Organismos católicos reúnen 500 millones de dólares para las víctimas del «tsunami»

Representante vaticano pide ante la ONU que no se descuide la ayuda a largo plazo

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NUEVA YORK, jueves, 20 enero 2005 (ZENIT.org).- Respondiendo a la catástrofe provocada por el «tsunami» y al inmediato llamamiento de Juan Pablo II, la rápida acción de organismos católicos permitió llevar ayuda urgente a los afectados y reunir unos 500 millones de dólares que ya se están empleando también en programas de recuperación a largo plazo.



Éste último es un punto sobre el que el observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Celestino Migliore, quiso incidir en su intervención del martes pasado ante la 59ª Asamblea General del organismo sobre el tema 39: «Reforzar la coordinación de ayuda y socorro humanitario de las Naciones Unidas en situaciones de catástrofe, incluida la ayuda económica especial».

«Está claro que ésta es una emergencia cuyas consecuencias se prolongarán a medio y largo plazo, por lo que es necesario confiar en que la solidaridad de los ciudadanos y de los gobiernos no decaerá cuando el mundo se haya recuperado del impacto inicial por esta calamidad», alertó el prelado, cuyo discurso difundió este jueves la Santa Sede.

«Desde el principio de la emergencia, Su Santidad Juan Pablo II manifestó su profundo interés, solicitando a los organismos de la Iglesia Católica que fueran solidarios con todas las personas, sin excepción alguna, en cada una de las naciones afectadas por esta enorme tragedia», recordó monseñor Migliore.

«Las instituciones de la Iglesia Católica y los representantes pontificios presentes en los países afectados entraron inmediatamente en acción --constató--. Antes de nada facilitaron alimentos, ropa y alojamiento a las poblaciones afectadas».

Los niños constituyen el grupo más afectado por la tragedia: 50 mil han fallecido y decenas de miles se han quedado huérfanos, por lo que «estamos haciendo especial hincapié en las formas de ayudar a los niños supervivientes en las zonas más afectadas», reconoció.

En colaboración con el Pontificio Consejo «Cor Unum» --el brazo de la caridad del Papa--, «una larga lista de organismos católicos ya está utilizando fondos procedentes de todo el mundo que rozan los 500 millones de dólares, parte de los cuales se destina a ayuda de emergencia y el resto a proyectos a largo plazo a través de nuestras redes locales», confirmó ante la ONU.

Quiso subrayar también la necesidad de que se permita a las ONG y organizaciones confesionales en el terreno trabajar directamente con la población.

Igualmente apuntó que «la ayuda de fondos multilaterales debe ser distribuida equitativamente entre las regiones afectadas, sin prejuicios políticos, étnicos o religiosos».

Monseñor Migliore admitió que «el extraordinario impacto del poder de la naturaleza» ha provocado «una respuesta igualmente extraordinaria de las poblaciones y de los gobiernos del mundo entero en una efusión de compasión y solidaridad raramente vista en los últimos tiempos».

«Una expresión de la solidaridad global tan rápida y práctica» muestra la existencia de «un profundo sentido de nuestra humanidad y fragilidad compartida frente a eventos terribles de este tipo», añadió.

Además de «reforzar la ayuda de emergencia, la rehabilitación y la reconstrucción», «las naciones del mundo deberían aprovechar esta oportunidad y la buena voluntad generada por la población mundial para lograr objetivos humanitarios decisivos» también en otras zonas del planeta, exhortó.

«Mi delegación espera seriamente que éste sea un año en que la solidaridad constituya la característica de la agenda política de forma que ayude a todas las naciones a centrarse en cómo alcanzar los objetivos de desarrollo acordados al inicio del milenio», concluyó el representante vaticano ante la ONU.