Paul Josef Cordes, cardenal de la iglesia de la «nueva evangelización» en el Vaticano

Ve en las nuevas realidades eclesiales a los nuevos misioneros

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 10 mayo 2008 (ZENIT.org).- La nueva evangelización da sentido hoy al papel de un cardenal, al igual que a todo bautizado, explicó el cardenal Josef Cordes, al tomar posesión de la iglesia titular de Roma que le ha confiado Benedicto XVI.

Al presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum» el Papa le ha encomendado la iglesia de San Lorenzo in Piscibus, un pequeño templo medieval que se encuentra detrás de la Vía de la Conciliación, junto a la Plaza de San Pedro, convertida por Juan Pablo II en sede del centro internacional de acogida a jóvenes peregrinos.

El 9 de marzo Benedicto XVI celebró los 25 años de este centro en la iglesia y el cardenal Cordes consideró que la solemnidad de Pentecostés era el mejor momento para la toma de posesión de su iglesia, tras haber sido creado cardenal el 24 de noviembre pasado.

De hecho, ser cardenal, aclaró el purpurado alemán en la homilía, no significa sólo participar en el cónclave de elección de un Papa; significa comprometerse de manera particular en la «nueva evangelización», a la que hoy impulsa el Espíritu Santo, objetivo para el que nació precisamente este centro.

El cardenal Cordes, cuando era vicepresidente del Consejo Pontificio para los Laicos, recibió del Papa Karol Wojtyla la tarea de fundar este centro, en el que en cinco lustros han ofrecido su contribución jóvenes católicos procedentes de las diferentes realidades eclesiales: la Comunidad del Emmanuel, comunidades carismáticas, jóvenes franciscanos, comunidad de San Egidio, Quinta Dimensión, seminarias estudiantes en Roma, Camino Neocatecumenal, Movimiento de los Focolares, Comunión y Liberación, Regnum Christi, Alpha e Omega....

Pentecostés, aseguró el purpurado en la homilía, es un llamamiento a la «nueva evangelización» pues «el fuego, la llama del Espíritu de Dios, quiere inflamar a los demás», «nos lleva a salir. ¡Y nadie puede decir que no lo necesita!».

Pero, «¿dónde están los misioneros?», se preguntó, y respondió: «Parece que Dios ya ha pensado desde hace años a esta necesidad de su Iglesia».

«Pues desde la mitad del siglo pasado ha llevado en los movimientos y nuevas realidades a hombres y mujeres a despertar en la Iglesia el gusto por la evangelización», siguió diciendo.

«Les ha dado la gracia de hablar de manera fascinada y fascinante de Jesucristo; de entusiasmar los espíritus con el seguimiento de Cristo; de encontrar en Jesús de Nazaret, tal y como lo anuncia la Iglesia, el centro de su propia existencia y la fuente de una plenitud de vida».

«Estos grupos no constituyen nuevas barreras entre consagrados y laicos, entre misión en la Iglesia y misión en el mundo. Esto no significa cancelar la diversidad de ministerios y responsabilidades: buscan despertar en todos los estados de vida el amor por Cristo, nuestro hermano y Señor, pues de Él sólo pueden venir salvación y alegría», aseguró.

«A pesar de la agresividad de la secularización, que quiere llevarnos a todos nosotros a la idolatría del yo, mantienen a Cristo como la estrella que guía sus actividades».

«¡No es que sean cristianos "más perfectos"!», advirtió. «Son pecadores como todos los demás. Pero son especiales, pues Dios les ha preparado mejor para el desafío decisivo de hoy: la nueva evangelización»

Al tomar posesión de su diaconía, el cardenal concluyó asegurando que «la iglesia de San Lorenzo in Piscibus quiere y debe ser dentro del Vaticano un signo tangible de la nueva evangelización, un llamamiento para mí y para ti».

El Consejo Pontificio «Cor Unum», presidido por el cardenal Cordes, distribuye las ayudas del Papa a poblaciones necesitadas, coordina la acción de las actividades caritativas del mundo, y sensibiliza en el espíritu evangélico que anima la caridad cristiana.

Por Jesús Colina