Obispos del Norte y Centro América alarmados por la muerte de emigrantes

Piden a los gobiernos actuar

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SAN JOSÉ, domingo, 3 de julio de 2011 (ZENIT.org).- Los obisposcatólicos de Norte y Centro América así como del Caribe han manifestado su profunda preocupación ante la devaluación que ha sufrido en los últimos tiempos la vida de los emigrantes.

Los prelados que están al cargo del cuidado pastoral de las personas migrantes en sus respectivos países, se reunieron en San José, Costa Rica, del 1 al 3 de junio, para analizar la situación. El 30 de junio han hecho una declaración conjunta en la que recogen las conclusiones.

Los obispos, que acudieron en representación de las conferencias episcopales de Estados Unidos, México, Costa Rica, Panamá, Honduras y Guatemala, así como del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) y Cáritas Internacional, se reunieron para expresar su solidaridad y preocupación sobre la situación de los emigrantes en el hemisferio. Estuvieron acompañados por expertos en asuntos migratorios religiosos y laicos.

“Testigos del gran sufrimiento que viven las personas migrantes de nuestros países y regiones, quienes son víctimas de explotación y abuso por parte de varios actores (funcionarios públicos, empleadores sin escrúpulos y organizaciones criminales), nuevamente exigimos a nuestros gobiernos hacerse responsables de la protección legal a los y las migrantes, incluyendo a quienes buscan trabajo, solicitan asilo, refugio y  han sido víctimas de trata de personas”, afirmaron los obispos en la declaración.

En particular, piden “especial atención y protección para familias, mujeres y niños”.

En la reunión, los obispos reflexionaron sobre diversos asuntos, incluyendo: el incremento de la violencia en los secuestros de las personas migrantes por parte del crimen organizado; el incremento en las deportaciones entre Estados Unidos y México; la tragedia de la trata de personas; el crecimiento de la inequidad económica; los efectos de la globalización en las personas; y el incremento en las amenazas a agentes de la Pastoral de Migrantes en su carácter de defensores y defensoras de derechos humanos.

También urgieron a la continua colaboración para la recuperación de Haití, tras el terremoto de enero de 2010, lo que implica detener las deportaciones de haitianos en situación irregular en los países representados.

Asimismo, los obispos hicieron un llamado a sus respectivos gobiernos a cambiar o abolir leyes “injustas e inhumanas…que provocan la separación de familias migrantes, detenciones arbitrarias y amenazas a la vida”.


El texto completo de la declaración conjunta puede leerse en ZENIT, 2 de julio de 2011.