Obispos de la Amazonia defienden los derechos de sus pueblos

Declaración del III Encuentro Regional convocado por el CELAM

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MANAOS, martes, 6 octubre 2009 (ZENIT.org).- Treinta obispos de la Amazonía, junto con agentes pastorales y estudiosos de esta realidad continental, convocados por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), los días 1 a 4 de octubre de 2009, abogaron en Manaos, Brasil, por la promoción y defensa de sus derechos ambientales, sociales, culturales y económicos.

Los 65 asistentes al III Encuentro Regional sobre la Amazonía --obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas provenientes de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Uruguay, Honduras, México, Perú, Suriname y Venezuela- hicieron pública una declaración.

El objetivo del Encuentro era “examinar la problemática socio-pastoral de las diócesis de la Amazonia, siguiendo los lineamientos de la Conferencia de Aparecida y los documentos magisteriales de la Región durante los últimos 40 años”.

La participación de países no amazónicos, dicen los asistentes, “da testimonio de que la Amazonía es una realidad que pertenece e interesa al mundo entero”.

“En primer lugar –afirman en su declaración los participantes--, es necesario reconocer la Amazonía como don de Dios en su creación (DA 6). Este don tiene como particular característica la diversidad múltiple, tanto de climas, biota, ríos y recursos naturales como de tradiciones históricas, culturales, lingüísticas y territoriales de los pueblos aborígenes que la habitan. Esta característica inherente permite pensar la región como un verdadero “archipiélago” amazónico más que una sola región uniforme”.

“Sin embargo –añaden--, en el imaginario colectivo prevalecen “creencias” equivocadas sobre esta diversidad de ‘Amazonías’ que deben ser desechadas: la supuesta homogeneidad de ecosistemas y pueblos, ser la última frontera de la humanidad que debe ser ocupada, la inagotabilidad de sus riquezas, el ser ‘pulmón del mundo’, la habitación aborigen como freno al desarrollo de la sociedad, ser un lugar estratégico para la solución de problemas económicos y, la amenaza de su internacionalización, entre otras”.

Según los participantes, las presiones que acechan la integridad de Amazonía pueden organizarse bajo tres aspectos: el del crecimiento económico extractivista, el del crecimiento económico bio-ambiental latente, y el del crecimiento urbano vertiginoso.

Los tres aspectos comparten las misma amenazas: deforestación, contaminación de ríos y biomasa, desplazamientos de los pueblos aborígenes y aniquilamiento de la biodiversidad.

Los asistentes comunican que, en el Encuentro se han dejado interpelar por la Palabra y han alabado al Señor “que creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos lo dejó como signo de su bondad y de su belleza”. (DA 125)

“La Amazonía –afirman- es parte de la creación y tenemos responsabilidad para con ella, lo que nos lleva a respetar la biodiversidad y la socio-biodiversidad, a reconocer la sabiduría milenaria de los pueblos tradicionales que habitan en ella y su espiritualidad, a reconocer en ellos los rostros del Cristo sufriente, a valorar su trabajo comunitario y solidario, gestando una nueva economía y una nueva sociedad, y a bendecir al Señor por el testimonio de tantos laicos y laicas, religiosos y religiosas, sacerdotes y obispos que han entregado su vida hasta el martirio, para dar vida a los pueblos amazónicos”.

“Es imprescindible –subrayan- acompañar a los pueblos indígenas en la vivencia y expresión de la fe y en su proceso de ser protagonistas de la evangelización y de la transformación de la sociedad desde su historia y sus valores culturales”.

Solicitan al CELAM la creación de una instancia que favorezca la articulación y colaboración tanto entre los países de la Amazonía Continental como de los demás países de América Latina y El Caribe.

Estiman necesario “buscar los mecanismos que alienten y favorezcan todos los esfuerzos de los pueblos amazónicos por crear y desarrollar sus propias organizaciones de base, por la reivindicación y consolidación de los derechos de la Amazonía y por la búsqueda de una verdadera justicia ecológica”.

Finalmente, con los obispos latinoamericanos y caribeños, entienden que “la mejor forma de respetar la naturaleza es promover una ecología humana abierta a la trascendencia que respetando la persona y la familia, los ambientes y las ciudades, sigue la indicación paulina de recapitular todas las cosas en Cristo y de alabar con Él al Padre (cf. 1Cor 3, 21-23)” (DA 126).

Por ello, estiman necesario “interesar y cooperar con las universidades y el mundo científico en América Latina para la realización de investigaciones a fin de verificar el estado de los derechos ambientales, sociales, culturales y económicos de la Amazonía en nuestros países (DM Paz, 31)”.

Indican que “deben enfatizarse líneas de investigación y docencia interdisciplinarias que abran perspectivas a la elaboración de paradigmas teóricos alternativos de economía y desarrollo centrados en el ser humano, el trabajo y la solidaridad y no en la maximización de la ganancia (PP 20)”.

Y concluyen afirmando que “la Amazonía, como parte de la creación es mediación para la experiencia de Dios, en la que podemos rastrear las huellas de su presencia. Recuperar la mirada creyente de gratuidad y belleza sobre ella nos permite crecer en un estilo de vida más austero y sencillo. Sólo así, las generaciones futuras también podrán acceder a la contemplación de Dios que se manifiesta en sus criaturas”.