Obispos hablarán en el Europarlamento sobre los cristianos en el Iraq actual

El arzobispo de Kirkuk de los caldeos recibe el premio de Pax Christi International

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ESTRASBURGO/BAGDAD, jueves 9 de diciembre de 2010 (ZENIT.org).- Una delegación de obispos iraquíes ilustrará la situación de los cristianos en su país los próximos 14 y 15 de diciembre en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo, ante los miembros de la cámara.

“Queremos que Europa y Occidente presionen sobre el Gobierno iraquí para que se garanticen los derechos de los cristianos y de las minorías religiosas”, explicó el arzobispo de Mosul de los sirios, monseñor Basile Georges Casmoussa.

Según informó este martes L'Osservatore Romano, la delegación estará compuesta por el arzobispo Casmoussa; el vicario patriarcal caldeo de Bagdad de los sirios, monseñor Matti Shaba Matoka, y el vicario patriarcal caldeo de Bagdad, monseñor Shlemon Warduni.

El arzobispo Casmoussa explicó que “no queremos huir y abandonar Iraq; queremos continuar viviendo aquí, pero en paz”.

“Agradecemos a todos los países dispuestos a aceptar a los cristianos iraquíes que huyen, pero ésta no es la solución”, añadió.

En opinión del prelado, “no se puede aceptar esta situación” de violencia que vive el país. “Para ayudar a los cristianos en Iraq -dijo-, es necesario garantizar la seguridad, poder profesar libremente las propias creencias y frecuentar sin miedo los lugares de culto”.

La iniciativa de los prelados de acudir a Estrasburgo se enmarca en una seria de acciones dirigidas a sensibilizar a la opinión pública y a las instituciones internacionales sobre la violencia anticristiana en Iraq.

Premio a monseñor Sako

Por otra parte, el arzobispo de Kirkuk de los caldeos, monseñor Louis Sako, recibió este miércoles en la sede de la Conferencia Episcopal Francesa, en París, el Premio internacional por la paz 2010 promovido por Pax Christi International.

Para este movimiento católico internacional, monseñor Sako “es uno de los más prominentes defensores de las minorías en peligro de Irak y un firme abogado de la difícil democratización y el proceso de reconciliación en Iraq”, según indica en un comunicado.

Monseñor Sako ha recibido el premio no como algo únicamente personal, sino como un reconocimiento para Iraq y en particular para los cristianos del país.

En declaraciones a Radio Vaticano, el prelado galardonado afirmó que “sin diálogo, sin esta cultura y esta apertura a la paz y al respeto al otro, no hay soluciones, hay sólo barreras”.

También destacó que este premio llega en vísperas de la Navidad y tras la celebración de la fiesta del sacrificio de los musulmanes.

En este sentido, explicó que “para nosotros, la Navidad es la fiesta de la paz y el mensaje del cielo es 'paz en la tierra'”.

“La paz es una exigencia imprescindible de nuestra vida, una necesidad -indicó-. Todos estamos llamados a ser constructores de paz”.

En su opinión, “este premio invita a todos los cristianos y a todos los iraquíes a realizar la paz, a promover la estabilidad; ¡Sin paz no hay vida, no hay libertad, no hay dignidad!”

Ayudas

Mientras tanto, los cristianos de Iraq están recibiendo ayudas espirituales y materiales de diversas organizaciones e instituciones, como Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), que destinará 15.000 euros a las víctimas de la masacre del pasado 31 de octubre en la catedral siro-católica de Bagdad.

Esa entidad caritativa enviará también otros 10.000 euros a los cristianos de Bagdad que han huido a las ciudades iraquíes de Kirkuk y Sulaymaniyah.

A la diócesis de Zakho, en el norte de Iraq, AIN ha destinado 25.000 euros para proporcionar alimentos a centenares de familias cristianas.

Las hermanas caldeas de la Congregación de las Hijas de María Inmaculada distribuirán estas ayudas.

El arzobispo de Erbil, monseñor Bashar Warda agradeció a la entidad su apoyo continuo y explicó que los cristianos viven en el miedo, temiendo asistir a misa los domingos e incluso permanecer en sus hogares.

Según el prelado, el valor de las propiedades de los cristianos se ha reducido y muchos fieles con escasos recursos temen marcharse a otro lugar por las dificultades para encontrar trabajo, vivienda y escuela para sus hijos.