Perdonar a los enemigos y rezar por ellos, pide Francisco en Santa Marta

Homilí­a de hoy martes: Para los criterios del mundo es un mal negocio, pero este es el camino de Jesús

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Redacción | 1898 hits

Amar a los enemigos es algo difícil. Lo sabemos todos, pero el papa Francisco hoy ha subrayado que “es lo que nos pide Jesús” y que para perdonarlos es fundamentar rezar por ellos, para que el Señor les cambie el corazón.

Lo hizo esta mañana en su misa cotidiana en la capilla de la residencia Santa Marta, la cual fue concelebrada por el cardenal Giuseppe Versaldi, y diversas personas que trabajan en las dependencias del Vaticano.

El santo padre, indica la Radio Vaticano, se interrogó: ¿Cómo podemos amar a nuestros enemigos? ¿A quienes “toman la decisión de bombardear y matar a tanta gente?”. O a “aquellos que por amor al dinero no dejan que las medicinas estén al alcance de los ancianos y los dejan morir?”

Parece una cosa difícil la de amar a nuestros enemigos, pero “Jesús nos lo pide. La liturgia en estos días nos propone esta “actualización de la ley que Jesús ha hecho”. De la ley del monte Sinaí a la ley de las bienaventuranzas. Y recordó que todos nosotros tenemos enemigos, pero en el fondo nosotros mismos podemos volvernos enemigos de los otros.

“También nosotros muchas veces nos volvemos enemigos de los demás: no les queremos. ¡Es Jesús quien nos dice que debemos amar a nuestros enemigos! ¡Y Esto no es fácil! ¡No es fácil!... A veces pensamos que Jesús nos pide demasiado”. Y pensamos: “Dejemos esto para las monjas de clausura que son santas; dejemos esto para alguna alma santa, pero para la vida común esto no funciona. ¡Y esto tiene que funcionar! Jesús dice: “¡No, tenemos que hacer esto!, porque contrariamente somos como los publicanos, como los paganos. No somos cristianos”.

¿Cómo podemos entonces amar a nuestros enemigos?, se interrogó el papa. “Él nos dice dos cosas: miren al padre “que hace resplandecer el sol para los buenos y los malos” y que “hace llover para los justos e injustos”. Porque Dios “ama a todos”.

El santo padre recordó que Jesús nos invita “a ser prefectos como el Padre es perfecto”. Y Jesús “perdona a sus enemigos”.

En cambio, añadió el papa, “vengarse no es cristiano”. Y volvió a interrogarse. “¿Cómo podemos entonces lograr a amar a nuestros enemigos? Rezando -aseguró- porque cuando uno reza por quien te hace sufrir, es como si el Señor viene con el aceite y prepara nuestros corazones a la paz”.

¡Rezar! Es lo que Jesús nos aconseja: “Recen por sus enemigos, por aquellos que les persiguen. ¡Recen! Y díganle a Dios: “Cámbiale el corazón, tiene un corazón de piedra, pero cámbialo, dale un corazón de carne, que sienta el bien y que ame”.

Y dejo aquí una pregunta -dijo Francisco- para que cada uno de nosotros la responda en su corazón: “¿Rezo yo por mis enemigos? ¿Rezo por aquellos que no me quieren? Si nosotros decimos 'sí', yo les digo: sigan adelante, recen más, ese es un buen camino. Si la respuesta es 'no', el Señor dice: Pobrecito, también tú eres enemigo de los otros”.

Podemos decir: pero este combinó una cosa tremenda. O estos hicieron cosas malas. Y esto daña a la humanidad. Y con este argumento queremos realizar una venganza o aquel 'ojo por ojo, diente por diente'. Es verdad, dijo el papa Francisco, el amor por los enemigos “nos empobrece”. Pero “nos hace pobres como Jesús que cuando vino al mundo se rebajó y se hizo pobre” por nosotros.

Alguien podrá decir que esto no es un buen negocio. Seguramente, exclamo: “¡Para los criterios del mundo no es un buen negocio! Pero este es “el camino que recorrió Jesús”, que de rico se hizo pobre por nosotros. En una pobreza “en la que está la gracia que nos justifica a todos y nos hace ricos” porque “es el misterio de la salvación”.

“Nosotros que estamos hoy en esta Misa, pensemos en nuestros enemigos y en aquellos que no nos quieren: sería hermoso que ofreciésemos la Misa por ellos: Jesús, el sacrificio de Jesús, por ellos, por aquellos que no nos aman. Y también por nosotros -concluyó el papa- para que el Señor nos enseñe esta sabiduría tan difícil, pero tan hermosa porque nos vuelve semejantes al Padre, a nuestro Padre, que hace surgir el sol para todos, buenos y malos.