Obispos de países andinos acuerdan una actuación común en zonas fronterizas

Comunicado de los episcopados de Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela

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CARACAS, domingo 5 diciembre 2010 (ZENIT.org).- Los presidentes de las conferencias episcopales de Colombia, Ecuador, Venezuela y Perú intercambiaron puntos de vista sobre la misión continental de Aparecida y acordaron líneas comunes para afrontar los problemas de los fieles que viven en zonas fronterizas.

Lo destacaron, tras reunirse con la directiva de la Conferencia Episcopal Venezolana en Caracas (Venezuela), en un comunicado conjunto fechado el 1 de diciembre, informa a ZENIT Gliderbys Suárez, responsable de medios de la Conferencia Episcopal de Venezuela.

Los representantes de los obispos de Colombia, Ecuador y Venezuela repitieron así sus encuentros de Bogotá, en 2009, y Quito, en abril de este año, pero este año se unió también el presidente de los obispos de Perú.

En Caracas, los pastores de la Iglesia en cuatro países andinos -los arzobispos Rubén Salazar de Bogotá, Antonio Arregui de Guayaquil, Miguel Cabrejos, OFM, de Trujillo y Ubaldo Santana, FMI, de Maracaibo- destacaron el “esfuerzo de comunión” que llevan a cabo sus respectivas conferencias episcopales.

Singular proximidad

En el comunicado, los presidentes eclesiales de los cuatro países andinos señalan que este encuentro ha servido “para reconocer una vez más que los pueblos de nuestras naciones forman una misma familia de hermanos, caracterizada por una experiencia singular de proximidad, fraternidad y solidaridad, en el marco de una tradición cristiana”.

Subrayan que se sienten llamados, junto a las otras naciones del continente, “a construir una gran patria común, unida, no sólo por la misma geografía, historia y lengua, sino, sobre todo, por la misma fe en Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, que nos invita a vivir como discípulos y misioneros suyos”.

Y explican que han tenido la oportunidad de compartir sus puntos de vista sobre la marcha de la Misión Continental, convocada en Aparecida, en cada uno de sus países.

Los prelados muestran su alegría al comprobar que “esta experiencia misionera abre un nuevo horizonte evangelizador para la Iglesia en todo nuestro continente”.

Y confirman su propósito de “ir al encuentro de todos los hombres y mujeres de nuestros pueblos, con el testimonio de la vida en Cristo”.

Estado de misión

En este sentido, reiteran el compromiso “de seguir brindando orientaciones pastorales en clave de misión” para que todas las circunscripciones eclesiásticas de los cuatro países “se pongan en estado permanente de misión”.

Delinean “algunas orientaciones comunes para la atención pastoral de aquellos fieles que por motivos políticos, sociales y económicos, han emigrado o se encuentran en condición de refugiados, en alguno de los países hermanos, especialmente en las zonas fronterizas”.

Consideran ocasión propicia para ello los bicentenarios de la independencia, que califican como una oportunidad “para que la Iglesia haga memoria y agradezca a Dios por su aporte fundante a la formación de nuestros países y por su permanente servicio evangelizador, que ha sido y es factor decisivo en la fragua de nuestras culturas”.

Compromiso social

Renuevan su compromiso con la marcha actual y futura de su naciones “en la perspectiva de un desarrollo integral y de un genuino humanismo cristiano”.

Por otra parte, no dudan en invitar a todos los fieles católicos de sus países “a trabajar, junto a los hombres y mujeres de buena voluntad, para que reine la justicia, la libertad, la fraternidad y la paz”.

También exhortan a sus gobernantes “a seguir avanzando, por las vías del diálogo y del fortalecimiento de las relaciones diplomáticas y la mutua cooperación, en el proceso de integración de nuestros países, superando los pragmatismos y las pugnas ideológicas”.

Preocupaciones comunes

Entre las realidades que hoy viven los pueblos de los cuatro países, los pastores se muestran especialmente preocupados por “la extensión de la violencia y el desprecio de la vida humana, manifestados en el auge de la delincuencia, la multiplicación de asesinatos, secuestros y actos de terrorismo”.

Reiteran que “el narcotráfico y la lacra de la corrupción constituyen uno de los peores flagelos que sufren” estos pueblos.

Y hacen un llamamiento a las autoridades y a todas las instituciones “a concertar esfuerzos para un decidido combate de estos males”.

Los prelados convocan “a compartir el compromiso de hacer de nuestras comunidades centros de irradiación de la vida en Cristo, que contribuyan, desde la perspectiva del Reino de Dios, en las tareas de la dignificación humana, la liberación integral, la reconciliación y la inserción social, en la creación de estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que haya posibilidades para todos”.

Solidaridad

Por último, envían “un mensaje de solidaridad a quienes en amplias regiones de nuestro continente se han visto afectados por las persistentes lluvias de las últimas semanas”.

La Iglesia, aseguran, “a través de sus instituciones caritativas, quiere hacer efectiva su compañía y ayuda a todas las víctimas de esta emergencia”.

Elevan su oración por quienes han perdido la vida y manifiestan su cercanía, “con una palabra de consuelo y de esperanza, a sus familiares y allegados”.

En la proximidad de las fiestas de Navidad, imploran para todos los miembros del Pueblo de Dios en su países, “y en particular para quienes entregan su vida cada día en la acción evangelizadora”, la bendición de Dios y la protección de Santa María.