Orissa: no se detiene la persecución a los cristianos

No hay justicia para las víctimas de la violencia anticristiana del 2007 y 2008

| 1860 hits

NUEVA DELHI, jueves 19 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- La violaron y asesinaron brutalmente. Se trata de la joven estudiante de diecisiete años Banita o Nirupama Pradhan, cuyo cuerpo sin vida se encontró en días pasados por unos granjeros cerca del lago de Dhangadarna Hill, en el tristemente conocido distrito de Kandhamal, en el estado hindú de Orisa, que es desde hace años, escenario de graves episodios de violencia anticristiana por parte de extremistas hindúes.

Según informan las agencias AsiaNews y Fides (16 de mayo), el cuerpo en fase de descomposición de la estudiante, que frecuentaba la última clase del curso Plus II del instituto Kalinga Mahavidyalaya en Phulbhani, mostraba en¡videntes signos de violencia y tenía el rostro desfigurado. Según el padre de la joven, Sitrian Pradhan, se busca a los responsables del asesinato en el ámbito del nacionalismo hindú. El hombre sospecha de un activista en particular, Dinesh Naik.

Profundamente afectado por el enésimo y gravísimo episodio, el Global Council of Indian Christians (GCIC) ha lanzado un llamamiento al "Chief minister" (primer ministro) de Orisa, Naveen Patnaik, del partido regional Biju Janata Dal (BJD), pidiéndoles que tome en serio la situación de la minoría cristiana, que según el informe de 2011 de la U.S. Commission on International Religious Freedom (USCIRF) representa un 5% de la población del estado (con un aumento del 25 al 27% en el distrito de Kandhamal.

“Hay gran miedo entre la población. El masacre de los cristianos continúa como un goteo. El miedo más profundo es que se puedan repetir violencias de masa”, contó a Fides el delegado regional del GCIC, Asit Mohanty. “Hoy rezamos e invocamos la protección de Dios. Pedimos una serie investigación de la policía, que ha prometido verbalmente un compromiso, pero que por ahora no ha dado ningún resultado”, continuó Mohanty, que no ha escondido su desconfianza en las autoridades. “Si la policía y las autoridades civiles no se comprometen -por razones bien conocidas de connivencia con los extremistas- también este homicidio quedará sin castigo”, teme.

La iglesia local no excluye que la joven haya sido víctima del tráfico de seres humanos, que ha aumentado de modo alarmante después de la ola de violencias anticristianas en el estado de India Nordoriental. Ya el pasado septiembre, el arzobispo de Cuttack-Bhubaneswar, monseñor Raphael Cheenath, expresó su gran preocupación por el fenómeno de las jóvenes secuestradas. “Hay alarmante noticias de trata de jóvenes mujeres a gran escala en Orisa. Las víctimas son, sobre todo, jóvenes cristianas” dijo el prelado a Fides (22 de septiembre de 2010). “Los actos violentos de 2008 contra los cristianos han dado una oportunidad a grupos criminales de encontrar presas fáciles entre los prófugos y los pobres. Si el gobierno del estado toma medidas adecuadas, Orisa podrá convertirse en un reino para los traficantes de seres humanos”.

Otro cristiano, víctima del fundamentalismo y nacionalismo hindú en el distrito de Kandhamal, fue, el pasado marzo, un católico de Mondasoro, Angad Digal. Según las informaciones de la agencia AsiaNews (23 de marzo), el hombre desapareció y fue asesinado el 19 de marzo en el pueblo de Tilakapanga, donde había ido junto algunos conocidos hindúes. Más de diez días después de los hechos, el cuerpo del hombre no había sido encontrado todavía, y sólo se había arrestado a uno de los dos sospechosos del homicidio. El sacerdote Laxmikant Pradhan criticó la inactividad de las autoridades, que habló de una “inercia”, que “solo empeora la situación de la familia y de todos los cristianos de Kandhamal”.

