Obispos por la vida del pueblo

San Cristóbal de las Casas, (Zenit.org) Felipe Arizmendi Esquivel | 714 hits

Ofrecemos el artículo de nuestro colaborador habitual el obispo de San Cristóbal de Las Casas, México, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel.

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SITUACIONES

Los obispos del país nos reunimos en asamblea plenaria, para programar el camino a seguir en este trienio. Escuchamos a expertos que nos ayudaron a tomar más conciencia de algunos problemas, como: La secularización de los cristianos, el racionalismo moderno, el necesario protagonismo de los laicos, la pobreza en el país, el lugar de la mujer, prepararse en ciencia y tecnología, las redes sociales, los cambios culturales de la globalización, los retos de la democracia, los jóvenes sin trabajo ni educación, pérdida de credibilidad, los alejados, los que han perdido el sentido de la vida, el retorno a lo religioso, debilidad del orden institucional, incapacidad de los gobernantes para atender los reclamos y necesidades del pueblo, falta de ética social, limitaciones del sistema de justicia, etc.

Ante estas realidades, nos propusimos este objetivo: “Fortalecer nuestra identidad como Iglesia, a la luz de la Palabra de Dios, de los Santos Padres y del Magisterio, para dinamizar la Misión Continental Permanente en el espíritu de la nueva evangelización, partiendo de la conversión personal y pastoral, y como discípulos misioneros, contribuir a la transformación de la realidad de México promoviendo la cultura cristiana”.

Decidimos dedicar nuestras próximas asambleas a la nueva evangelización en el contexto de un mundo secularizado y dominado por un relativismo ético; evangelización de la cultura,para potenciar el diálogo fe-razón; los medios de comunicación socialcomo instrumentos evangelizadores en el diálogo con la cultura emergente; los jóvenes, destinatarios prioritarios de la nueva evangelizaciónen el contexto de la sociedad postmoderna.

ILUMINACION

¿Por qué los obispos, a partir de nuestra identidad y misión, queremos contribuir a transformar la realidad del país? ¿No nos estamos metiendo en asuntos que son competencia sólo del Estado y de la sociedad civil? De ninguna manera: es nuestro deber seguir el camino de Jesús, quien siempre se compadeció de quienes sufren y nos encomendó trabajar por la vida digna de nuestro pueblo. Si no lo hiciéramos, nos pareceríamos a los clérigos del Antiguo Testamento, dedicados sólo a los ritos cultuales, y no seríamos buenos samaritanos.

En Aparecida, dijimos: “Los Obispos, como sucesores de los Apóstoles, junto con el Sumo Pontífice y bajo su autoridad, con fe y esperanza, hemos aceptado la vocación de servir al Pueblo de Dios, conforme al corazón de Cristo Buen Pastor. Como Pastores, servidores del Evangelio, somos conscientes de ser llamados a vivir el amor a Jesucristo y a la Iglesia en la intimidad de la oración, y de la donación de nosotros mismos a los hermanos y hermanas, a quienes presidimos en la caridad” (186). “Estamos llamados a ser maestros de la fe y, por tanto, a anunciar la Buena Nueva, que es fuente de esperanza para todos. Los Obispos hemos de ser testigos cercanos y gozosos de Jesucristo, Buen Pastor” (187). “Nos esforzamos por presentar al mundo un rostro de la Iglesia en la cual todos se sientan acogidos como en su propia casa. Para todo el Pueblo de Dios, buscamos ser padres, amigos y hermanos, siempre abiertos al diálogo” (188). “No podemos olvidar que el obispo es testigo de esperanza y padre de los fieles, especialmente de los pobres” (189).

El Papa Francisco nos ha pedido: “Esto os pido: sed pastores con olor a oveja, pastores en medio de su rebaño, y pescadores de hombres” (28-III-2013).

COMPROMISOS

Así como un Papa no puede, él solo, reformar la Iglesia y cambiar el mundo, así los obispos no podemos ni debemos abrogarnos el derecho y el deber de luchar por una vida más digna y plena para nuestro pueblo, en especial para jóvenes, mujeres, pobres, migrantes, presos, indígenas, familias y para la sociedad en general.

Eso sí: sacerdotes, religiosas y obispos debemos involucrar más en el trabajo pastoral a las mujeres, a los laicos y a los jóvenes. Nosotros solos no somos la Iglesia; la presidimos en la caridad y tenemos responsabilidades propias para asegurar la fidelidad al Evangelio, pero la Iglesia depende de todos los creyentes.