Oración y caridad, legado del san Pío de Pietrelcina, según Juan Pablo II

Carta al arzobispo delegado pontificio para el Santuario del fraile capuchino

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 11 marzo 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha sintetizado en la oración y la caridad la herencia espiritual de san Pío de Pietrelcina, una de las figuras más importantes de la espiritualidad cristiana del siglo XX.



El Papa recoge el legado del fraile capuchino de los estigmas (1887-1968) en una carta enviada a monseñor Domenico Umberto D’Ambrosio, arzobispo de la diócesis italiana de Manfredonia-Vieste-San Giovanni Rotondo, en la que establece cuáles serán sus tareas como delegado pontificio para el Santuario y las Obras que fundó el padre Pío.

«Oración y caridad, esta es una síntesis sumamente concreta de la herencia espiritual dejada por el humilde fraile, educado en la escuela del Poverello de Asís», san Francisco; afirma la misiva.

«Esta síntesis debe ser vivida y testimoniada por cuantos quieren mantener viva la espiritualidad en el mundo de hoy», asegura el obispo de Roma.

«Redescubrir el valor de la Cruz de Cristo para hacer de ella el centro inspirador de la propia vida: esta es la característica fundamental de su espiritualidad», añade la carta pontificia, publicada este jueves por la Sala de Prensa de la Santa Sede.

El padre Pío «supo reconocer a Cristo que sufre no sólo en el diálogo interior de la oración, sino también en el encuentro con las demás personas a las que visita la enfermedad y se entregó para llevarles consuelo».

El religioso, canonizado por Juan Pablo II el 16 de junio de 2002, «se convirtió así en un ejemplo impactante de sensibilidad humana, volviendo a presentar con su ejemplo dos características peculiares de la tradición franciscana y capuchina: la oración contemplativa y la caridad concreta».

«De la primera, son una manifestación los "Grupos de oración" fundados por él», unos 3.000 que reúnen a millones de personas en los cinco continentes; «de la segunda, queda como singular testimonio la Casa Alivio del Sufrimiento», importante centro hospitalario y asistencial que se encuentra en San Giovanni Rotondo, la localidad en la que vivía el capuchino (provincia italiana de Foggia).

«El movimiento espiritual suscitado por el carisma de san Pío de Pietrelcina no se ha agotado con su muerte terrena --reconoce el Papa--; por el contrario ha crecido cada vez más, cobrando significativa importancia para la vida de toda la Iglesia».

«El secreto de una resonancia tan amplia hay que buscarlo sin duda en la total inmersión del humilde capuchino en el misterio de la cruz. En toda su existencia, el padre Pío buscó confirmarse cada vez más con el Crucificado, teniendo una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de manera peculiar en la obra de la Redención».