniversario.

En Nigeria la Iglesia católica está creciendo y actualmente la diócesis tiene más de 400 sacerdotes activos.

En el seminario mayor 265 jóvenes se están preparando al sacerdocio y en la diócesis trabajan 376 religiosas.

Visto que la instrucción y la formación son consideradas una prioridad, en la mayor parte de las 148 parroquias diocesanas, la Iglesia gestiona las escuelas primarias y secundarias, cuya calidad es ampliamente reconocida por toda la comunidad.