Pekín acusa a la Santa Sede y a los mártires chinos de «crímenes enormes»

El Vaticano aclara que la canonización no es una provocación

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CIUDAD DEL VATICANO /PEKIN, 26 sep (ZENIT.org).- Voces autorizadas de la República Popular China han lanzado hoy acusaciones durísimas contra la Santa Sede, a quien acusan de herir al pueblo chino con las próximas canonizaciones de 120 mártires asesinados en territorio chino y de haber cometido «crímenes enormes».



La protestas de Pekín
Los mártires que canonizará el Vaticano, ha afirmado un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Sun Yuxi, han cometido «crímenes enormes» y fueron asesinados en la lucha del pueblo chino contra el imperialismo y el colonialismo. Su canonización «distorsiona y pisotea la historia, quiere embellecer el imperialismo, es una calumnia contra el pueblo chino amante de la paz, hiere los sentimientos de los chinos e insulta su dignidad. El gobierno y el pueblo chino no lo pueden tolerar», afirmó el portavoz en el mismo día en que se hizo pública en China, con bastantes meses de retraso, la decisión del Papa.

Reacción de la Santa Sede
El portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, consideró esta mañana que esta virulenta acusación «no puede dejar de causar profundo dolor a quien ve en la inminente canonización de 120 mártires en China, la exaltación de hombres y mujeres, en su mayoría ciudadanos chinos (87 de 120) que supieron vivir el propio compromiso de fe con coherencia, hasta dar la propia vida».

«La ceremonia del próximo domingo no tiene ningún motivo político y no está dirigida contra nadie --continúa diciendo el portavoz--, ni mucho menos contra el gran pueblo chino, cuyas tradiciones de civilización han sido siempre reconocidas y apreciadas por la Santa Sede, en particular por el papa Juan Pablo II».

Por eso, «acusar de "crímenes enormes" a este grupo de testigos (entre los que se encuentran hombres y mujeres inermes y de todas las edades) es fruto de una lectura unilateral de la historia y una mistificación, si no se presentan pruebas concretas».

«Obviamente, son muy distintas las fechorías que a veces cometieron las potencias coloniales --aclara Joaquín Navarro-Valls--. Pero los que leen desapasionadamente y con objetividad las biografías de los beneméritos misioneros y misioneras que serán canonizados el próximo domingo, no puede por menos que sentirse impresionado y admirado por su abnegación y su deseo de servir al pueblo chino».

El portavoz recuerda que «la Santa Sede procede a una beatificación o a una canonización solamente después de un examen serio y profundo no solamente de las fuentes y de los testimonios históricos sino también de las virtudes heroicas de las personas a quienes rinde homenaje». Por eso, se pregunta: «¿Cómo es posible imaginar que la Santa Sede canonice a personas que han cometido ´crímenes enormes´? Si fuera verdad que se ha distorsionado la realidad histórica, ¿por qué la comunidad china --civil y religiosa-- no reaccionó contra los procesos de beatificación de los 120 mártires, celebrados ya a partir de 1893, bajo el pontificado de León XIII?».

«Con la canonización no se pretende formular un juicio sobre períodos históricos muy complejos, durante los cuales la mayor parte de los 120 mártires fue llamada a dar el propio testimonio supremo --concluye la nota de prensa del portavoz vaticano--. La solemne ceremonia apunta en cambio a hacer que brille, ante la Iglesia y a los ojos de las personas de buena voluntad del mundo entero, la luz de su fe en Cristo, salvador de todos los hombres».

Buena parte de los 120 mártires chinos que serán proclamados santos por Juan Pablo II el próximo domingo, murieron durante la rebelión de los Boxers, en 1900, considerada por el gobierno chino como un movimiento patriótico contra el imperialismo. Algunos historiadores consideran, sin embargo, que estuvo también caracterizada por sentimientos xenófobos.

Protesta de la Iglesia patriótica
A la protesta del gobierno de Pekín, se ha añadido también la Asociación Patriótica Católica. En su primera declaración pública, transmitida por radio y televisión, la Asociación y la Conferencia Episcopal controladas por el partido comunista han denunciado que con estas canonizaciones el Vaticano está tratando de reconquistar el control sobre los católicos y alentar a los creyentes a oponerse al gobierno y al sistema socialista.

Los patrióticos católicos acusan también a los mártires de haber cometido «gravísimos crímenes» y consideran que la elección del 1 de octubre, fiesta nacional de la China Popular, quiere «humillar públicamente» al pueblo chino. La Santa Sede escogió esta fecha pues en ella se celebra a santa Teresita del Niño Jesús, patrona mundial de las misiones.

La declaración de los católicos patrióticos, que anuncia a los chinos la canonización mantenida hasta ahora en secreto, concluye pidiendo al Vaticano que cambie su «política hostil» contra China y que «se arrepienta de sus errores».

En 1951, el recién creado Estado comunista expulsó al nuncio apostólico, rompiendo así sus relaciones con el Vaticano, que mantuvo sus contactos con el gobierno nacionalista huido a Taiwán. Muchos sacerdotes chinos extranjeros fueron encarcelados y acusados de ser expías al servicio del imperialismo occidental.

Desde entonces, el número de los católicos en China ha aumentado significativamente hasta superar en estos momentos los diez millones. Más de la mitad se han negado a pasar a la Asociación Patriótica, a pesar de que esto implique automáticamente la marginación y persecución.