Padre Cantalamessa: el apego al dinero en la raí­z de todos los males

En la predicación de este Viernes Santo del predicador de la Casa Pontificia, habla de la traición de Judas, el dinero y los males que éste causa en el mundo

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Rocío Lancho García | 1850 hits

El dinero, no es uno de tantos ídolos; es el ídolo por antonomasia. Lo ha afirmado el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, en la predicación que ha realizado en la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica Vaticana de este Viernes Santo.

"Dentro de la historia divino-humana de la pasión de Jesús hay muchas pequeñas historias de hombres y de mujeres que han entrado en el radio de su luz o de su sombra. La más trágica de ellas es la de Judas Iscariote", ha comenzado el padre Raniero Cantalamessa.

Judas no había nacido traidor, pero ¿por qué llegó a serlo?, se ha preguntado. Tras enumerar algunas teorías tradicionales, el padre Cantalamessa ha afirmado que "los evangelios —las únicas fuentes fiables que tenemos sobre el personaje— hablan de un motivo mucho más a ras de tierra: el dinero".

El predicador de la Casa Pontificia ha señalado que "el dinero, no es uno de tantos ídolos; es el ídolo por antonomasia; literalmente, 'el ídolo de metal fundido'. Y se entiende el porqué. ¿Quién es, objetivamente, si no subjetivamente -es decir en los hechos, no en las intenciones-, el verdadero enemigo, el competidor de Dios, en este mundo? ¿Satanás?", ha preguntado. Pero -ha añadido- ningún hombre decide servir, sin motivo, a Satanás. "Quién lo hace, lo hace porque cree obtener de él algún poder o algún beneficio temporal. Jesús nos dice claramente quién es, en los hechos, el otro amo, al anti-Dios: 'Nadie puede servir a dos amos: no podéis servir a Dios y a Mammona'. El dinero es el 'Dios visible, a diferencia del Dios verdadero que es invisible", ha indicado.

Tal y como dice la Escritura, ha recordado, "el apego al dinero es la raíz de todos los males", añadiendo que "detrás de cada mal de nuestra sociedad está el dinero o, al menos, está también el dinero".  Y nuevamente ha preguntado "¿qué hay detrás del comercio de la droga que destruye tantas vidas humanas, detrás del fenómeno de la mafia y de la camorra, la corrupción política, la fabricación y el comercio de armas, e incluso -cosa que resulta horrible decir- a la venta de órganos humanos extirpados a niños?" Y ha planteado otra cuestión: "y la crisis financiera que el mundo ha atravesado y este país aún está atravesando, ¿no es debida en buena parte a la ¡detestable codicia de dinero', la auri sagrada fames, por parte de algunos pocos?". Asimismo ha recordado que Judas empezó sustrayendo algún dinero de la caja común. "¿No dice esto nada a algunos administradores del dinero público?", ha interrogado. Del mismo modo, ha añadido, "¿no es ya escandaloso que algunos perciban sueldos y pensiones cien veces superiores a los de quienes trabajan en sus dependencias y que levanten la voz en cuanto se apunta la posibilidad de tener que renunciar a algo, de cara a una mayor justicia social?"

El padre Cantalamessa ha indicado que "como todos los ídolos, el dinero es 'falso y mentiroso': promete la seguridad y, sin embargo, la quita; promete libertad y, en cambio, la destruye".

Del mismo modo ha mencionado a esos "hombres colocados en puestos de responsabilidad que ya no sabían en qué banco o paraíso fiscal almacenar los ingresos de su corrupción se encontraron en el banquillo de los imputados, o en la celda de una prisión, precisamente cuando estaban para decirse a sí mismos: 'Ahora gózate, alma mía'". Y se ha preguntado "¿Para quién lo han hecho? ¿Valía la pena? ¿Han hecho realmente el bien de los hijos y la familia, o del partido, si es eso lo que buscaban? ¿O más bien se han arruinado a sí mismos y a los demás?"

Y retomando la figura del Judas, el padre Cantalamessa ha observado que "la traición de Judas continua en la historia y el traicionado es siempre él, Jesús". Pero ha agregado que "la traición de Judas no continúa sólo en los casos clamorosos que he mencionado. Pensarlo sería cómodo para nosotros, pero no es así". Y ha explicado que "traiciona a Cristo quien traiciona a su esposa o a su marido. Traiciona a Jesús el ministro de Dios infiel a su estado, o quien, en lugar de apacentar el rebaño que se la confiado se apacienta a sí mismo. Traiciona a Jesús todo el que traiciona su conciencia".

Sobre el final de Judas, el predicador ha mencionado que "Jesús nunca abandonó a Judas y nadie sabe dónde cayó en el momento en que se lanzó desde el árbol con la soga al cuello: si en las manos de Satanás o en las de Dios". Y ha recordado que "amigo, fue la última palabra que le dirigió Jesús y él no podía haberla olvidado, como no podía haber olvidado su mirada".

Al respecto, el padre Raniero ha subrayado que "lo más grande en el asunto de Judas no es su traición, sino la respuesta que Jesús da". Y ha explicado la diferencia entre la traición de Pedro y la de Judas: "Pedro tuvo confianza en la misericordia de Cristo, ¡Judas no! El mayor pecado de Judas no fue haber traicionado a Jesús, sino haber dudado de su misericordia".  Y para ello, ha concluído, tenemos el sacramento de la reconciliación: "La confesión nos permite experimentar sobre nosotros lo que la Iglesia canta la noche de Pascua en el Exultet: 'Oh, feliz culpa, que mereció tal Redentor!'"