Poner fin a las pruebas de armas nucleares debe ser objetivo de todo Estado, pide la Santa Sede

El arzobispo Migliore en la Conferencia del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares

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NUEVA YORK, viernes, 23 septiembre 2005 (ZENIT.org).- «Poner fin para siempre a las pruebas de armas nucleares debe ser objetivo de todo Estado», advirtió el jueves en Nueva York el observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, el arzobispo Celestino Migliore.



Esa es la meta del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBT, por sus siglas en inglés). Sobre la facilitación de su entrada en vigor se celebra en la sede de la ONU una Conferencia del 21 al 23 de este mes.

Desde su aprobación en 1996, hasta el momento 176 Estados han firmado dicho Tratado y 125 lo han ratificado; con todo su entrada en vigor «es impedida por la falta de universalidad», alertó el prelado en su intervención, difundida este viernes por la Sala de Prensa del Vaticano.

El Tratado prohíbe toda experimentación nuclear e instaura una red de verificación diseminada en el mundo, que debería incluir 321 puestos de control y 16 laboratorios instalados en 90 países, capaces de detectar explosiones nucleares en cualquier punto de la superficie terrestre.

Este viernes la emisora pontificia subrayó la razón de la falta de entrada en vigor de este Tratado en el rechazo a su ratificación por parte de 11 países de un grupo más amplio de 44 que tienen programas nucleares.

«Han dicho hasta ahora “no” al Tratado los Estados Unidos, China, Pakistán, la India, Corea del Norte, Israel, Colombia, Vietnam, Egipto, Irán e Indonesia –recordó “Radio Vaticano”--. Un “no” que pesa sobre toda la comunidad internacional».

«La Santa Sede hace un llamamiento a aquellos Estados cuya ratificación es necesaria para la entrada en vigor del Tratado –expresó el arzobispo Migliore en la Conferencia en Nueva York--. Alcanzar la universalidad en poner fin al desarrollo de las armas atómicas representaría un valeroso liderato y un elevado sentido de responsabilidad política en la promoción de la cultura de la paz basada en la primacía de la ley y en el respeto de la vida humana».

El representante vaticano ante la ONU aludió igualmente al fracaso de la reciente conferencia sobre el Tratado de no proliferación [de armas nucleares]. «Toda la humanidad debe preocuparse por el hecho de que los armamentos nucleares estén convirtiéndose en una característica permanente de algunas doctrinas militares», añadió.

«Es necesario responder a estos peligros crecientes aumentando nuestra resolución en la construcción de un cuerpo de derecho internacional para respaldar un mundo libre de armas nucleares», advirtió; de hecho, «el CTBT, una vez que entrara en vigor, sería un pilar de derecho internacional».

No dudó el prelado en recordar además que «la labor del CTBT demuestra cómo sus técnicas de verificación, diseñadas para detectar explosiones nucleares, son prometedoras en ayudar a los sistemas de alarma de tsunamis».

La Santa Sede ratificó el CTBT el 18 de julio de 2001.