Ocio juvenil

Una serena respuesta paterna al tiempo libre de los hijos

Madrid, (Zenit.org) Ignacio Calderón Castro | 1641 hits

En nuestro espacio “Observatorio Jurídico”, que dirige nuestro colaborador habitual Rafael Navarro Valls, incluímos excepcionalmente la colaboración del experto Ignacio Calderón Castro*, doctor en psicología y orientador familiar, del Instituto de Neuropsicología y Psicopedagogía Aplicadas. Ante la preocupación y alarma social que suscitan hechos como los sucedidos en España y en Brasil, que han acabado con la vida de numerosos estudiantes, por avalancha o incendio en sendas fiestas discotequeras, ofrecemos la opinión autorizada de este experto.

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Las recientes tragedias ocurridas en el Madrid Arena el pasado 31 de octubre y en la discoteca Kiss, de la ciudad de Santa María, en Brasil , el 26 de enero de este año, han encendido las alarmas y en muchos casos ha servido para despertar la atención de los padres sobre qué hacen, dónde van y cómo pasan las horas de ocio sus hijos.

El ocio es un derecho adquirido por la sociedad post-industrial y hoy nadie cuestiona su importancia e, incluso, la necesidad de esparcimiento tras la jornada de estudio o de trabajo como uno de los derechos fundamentales –hasta tal punto que está recogido en la Declaración Internacional de los Derechos Humanos (nº 24) y protegido por nuestra Constitución (art. 123, IV)--. Las dramáticas situaciones acontecidas no van a cuestionar su estatus.

Situaciones peligrosas y ocio nocturno

En el inconsciente colectivo existe una asociación entre ocio juvenil, particularmente el ocio nocturno, y las situaciones y conductas de riesgo. Los hechos mencionados han confirmado esta asociación que, sin embargo, los análisis objetivos desmienten. Estadísticamente hablando, existe una relación muy baja entre ocio nocturno y situaciones graves. No quiero con esto decir que debemos dejar de preocuparnos por el ocio de nuestros hijos, sino que nuestra atención debe partir de la serenidad, de la objetividad y de la sana preocupación por la vida de nuestros hijos, no sólo en situaciones potencialmente peligrosas.

Lo sucedido tanto en Madrid como Brasil no sólo ha elevado la atención y la preocupación por parte de los padres, también los jóvenes se han sentido conmocionados y en cierto modo aludidos por estas trágicas situaciones. Debemos aprovechar esta situación de mayor concienciación por parte de la globalidad de la sociedad, de todas las generaciones afectadas para facilitar la comunicación y, en definitiva la prevención.

Todos los estudios que se acercan a la prevención de conductas de riesgo en los jóvenes apuntan a la comunicación entre padres e hijos como uno de los factores de éxito más importantes.

Comunicación entre padres e hijos

Al referirnos a comunicación no significa simplemente que oigan nuestras preocupaciones acerca de los peligros de la noche y que les llenemos de prevenciones y consejos. Lo vital es abrir un auténtico diálogo donde lleguemos a conocer qué piensan, cómo enfocan aquellos aspectos de su vida que a nosotros nos generan preocupación, y que comprendan que nuestra conversación parte de un genuino interés por ellos.

También es importante eliminar esa falsa seguridad del teléfono móvil. Muchos padres se quedan tranquilos por el hecho de que sus hijos están localizables y que pueden responder a un mensaje o a la pregunta “¿dónde estás?”. No basta con poder comunicarnos con ellos cuando están lejos, fuera de casa, debemos asegurarnos que el móvil es útil realmente sólo para emergencias, porque el resto de las ocasiones, sabemos dónde y con quién están.

Resulta fundamental que los jóvenes no consideren que existe una fractura entre su vida familiar y el resto de sus actividades, tanto académicas o laborales como de amistad. Nuestra casa, su casa, debe estar abierta a sus amigos, deben sentir que quienes son en familia, es quién pueden y deben ser cuando cruzan el umbral de nuestra puerta. Por ello es muy importante que no dudemos en ofrecernos para facilitarles ir y venir de allí donde van a salir. Hacer de chófer puede realmente sacrificado, pero es uno de los mejores modos de conocer dónde y con quién salen. En los trayectos, lo mejor es la música bajita y los oídos abiertos. Atender a sus conversaciones es tener vía directa a qué interesa y cómo perciben la vida los jóvenes.

Ejercer de padres

Por otro lado no debemos tener miedo a ejercer plenamente nuestra labor de padres. No, no somos mejores por no fijar una hora prudente a la que deben llegar, ni por aceptar un: “por ahí” como una respuesta válida a la pregunta: “¿dónde has estado ?”.

Si nos abrimos al diálogo sincero, podremos expresarles nuestras opiniones sin esperar que ellos las acepten, ni siquiera que las entiendan. Tampoco nosotros tenemos que entender ni plegarnos a las suyas, pero si mostramos nuestra desaprobación al punto de generar una discusión, dejaremos de saber lo que piensan y dificultaremos que ellos nos escuchen. Puede que al hablar con los jóvenes no se muestren coincidentes con nosotros, no importa, lo importante es que nos oigan.

Es cierto que en los últimos desastres aludidos se dieron una confluencia de circunstancias imprevistas, entre las que destaca el exceso de aforo, pero también debemos explicarles que, aunque un local cumpliera con todas las medidas de seguridad, en ellos no se hacen simulacros de evacuación, ni nadie se dedica a buscar las posibles salidas de emergencia, ni hay azafatas como en los aviones.

Nuestra opinión debe estar bien fundamentada, aunque no tiene porqué ser desapasionada. Así por ejemplo, refiriéndonos al caso del Madrid Arena, es importante que les hagamos entender que “macro fiesta”, “macro concierto” o “macro discoteca” es fácilmente convertible en “macro problema”.

Cómo actuar en caso de necesidad

Debemos darles claves de cómo actuar en caso de necesidad. Son muchos los testimonios de aquel fatídico 31 de octubre que han trascendido a la prensa. El exceso de aforo era patente antes de que la tragedia tuviera lugar. Si allí donde estén sienten que la situación es agobiante, deben salir sin esperar a qué suceda algo malo. De igual manera, si a la hora de regresar a casa todos aquellos con quienes están han bebido alcohol deben sentirse absolutamente seguros de poder llamarnos para que vayamos a recogerles sin temor a que nos enfademos, ya que han tomado la decisión adecuada.

En definitiva, como en la mayoría de los temas relacionados con la educación, al contemplar el ocio de los jóvenes, lejos de llevarnos por hechos puntuales, es vital fundamentar nuestra relación en la confianza, desterrar la ingenuidad, y hacerles comprender que nuestro rigor es el puente hacia la única forma válida de disciplina. No deben de olvidar que la autodisciplina y la responsabilidad es algo individual y que para ellos son como el anverso de la libertad.

*Ignacio Calderón Castro, del Instituto de Neuropsicología y Psicopedagogía Aplicadas.