Pobreza y celibato, elementos decisivos del testimonio sacerdotal

Intervención de Juan Pablo II ante un grupo de obispos nigerianos

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CIUDAD DEL VATICANO, 22 abril 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II considera que ante las tentaciones que hoy día experimenta el sacerdote, tiene una importancia decisiva su testimonio de pobreza evangélica y su vivencia del celibato como entrega a Dios y a la Iglesia.



Al encontrarse este sábado con un grupo de obispos de Nigeria, que concluía su quinquenal visita «ad limina» a la Santa Sede, el Papa recordó que el «compromiso por una incesante conversión personal es un componente esencial en la vida y ministerio sacerdotales».

«El sacerdocio nunca debe ser visto como un medio para subir de nivel de vida o para ganar prestigio. Sacerdotes y candidatos al sacerdocio viven con frecuencia a un nivel material y educacional superior al de sus familias y miembros de su propio grupo de edad --constató refiriéndose en particular a la situación africana--; por eso, es muy fácil para ellos sucumbir a la tentación de pensar que son mejores que los demás».

«Cuando sucede esto, el ideal del servicio sacerdotal y de la entrega pueden desfallecer, dejando al sacerdote insatisfecho y desalentado», reconoció el obispo de Roma.

«Por esta razón, vuestras vidas y las de vuestros sacerdotes deben reflejar una pobreza auténtica y un desapego de cosas y actitudes mundanas, asimismo el valor del celibato debe ser salvaguardado como un completo don de sí mismo al Señor y a su Iglesia».

El Santo Padre dijo con claridad a los prelados nigerianos que «comportamientos que podrían dar escándalo deben ser cuidadosamente evitados, y vosotros mismos debéis investigar las acusaciones sobre cualquier comportamiento de este tipo, tomando pasos firmes para corregirlos».

«En este sentido, la formación en el seminario es muy importante, pues las convicciones y el entrenamiento práctico impartido a los futuros sacerdotes son esenciales para el éxito de la misión de la Iglesia».

El pontífice dejó a los obispos nigerianos una consigna particular: «como auténticos padres, la renovación espiritual y el crecimiento de vuestros sacerdotes debe ser una de vuestras prioridades».