Paz en la Iglesia y paz en el mundo, prioridad del Papa; según el cardenal Bertone

El secretario de Estado comenta el discurso al Cuerpo Diplomático de Benedicto XVI

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 9 enero 2007 (ZENIT.org).- El desafío de la paz --dentro de la Iglesia y en el mundo en general-- constituye una prioridad para Benedicto XVI, constata su secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone.



En una entrevista concedida a «Radio Vaticano», el purpurado italiano comentó este martes el discurso que el Papa pronunció en el día anterior ante los embajadores de los países acreditados ante la Santa Sede, en el que ilustró las luces y sombras del planeta a inicios del año 2007.

«Como el Papa ha constatado, estos grandes desafíos podemos encontrarlos tanto dentro de la Iglesia como “ad extra”», al exterior, explica el cardenal Bertone.

«Dentro de la Iglesia siempre está vivo el problema de la relación entre lo particular y lo universal. Y, por tanto, se da la necesidad de reforzar la comunión entre el centro de la Iglesia universal, que es la Santa Sede, que es la sede del Vicario de Cristo, con todas las indicaciones de su Magisterio tan claro, tan iluminante, con las realidades de las Iglesias particulares», aclara.

Hacia el exterior, señala, «la Iglesia es promotora de paz y hemos visto, hemos experimentado con cuánta pasión y detalle el Papa ha intervenido sobre los conflictos locales en su discurso al Cuerpo Diplomático».

Al hacer su balance de la paz en el mundo, en su discurso de este lunes, el obispo de Roma afirmó: «Constatamos en primer lugar que la paz es a menudo muy frágil e incluso ridiculizada».

«El Papa se atrevió a pronunciar estas palabras», explica el cardenal Bertone. «A pesar de todos los esfuerzos de la Iglesia, de las Iglesias locales, que en ocasiones se presentan como mediadoras para la solución de los conflictos locales que ensangrientan sobre todo al continente africano, y a pesar de los esfuerzos de la organizaciones internacionales, la paz es frágil».

«Por tanto, el problema de la paz es un problema por el que la Iglesia no deja de desplegar sus energías y todos los caminos posibles: junto a los caminos típicamente diplomáticos con los representantes de la Santa Sede esparcidos en todo país del mundo y ante las organizaciones internacionales, están los caminos culturales, los caminos de la oración, los caminos de la convivencia, de la amistad entre grupos, entre personas, entre familias».

Por ello, el purpurado considera que es necesario «crear lazos y caminos de reconciliación para aumentar las posibilidades, las perspectivas de una paz auténtica y duradera».

En este contexto, para superar el escándalo del hambre, el «el Papa hace un llamamiento a la solidad, a una distribución más justa de los bienes de la tierras, pues la tierra tiene una gran riqueza de recursos, de bienes, pero por desgracia muchas veces son distribuidos de manera injusta».

«El Papa lanza un llamamiento a renovar medidas económicas de ajuste estructural, pues ciertas estructuras son verdaderamente nefastas --denuncia Bertone--. Por tanto, es necesario corregir el comercio, la distribución de los bienes, el intercambio de materias primas con otros bienes que favorezcan el desarrollo de los pueblos».

En este contexto, el Papa recuerda la importancia del «derecho a la libertad religiosa» como «pilar en el que se apoyan los demás derechos humanos. Si se viola el derecho a la libertad religiosa, quedan perjudicados también los demás derechos humanos», concluye el cardenal.