Peligro de que las comunidades de pesca artesanal se extingan

Denuncian en el Congreso Mundial del Apostolado del Mar

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Por H. Sergio Mora

ROMA, domingo 25 noviembre 2012 (ZENIT.org).- Este viernes llegó a su conclusión el XXIII Congreso Mundial del Apostolado del Mar sobre la nueva evangelización en el mundo marítimo, que se realizó en la Ciudad del Vaticano, del 19 al 23 de noviembre, y que tuvo como broche de oro la audiencia que concedió Benedicto XVI a los participantes.

En la jornada del miércoles 22, el congreso organizado por el Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes, propuso la mesa redonda “La pesca: realidad global y su importancia para la misión del Apostolado del Mar”, en la que intervino el sacerdote diocesano costarricense Gustavo Meneses, de Puntarenas.

El sacerdote indicó la difícil situación de las poblaciones costeras que se dedican a la pesca artesanal, muchas veces desalojadas en nombre de una mal entendida protección ambiental, y en cuyos lugares se acaban realizando monocultivos o construyendo complejos turísticos.

“Vengo como representante de la diócesis de Puntarenas en el Pacífico central --indicó el sacerdote--, de un país que a pesar de ser pequeño es muy conocido por su riqueza ecológica”.

Entre los temas abordados, indicó el padre Meneses, "figuró la necesidad de firmar el convenio 188 de 2007, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para la defensa de los marineros embarcados en los grandes buques pesqueros y mercantes".

Dicho convenio exige condiciones de trabajo decente para los pescadores y contiene "disposiciones sobre el empleo, edad mínima para trabajar a bordo de un buque pesquero, certificación médica, horas de trabajo y descanso, alojamiento, instalaciones de esparcimiento, alimentación, protección de la salud, atención médica, bienestar y protección social, etc". Para que entre en vigor debe ser ratificado por 10 de los 180 estados miembros de la OIT, si al menos ocho son estados costeros.

“Costa Rica --indicó- también tiene una gran riqueza cultural que se identifica con el centro del país, aunque se tiene a marginalizar a otras regiones como la del norte, la costera y la atlántica que son muy específicas”.

Añadió que "el gran problema es precisamente que la pesca artesanal no está debidamente contemplada dentro de las políticas de desarrollo, planificadas en las regiones centrales del país, en donde no se considera la participación de los pobladores para elegir sus políticas de crecimiento”.

“Las comunidades de pesca artesanal --explicó- tienen una cultura propia y se amalgaman en torno a la experiencia costera como actividad económica, que en un primer momento fue para responder a las necesidades de alimentación y posteriormente entró en la comercialización”.

Indicó que “existe una ley para proteger la zona marítima terrestre, que entretanto perjudica a las poblaciones pesqueras porque con algunos 'trucos' se logran realizar zonas de cultivo o de turismo y con ello se acaba desalojando a las poblaciones del lugar”.

Entre las otras amenazas que sufren las poblaciones pesqueras señaló “la contaminación, los desechos tóxicos de los monocultivos que terminan en el mar y la sobreexplotación de los recursos marinos, como en el caso de los barcos camaroneros que con el sistema de arrastre dejan sin pesca”.

Esta realidad lleva a las poblaciones locales a vivir mal “a sobrevivir con lo que encuentran, con un ingreso familiar de 140 dólares al mes y con el gran problema de ver que está desapareciendo el producto. Estos son los elementos que hemos identificado, las amenazas que se ciernen”.

Precisó que las poblaciones de pescadores son siempre objeto del apostolado del mar, porque así fue definido en la carta apostólica del papa Juan Pablo II, emitida motu proprio el 2 de julio de 1988, porque se encarga de todos los trabajadores del mar, sus familias y todos los que están en su casa. O sea también los pescadores que salen por la mañana y vuelven por la noche, o los que están varios días afuera.

“Nuestra prioridad --concluyó- son las comunidades de pesca artesanal que son las más vulnerables y existe el peligro que sean extinguidas”.

En cambio el apostolado del mar con los barcos funciona a través de los capellanes de a bordo o acercándose a los trabajadores marítimos que desembarcan.

Para explicar lo enorme que es el apostolado del mar, recordó que, en la mesa redonda “Tradición del evangelio y realidad de la pesca”, el capellán para la pesca en Bélgica, el padre Dirk Demaeght, indicó que ellos tienen un buque que da auxilio a los marineros, yendo de barco en barco.