Obispos españoles sobre inmigración: “Hoy acogemos, mañana compartimos”

Mensaje ante la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado

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MADRID, miércoles, 13 enero 2010 (ZENIT.org).- El próximo domingo se celebra la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado. Con este motivo, los obispos de la Comisión Episcopal de Migración de España han hecho público un mensaje titulado “Hoy acogemos, mañana compartimos”, dedicado a los emigrantes y refugiados menores de edad, siguiendo el ejemplo del Papa.

En España, hay en la actualidad 803.857 menores nacidos en el extranjero, que representan el 17% del total de extranjeros.

“Nos preocupa la situación de todos los menores, especialmente los más desamparados --afirman los obispos--. Muchos de ellos –sobre todo los menores no acompañados– han vivido y viven el rechazo y la amenaza permanente de la repatrición, incluso cuando no hay una familia que les espere”.

“Niños y niñas que llegan en condiciones dramáticas a una comunidad autónoma en España y de allí son derivados a otras –afirman los obispos--. Pero, en muchas ocasiones, nadie sabe de verdad cuántos son, dónde o cómo están. Parece como si, apenas conocida su minoría de edad, emprendiéramos una carrera para quitárnoslos de en medio manteniéndolos unos años, para que, al cumplir los dieciocho años, se queden literalmente en la calle convertidos en ‘sin papeles’, permanentemente amenazados por la expulsión, sin posibilidad de trabajar o de una vida digna”.

Los obispos recuerdan algunos acontecimientos recientes, como la encíclica Caritas in Veritate y la aprobación en el Parlamento español de la Reforma de la Ley de Extranjería.

En lo que se refiere a la encíclica afirman que supone “un enriquecimiento para nuestra comprensión y práctica de la caridad en nuestra sociedad”.

En cuanto a la reforma de la Ley de Extranjería, los obispos, al tiempo que celebran “el reconocimiento de derechos a nuestros hermanos inmigrantes”, no pueden dejar “de considerar con preocupación las nuevas dificultades planteadas por la Ley al pleno ejercicio de algunos de ellos, que esperamos serán paliadas, al menos en parte, por la futura reglamentación y su puesta en práctica”.

Expresan al respecto su confianza en que “los impedimentos puestos al derecho de reagrupación familiar queden soslayados. La clara defensa de la familia, que la Iglesia hace, nos empuja a apoyarla, especialmente cuando hay menores sin ella. Vivir en un país extranjero, sin puntos de referencia reales, genera innumerables trastornos y dificultades y conlleva riesgos y problemas serios previsibles en el futuro”.

Confían en que “el régimen sancionador del plazo ampliado del internamiento de las personas inmigrantes ‘sin papeles’, se vea reducido al mínimo en su aplicación”.

Recuerdan el necesario servicio religioso en los Centros de Internamiento de emigrantes y refugiados, adultos y menores, que garantice la atención religiosa adecuada. “Lo exige el derecho fundamental de libertad religiosa”, afirman.

Confían en que “las dificultades de acceso al padrón municipal no queden además agravadas por sanciones difícilmente soportables por quienes, en un claro deber fraterno --a imagen del Buen Samaritano- faciliten la inscripción en el mismo, ejerciendo el deber cristiano de la acogida. El llamado ‘esfuerzo de integración’, para adultos y menores, implica no solo al que llega sino también al que acoge”.

Confían, finalmente, en que “la mirada de cualquiera que nos crucemos con la del menor emigrante y refugiado, nos sirva para percibirlo, antes que como emigrante, como un menor por encima de cualquier otra consideración”. Así lo hace notar el Papa en su mensaje recordando la Convención de los Derechos del niño.

“El tratamiento legal y reglamentario correspondiente ha de seguirse como consecuencia de esta consideración –añaden--. En este sentido, para los niños y adolescentes es fundamental el acceso a la formación adecuada y completa que les posibilite la incorporación a la sociedad y la participación en ella, sin descuidar la ‘riqueza del encuentro entre diferentes tradiciones culturales’”, como recuerda el Papa en su mensaje.

Los obispos fundamentan el lema de su mensaje en el del Papa: “Reconocimiento al hecho gozoso de que nuestra Iglesia hoy sigue abriendo sus brazos a los emigrantes. La acogida de hoy, anuncio del Evangelio de la solidaridad fraterna, samaritana, es la mejor garantía para un futuro integrador donde nuestro compartir fraterno sea la señal iluminadora que seguimos ofreciendo".

"Nuestros menores emigrantes y refugiados, que hoy son acogidos, mañana compartirán con nosotros, como adultos, los valores que hayamos intercambiado. La fe, que gozosamente les hemos propuesto o hemos compartido con ellos, la viviremos fraternalmente, y nuestras comunidades serán verdaderos signos de la catolicidad”.

“La llegada y presencia de los hermanos emigrantes y refugiados son para nosotros una gracia y, al mismo tiempo, una interpelación, un reto y una oportunidad. Por eso agradecemos los incontables gestos y generosos esfuerzos de tantos hermanos, grupos, comunidades e instituciones en el servicio a los emigrantes y refugiados”, reconocen los prelados.

Y proponen algunas tareas para implicarse: “Procurar que el menor sea acompañado por su propia familia, y, cuando esto no fuera posible, proporcionarle un ambiente y unas personas o núcleo familiar lo más cercanos a su contexto familiar”. “Ayudarle a que, cuanto antes, tenga el mejor ambiente escolar y educativo”. “Mostrar el máximo respeto a su condición religiosa y proporcionarle los medios necesarios para su formación, fomento y práctica religiosa”. “Cuando la vida y los derechos de los menores están en juego, no debe haber testigos silenciosos. Todos tenemos una obligación para con ellos. Los niños no son ni ilegales ni invisibles”.

Por Nieves San Martín