El clima de impunidad que rodea la violencia anticristiana de Orisa es sobrecogedor. Como denunció en días pasados, AsiaNews (12 de mayo), defrauda sobre todo la justicia hindú. Tras la ola más violenta de persecuciones en Orisa, la que se produjo la tarde del sábado 23 de agosto de 2008, cuando un grupo de la guerrilla maohísta asesinó en el distrito de Kandhamalun al jefe del movimiento hindú Vishwa Hindu Parishad (VHP), Swami Laxanananda Saraspati, hay sólo una condena por homicidio a pesar de los veinte casos registrados. Mientras que las autoridades del estado hablan de 52 muertos en Kandhamal durante la violencia ocurrida en 2007 y 2008, de los cuales 38 son cristianos, según fuentes cristianas el número es mucho más elevado, casi el doble: 91 (exceptuando los casos de suicidio, también por síndromes post-traumáticos).

Además según AsiaNews, basándose en los datos recogidos por las distintas organizaciones y organismos, entre los cuales está la All India Catholic Union (AICU), de las 3.232 denuncias presentadas sólo casi una cuarta parte (828) se han convertido en las llamadas “First Information Reports”, es decir evidencias verdaderas. De estos casos, menos de la mitad (es decir 327) han terminado delante de un juez, que en 169 causas se ha pronunciado por la absolución plena. Sólo en 86 casos los letrados han emitido una condena, pero sólo por imputaciones de menor gravedad.

Dado que casi 90 casos están a la espera de ser examinados por el tribunal, el balance es, por tanto, verdaderamente escaso para la comunidad cristiana y otras víctimas de el extremismo hindú, que esperan y piden justicia. Ya en el pasado enero, el activista pro derechos humanos Adikanda Singh -un "dalit" o "intocable"- señaló con el dedo acusador a las autoridades. “El sistema de justicia ha fallado y no ha conseguido castigar a los autores de los crímenes. Esto demuestra que el Estado no es capaz de juzgar de la misma manera a sus ciudadanos”, dijo (AsiaNews, 25 de enero).

El letargo de la justicia hindú empujó, en 2009, a la U.S. Commission on International Religious Freedom a incluir al coloso asiático en la llamada “watch list”, la lista de los países a vigilar, de la cual forma parte todavía. Según la comisión, ni siquiera la creación de las llamadas "Fast Track Courts" (tribunales especiales para el procedimiento breve) y de "Special Investigative Teams" (SIT equipos especiales de investigación) ha conseguido afrontar la emergencia y combatir los que en el informe de 2011 viene descrito como “cultura de la impunidad”. También alimentan la violencia y la intolerancia, según la USCIRF, las infames leyes anti-conversiones introducidas por varios estados de la Unión India, entre las cuales está Orisa.

Un caso emblemático -“de perfil alto”, se lee en el informe del USCIRF-, es el de sor Meena Barwa. La religiosa de la congregación de las Servidoras, que trabajaba en el Centro pastoral Divyajyoti, en Knuagaon, en el distrito de Kandhamal, fue golpeada, desnudada y violada el 25 de agosto de 2008 ante los ojos de la policía, que no quiso intervenir, no obstante las desesperadas peticiones de auxilio.

Ahora sor Meena Barwa, que en octubre de 2008 declaró no querer “ser víctima también de la policía de Orisa” (AsiaNews, 25 de octubre 2008) y había pedido una investigación sobre el comportamiento y la complicidad de las fuerzas de seguridad, puede convertirse en víctima de la justicia. El pasado 9 de mayo, el juez Chittaranjan Das, del Tribunal Supremo de Orisa, ha concedido la libertad provisional a los instigadores de los actos de violencia y de la violación de la religiosa, Pandit Bishimajhi y Jatia Sahu.

La decisión ha sido acogida con incredulidad. “Estamos sorprendidos”, dijo Bipra Charan Nayak, de la Kandhamal Survivors Association (UCA News, 12 de mayo). "Es una mancha en la dignidad de las mujeres y en la justicia”, declaró a su vez la vicepresidenta del departamento de las mujeres de la archidiócesis de Cuttack-Bhubaneswar, Shibani Singh.

Por Paul De Maeyer. Traducción del italiano por Carmen Álvarez