Parte de Roma la nueva evangelización

El gigante se está despertando

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ROMA, lunes 17 de octubre de 2011 (ZENIT.org).- Treinta y tres representantes de conferencias episcopales, 400 representantes de 115 realidades eclesiales comprometidas con la evangelización, 10.000 jóvenes listos para llevar a cabo la misión: estos son los números de los primeros movimientos de evangelizadores que han respondido al llamamiento del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.

Durante la mañana del pasado sábado, monseñor Rino Fisichella, presidente del dicasterio vaticano, explicó cómo la secularización y el relativo debilitamiento de la fe han confundido a los hombres provocando una verdadera y propia crisis antropológica.

Monseñor Fisichella añadió que este fenómeno ha afectado a partes importantes del clero y de la Iglesia católica. De aquí la necesidad de una Nueva Evangelización fuera pero también dentro de la Iglesia.

Para el presidente del Consejo Pontificio, “la marginación de Dios ha traído la desorientación en la identidad personal”, y “ la indiferencia, ignorancia respecto a los contenidos esenciales de la doctrina”. “Muchos, equivocándose, han pensado que el anuncio explícito ya no es necesario y que sólo el testimonio de vida es el camino de la nueva evangelización”, añadió.

Por este motivo, el presidente del dicasterio vaticano destacó que “es tiempo de abrir las puertas y volver a anunciar la resurrección de Cristo de la que somos testigos”.

Según monseñor Fisichella, “el testimonio comporta el anuncio explícito de por qué se elige vivir siguiendo a Cristo”.

Como explicó un profesor de patrística, de hecho, enseñar la historia de la Iglesia no significa evangelizar. El profesor polaco contó que su alumna más destacada de patrística no es creyente.

Esto muestra que sin testificar el amor de Dios no se evangeliza.

Entre los ámbitos en los que se pretenden renovar y concentrar las actividades de la nueva evangelización, monseñor Fisichella señaló la liturgia, la confesión, la Eucaristía, la familia, la cultura, el compromiso político y civil, la inmigración y la comunicación.

La asamblea respondió con entusiasmo al llamamiento.

Kiko Argüello, iniciador y representante del Camino Neocatecumenal, contó que las familias están desarrollando un papel inmenso en la nueva evangelización.

Kiko refirió, además, que él envió a catequistas y presbíteros a lugares donde la fe estaba desapareciendo y estos fueron rechazados. Envió después a familias y estas obraron el milagro: no sólo no fueron rechazadas sino que realizaron obras de conversión y de transmisión de la fe con resultados increíbles.

Julian Carrón, de Comunión y liberación, explicó que la fe plasma y enriquece la cultura.

Si la fe no está, no se desarrolla la cultura, precisó, y la fe es verdadera e incide en la historia de un pueblo sólo cuando se convierte en cultura.

Sobre el fenómeno de la inmigración, Adriano Roccucci, de laComunidad de San Egidio, comentó que Italia está envejeciendo y que el porcentaje más elevado de jóvenes no es italiano. Por este motivo, es necesario dar una repuesta en la caridad, “que es el primer mensaje evangélico”.

Don Gigi Perini, párroco de la iglesia de San Eustorgio en Milán y creador de las “células de evangelización”, recordó las palabras del beato John Henry Newman.

“Es necesario -dijo- que ¡el gigante dormido que es la parroquia se despierte! Una parroquia dinámica, cargada del amor de Dios, que fascine a sus fieles y que los interpele a la evangelización es posible”.

Franco Miano, de la Acción Católica Italiana, dirigió, por su parte, un llamamiento a la unidad de todas las realidades asociativas, mientras que monseñor Donald Wuerl, obispo de Washington (Estados Unidos), pidió “evangelizar a los evangelizadores”, porque “estos no pueden serlo si no tienen una fe profunda”.

Salvatore Martinez, de la Renovación en el Espíritu, sugirió finalmente “formar en Cristo a hombres nuevos, capaces de hacer nueva política para liberar a nuestra época de la multiplicación de las estructuras de pecado”.

Por Antonio Gaspari

[Traducción del italiano por Carmen Álvarez]