Organismos internacionales promueven el «terrorismo con rostro humano»

Denuncia el catedrático monseñor Michel Schooyans

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VALENCIA, lunes, 14 abril 2008 (ZENIT.org).- El «derecho al aborto», la eutanasia o la esterilización de mujeres en países pobres que presentan la ONU y otros organismos internacionales fueron calificados por el filósofo y sacerdote de la Diócesis de Bruselas, Michel Schooyans, como «terrorismo suave con rostro humano porque fuerzan la voluntad, imponen decisiones a las naciones que no llegan a ser discutidas».

Las declaraciones tuvieron lugar el miércoles pasado durante una intervención en la Universidad Católica de Valencia.

Según informa la agencia Veritas, el catedrático emérito de Filosofía y Sociología de la Universidad de Lovaina impartió un ciclo formativo el miércoles y jueves pasados, 9 y 10 de abril, acompañado en la primera sesión por el arzobispo de Valencia, cardenal Agustín García-Gasco.

El teólogo afirmó que «estas instituciones internacionales tienen cada vez más poder para definir lo que es justo e injusto e imponer nuevas definiciones a los estados particulares, incluso con chantaje» y criticó una «nueva concepción de los derechos humanos», según la cual «ya no se trata de reconocer la igual dignidad de todos los seres humanos» sino de «determinar cuál es la categoría de seres humanos que pueden ser admitidos a la vida y cuáles las categorías de seres humanos que pueden ser eliminados».

Según el sacerdote belga, esta nueva concepción está basada en el positivismo de Hans Kelsen, que defiende el Derecho como un fenómeno autónomo de consideraciones morales o ideológicas.

Schooyans señaló que en su país, Bélgica, «está legalizada la eutanasia» y allí existe un «debate que todavía no ha llegado a España en el que se crea una mentalidad en las personas mayores y ancianas de ser un peso inútil que supone un coste para la sociedad y sus familias». En este sentido, añadió que, en la actualidad, los pacientes están «cada vez más amenazados» puesto que los gobiernos reducen presupuestos sanitarios y «la oferta de cuidados médicos» para crear esa «mentalidad» de que los «viejos precisan desaparecer».

También destacó la conveniencia de «rematernizar a la mujer, porque es la que hace prevalecer relaciones de ternura sobre las de violencia». Hay que reactivar en el corazón de la mujer esta disposición a ser el rostro de Dios en la sociedad», dijo, así como «repaternizar al hombre y reactivar su llama paterna del hombre», dado que «es habitual presentar al hombre solo como un trabajador, un productor económico».

En otra ponencia, Schooyans defendió la familia y señaló: «Cuando veo los ataques dirigidos contra la familia a través de los denominados nuevos modelos de familia o los nuevos derechos es cuando veo que se puede tener miedo al futuro», puesto que «cuando se destruye la familia se destruye el lugar donde nace la solidaridad humana», añadió.

Schooyans subrayó que «la crisis de la familia de hoy es el resultado de una crisis en la razón humana, a causa de un uso deficitario de la razón basado en la influencia de la tendencia pecaminosa que hay en cada uno de nosotros» y se refirió a santo Tomás de Aquino para señalar que «el uso correcto de la razón es el fundamento de la solidaridad humana, puesto que somos capaces de diálogo, conciliación, confraternización y se realizan intentos de edificar el bien común».