Observador ante la ONU transmite la bienvenida del Papa a Sudán del Sur

El recién nacido Estado fue acogido como miembro por las Naciones Unidas

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NUEVA YORK, viernes 15 de julio de 2011 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI envía sus abundantes bendiciones para el nuevo país africano, Sudán del Sur, y le desea un futuro de paz y de libertad, afirmó ayer en un comunicado el observador de la Santa Sede en las Naciones Unidas, monseñor Francis Chullikatt.

El nuevo país, nacido el pasado 9 de julio, fue acogido esta semana por aclamación por la Asamblea General de la ONU.

Monseñor Chullikatt quiso expresar el apoyo de la Santa Sede al nuevo Estado, y recordó que hubo una delegación vaticana en la ceremonia de inauguración, encabezada por el cardenal John Njue, arzobispo de Nairobi y presidente de la Conferencia Episcopal de Kenia, por el arzobispo Leo Boccardi, nuncio en Sudán, y por monseñor Javier Herrera.

“Con ocasión de la inauguración del nuevo Estado de Sudán del Sur, el Papa Benedicto XVI invocó las abundantes bendiciones del Todopoderoso sobre el pueblo y sobre el gobierno de la nueva nación, y les deseó que pueda avanzar en el camino de la paz, la libertad y el desarrollo”, afirmó monseñor Chullikatt.

Además, subrayó el compromiso de los católicos en el nacimiento del nuevo país africano: “en Sudán del Sur, con una considerable presencia de católicos, la Iglesia ha sido muy activa en el proceso de reconciliación nacional así como en las actividades para el desarrollo”.

La necesidad más urgente del nuevo Estado, subrayó el observador vaticano ante la ONU, es encontrar un lugar para los refugiados y desplazados, cuyo número se estima en unos 300.000.

Organizaciones eclesiales como Misereor y Caritas, afirmó, “están activamente comprometidas en suministrar asistencia humanitaria a la población”, así como “la jerarquía local y la conferencia episcopal de la región (AMECEA), junto con numerosas congregaciones religiosas”.

Contribución a la paz

Desde el comienzo, afirmó el prelado, los líderes eclesiales “han sido activos en el proceso de paz y, durante su visita de 1993, el beato Juan Pablo II condenó la violencia en el país y abogó por una solución constitucional al conflicto. En la firma del Acuerdo de Paz Global (CPA), los representantes de la Iglesia Católica, junto con otros líderes religiosos desempeñaron un papel vital”.

Entre los retos que afronta el nuevo país, destacó el de la “seguridad para las vidas y propiedades de los ciudadanos, las buenas relaciones con los países vecinos, mejorar los estándares sanitarios – especialmente en el caso de los enfermos de Sida – reforzar las instituciones educativas y planificar la reconstrucción y el desarrollo del país”.

“El camino desde la guerra civil hasta la paz necesita ordenarse y basarse en la justicia y la verdad. El largo viaje que ha costado la vida a las personas, largos sufrimientos, pobreza y humillaciones, puede convertirse en un camino de paz, libertad y desarrollo”, subrayó.

En este sentido, concluyó destacando el compromiso de la Iglesia en “subrayar la importancia del perdón y la reconciliación, que es esencial para una paz duradera, importante no sólo para el nuevo país sino también para toda la región”.