Peregrinos húngaros festejan en Roma el milenio del cristianismo en su país

Juan Pablo II: una ocasión única para la conversión

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CIUDAD DEL VATICANO, 9 oct (ZENIT.org).- La crisis de la familia, la cultura de la vida, la esperanza que transmite la fe de los jóvenes hoy... Estos fueron los temas que trató Juan Pablo II esta mañana al encontrarse, en la Basílica de San Pedro del Vaticano con 4 mil peregrinos húngaros, llegados a Roma bajo la guía del cardenal Làszlò Paskai con motivo de su peregrinación nacional.



El momento tenía una particular solemnidad por la «feliz coincidencia», como observó el pontífice, entre dos acontecimientos extraordinarios: el gran Jubileo del año 2000 y el Milenio del cristianismo magiar, que comenzó con la entrega de la corona del Papa Silvestre II al rey San Esteban.

Durante la eucaristía que precedió la audiencia papal esta mañana, se inauguró en la misma Basílica vaticana una lápida en recuerdo de la casa para peregrinos húngaros que creó el mismo San Esteban junto a la tumba del apóstol Pedro.

Hablando del Jubileo, «como una ocasión única de conversión», en su discurso, leído por un sacerdote húngaro, Juan Pablo II recordó el compromiso de los creyentes para afrontar la «difícil crisis» que atraviesa hoy la familia y que «parece manifestar el olvido de los valores fundamentales humanos y cristianos, factores indispensables para el progreso civil y moral de la humanidad».

«Las complejas problemáticas que afectan a la institución familiar --escribió en este sentido el Papa en el discurso-- tienen que llevar a los creyentes a redescubrir y a vivir los valores del matrimonio y de la familia, tal y como son propuestos por la Iglesia, para imprimir un nuevo empuje a la construcción de la civilización del amor».

Precisamente la atención por la familia llevará a «promover a todos los niveles la cultura de la vida --añadió-- que exige la defensa de la persona humana desde la concepción hasta su ocaso, la promoción del valor de la paternidad y de la maternidad, así como el reconocimiento del papel fundamental desempeñado por la mujer en el trabajo doméstico y en la educación de los hijos».

El Papa recordó, a continuación, la reciente Jornada Mundial de la Juventud, en la que participaron varios miles de jóvenes húngaros, indicado en su testimonio y entusiasmo, en su fe jovial «un signo de esperanza para todos, que difunde aliento y exhorta a no tener miedo ante el futuro».

En el contexto de las celebraciones con motivo del milenio del cristianismo en el Estado húngaro, Juan Pablo II recibió el pasado 22 de septiembre al presidente de la República Ferenc Màdl, que al día siguiente ofreció un concierto en el Vaticano como signo de gratitud por todo lo que el Papa y la Santa Sede han hecho a través de la historia por la nación magiar (Cf. «Hungría celebra los mil años de su fundación con Juan Pablo II»).

El cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano, hizo una visita a Budapest, donde el 20 de agosto pasado presidió una solemne celebración en memoria de San Esteban (Cf. «53 años después, Budapest sale en procesión en el día de su santo patrón»).