Para revitalizar la comunidad, la misión ad gentes

El arzobispo Filoni a los futuros misioneros

| 1686 hits

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 11 noviembre 2011 (ZENIT.org).- El arzobispo Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, fue muy claro en su lección inaugural del curso en la universidad Urbaniana de Roma, el centro académico donde se forman los futuros misioneros: sólo se revitaliza una comunidad creyente donando la fe fuera de su pequeño círculo.

La universidad pontificia Urbaniana es una institución académica que forma parte de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Su principal tarea ha sido siempre la formación de sacerdotes, religiosos y laicos que actúan o actuarán en tierras de misión, en estrecha relación con los objetivos de la citada congregación.

Monseñor Filoni se refirió a la primera evangelización y la nueva evangelización como los “dos miembros” que permiten a la Iglesia caminar en el mundo. “Sin una o sin la otra, la Iglesia sería minusválida”.

Su lección unaugural, este jueves, sobre el tema “Misión hoy: experiencias y perspectivas”, se centró en los motivos de fondo que han inspirado a Benedicto XVI a convocar un especial “Año de la Fe”.

Subrayó el papel de la Iglesia y del mundo misionero a la hora de releer el evento cristiano y redescubrir la perenne validez del Evangelio y de la misma misión, necesaria para interpretar el contexto de nuestra época, es decir “Dar un repaso a los modos de mediación salvífica ofrecida por la Iglesia a la humanidad contemporánea”. Este itinerario, según el arzobispo Filoni, debe considerar dos realidades, la Iglesia y el mundo.

La primera, se redescubre mediadora de salvación. Y la comunión para la misión es “el paradigma eclesial de la misión hoy”. Justo este paradigma ha permitido “la vuelta de las misiones a la misión y la vuelta de la misión a la eclesiología”, como afirma la Redemptoris missio.

En la encíclica de Juan Pablo II, según monseñor Filoni se afrontan “los obstáculos externos e internos de la Iglesia 'que han debilitado el impulso misionero hacia los no cristianos, un hecho este que debe preocupar a todos los creyentes en Cristo'”. Y justo para reafirmar esta necesidad, dijo el arzobispo, Benedicto XVI “convocó un Año de la Fe”.

El prelado se detuvo en la “tendencia bastante grave que atenaza a las Iglesias locales y las obliga a cerrrarse en sí mismas, preocupadas por sus necesidades y bregando con los no fáciles desafíos que la humanidad presenta al cristianismo. Las diócesis, especialmente las de antigua fundación, se sienten como fortines asediados, cierran filas, se cuentan, se dan una mejor organización para bloquear la sangría de sus propias comunidades. 'La misión está aquí' se oye repetir a muchos obispos preocupados. Pero la experiencia nos dice que así no irán muy lejos, porque el único remedio para revitalizar las comunidades cristianas es la missio ad gentes”. La fe, vino a decir monseñor Filoni, se reaviva dándola.

En cuanto al otro factor, el mundo, monseñor Filoni dijo que el destino de la humanidad se ha convertido en cuestión urgente hoy. Abundando en la crisis de valores y los eventos sociopolíticos, dijo que hacen buscar un ancla de salvación y al no encontrarla, la humanidad “fluctúa eternamente en el vacío, en la nada”, por lo que necesario satisfacer a un mundo “mendigo de sentido”.

Subrayó el prefecto del dicasterio misionero que no bastan ya las vías tradicionales de evangelización. La misión ad gentes no puede ser entendida sólo como misión hacia el exterior. Es urgente conjugar el cuidado pastoral con el mandato a evangelizar. Este no es sólo para unos cuantos “es totalizante, implica toda la actividad de la Iglesia, todos sus sectores, toda su espiritualidad, en breve toda su actuación”.

Y, para ello, la iluminación tiene que venir del estudio y del Espíritu. El estudio, subrayó citando a santo Tomás de Aquino, si “es auténtico se convierte en adoración”.

La inaguración del curso fue también la ocasión para anunciar un relevo al frente de la Urbaniana: después de tres años, el rector Cataldo Zuccaro deja el puesto al padre Alberto Trevisiol, de los misioneros de la Consolata, hasta ahora profesor de Misionología.