Pedro y Pablo hicieron que la Iglesia de Roma fuera punto de referencia

Palabras completas del papa durante el ángelus. ¡No por el poder del Imperio, sino por la fuerza del martirio, del testimonio dado a Cristo!

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Redacción | 1625 hits

Después de la misa en la basílica en la que el papa Francisco impuso el palio a los obispos metropolitas con motivo de la fiesta de san Pedro y san Pablo, el santo padre desde el estudio pontificio que da hacia la plaza de San Pedro rezó al medio día la oración del ángelus y dirigió algunas palabras a los presentes.

A los peregrinos además, les invitó a rezar en conjunto un Ave María por el patriarca ortodoxo Bartolomeo. En la plaza con motivo de la festividad hodierna fueron compuestos algunos tapetes con pétalos de rosa.

Texto completo del ángelus con las frases improvisadas en el momento por el santo padre, las cuales están en cursiva.


¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy, 29 de junio, es la fiesta solemne de los Santos Pedro y Pablo. De modo especial es la fiesta de la Iglesia de Roma, fundada sobre el martirio de estos dos Apóstoles. Pero también es una gran fiesta para la Iglesia Universal, porque todo el Pueblo de Dios es deudor de ellos por el don de su fe.

Pedro fue el primero en confesar que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Pablo difundió este anuncio en el mundo greco-romano. Y la Providencia quiso que los dos llegaran aquí a Roma y que aquí derramaran su sangre por la fe. Por esta razón la Iglesia de Roma se convirtió, inmediata y espontáneamente, en el punto de referencia para todas las Iglesias esparcidas en el mundo. ¡No por el poder del Imperio, sino por la fuerza del martirio, del testimonio dado a Cristo! En el fondo, es siempre y sólo el amor de Cristo el que genera la fe y el que impulsa hacia adelante a la Iglesia.

Pensemos en Pedro. Cuando confesó su fe en Jesús, no lo hizo por sus capacidades humanas, sino porque había sido conquistado por la gracia que Jesús esparcía, por el amor que sentía en sus palabras y que veía en sus gestos: ¡Jesús era el amor de Dios en persona!

Y lo mismo le sucedió a Pablo, si bien de manera diversa. Pablo de joven era enemigo de los cristianos, y cuando Cristo Resucitado lo llamó en el camino de Damasco su vida fue transformada: ¡Comprendió que Jesús no estaba muerto, sino vivo, y que lo amaba también a él, que era su enemigo! He aquí la experiencia de la misericordia, del perdón de Dios en Jesucristo: esta es la Buena Noticia, el Evangelio que Pedro y Pablo han experimentado en sí mismos y por el cual han dado su vida.

Misericordia, perdón, el Señor siempre nos perdona, el Señor tiene misericordia, es misericordioso, tiene un corazón misericordioso y nos espera siempre. (Aplausos)

Queridos hermanos, ¡qué alegría creer en un Dios que es todo amor, todo gracia! Esta es la fe que Pedro y Pablo han recibido de Cristo y han transmitido a la Iglesia. Alabemos al Señor por estos dos gloriosos testigos, y como ellos, dejémonos conquistar por Cristo, por la misericordia de Cristo.

Recordemos también que Simón Pedro tenía un hermano, Andrés, que compartió con él la experiencia de la fe en Jesús. Es más, Andrés encontró a Jesús antes que Simón, e inmediatamente le habló a su hermano y lo llevó a Jesús. Me agrada recordarlo también porque hoy, según la bella tradición, está presente en Roma la delegación del Patriarcado de Constantinopla, que tiene como patrono precisamente al Apóstol Andrés. Todos juntos enviamos nuestro saludo cordial al Patriarca Bartolomé I y rezamos por él y por esa Iglesia. (Aplausos)

También les invito a rezar, todos juntos, un Ave María por el patriarca Bartolomeo, todos juntos. Ave María...

Recemos también por los arzobispos metropolitanos de diversas Iglesias en el mundo a los cuales acabo de entregarles el palio, símbolo de comunión y de unidad Que nos acompañe y nos sostenga a todos nuestra Madre amada, María Santísima.

Después de rezar el ángelus y benedecir al público presente en la plaza el santo padre prosiguió.

Queridos hermanos y hermanas, con alegría saludo a los peregrinos que han venido de diversos países para festejar a los arzobispos metropolitanos. Rezo por todas sus comunidades; en particular animo al pueblo centroafricano, duramente probado, a caminar con fe y esperanza.

Saludo a todos con afecto a las familias, a los fieles de tantas parroquias y asociaciones; y, en particular a los de la diócesis de Iglesias, de la ciudad de Aragona y de Casale Popolo.

¡Feliz fiesta a todos y buen apetito. Hasta pronto!