¿Por qué, en condiciones extremas, unos se 'humanizan' y otros se convierten en 'bestias'?

"La felicidad inadvertida", del profesor José B. Freire, tiene algunas sorprendentes respuestas

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Por Nieves San Martín

MADRID, lunes 8 octubre 2012 (ZENIT.org).- ¿Quien podría decir hoy que no aspira a la felicidad? Sin embargo, si se hace una encuesta en la calle, cada persona cifrará su felicidad en cosas muy diferentes, en objetos materiales, estados de ánimo, casi siempre en objetivos que dependen de las circunstancias. Un especialista en el trabajo de Viktor Frankl, el médico judío internado en un campo de concentración, José Benigno Freire, profesor de Psicología de la Personalidad en la Universidad de Navarra, afirma en cambio que la felicidad está en el meollo del propio ser humano y allí hay que buscarla, cuidarla y desarrollarla, no sin fatiga.

Para probarlo, el profesor Freire emprendió una búsqueda de lo que llama “felicidad inadvertida”, en el ambiente menos propicio del mundo y tal vez de la historia: los campos de concentración nazis. Así ha dado forma a un relato apasionante a través del análisis de los testimonios de los internados en esos lugares del horror más abyecto.

El libro “La felicidad inadvertida”, de la editorial Eunsa, de la Universidad de Navarra, es el resultado de este verdadero rastreo de “trozos de felicidad” que resultarían increíbles si no es porque los mismos prisioneros los han dejado escritos: momentos de ternura, de contemplación de la belleza, de generosidad, que relatan los protagonistas, con dulces palabras en claro contraste con la grisura de la cotidiana lucha por la supervivencia.

Como un especialista en gemas, que va recogiendo piedras preciosas que reflejan una luz más alta, José Benigno Freire ofrece ese tesoro descubierto, envuelto en un itinerario de seis pasos que llevan, cada vez en un escalón más alto, al encuentro de la “felicidad inadvertida” y la superación del desencanto de la vida cotidiana.

ZENIT ha repasado, en esta entrevista con el profesor José Benigno Freire, esos pasos que conducen a la superación del desencanto.

Usted habla de "nostalgia de lo cotidiano" en un campo de concentración, una nostalgia que humaniza, y extrae una lección para el hombre de a pie. ¿Cuál?

--Prof. Freire: Resultaba curioso que, en los escasos momentos de un cierto sosiego o tranquilidad, los prisioneros regresaban con añoranza a su vida anterior. Y no se acordaban de sus éxitos o de sus logros sociales o personales; generalmente recordaban detalles menudos de la vida habitual: el sofá de casa, una ducha en agua caliente, la calidez del pan recién hecho, el beso nocturno al despedirse de la madre… Unos detalles que Primo Levi describió con una expresión agraciada: sentían dolor de hogar. Esta experiencia no debe interpretarse en clave emotiva, porque eran los sentimientos de unas personas que vivían con la muerte escondida detrás de un cercano amanecer. En esas condiciones uno no está para lirismos sentimentales. Por lo tanto, constituyen un valor objetivo. Por eso animo a los lectores a que los disfruten, y que por su cotidianidad no los dejen pasar inadvertidamente.

La contemplación de la belleza ¿puede salvar del envilecimiento o la locura? ¿por qué?

--Prof. Freire: Sí. Pero más que un antídoto es un síntoma de la madurez interior. La percepción de la belleza y la conmoción emocional o estética, surgen como una manifestación de que la persona atiende a unas solicitaciones que traspasan las apetencias exclusivamente corporales. Disfrutar con la naturaleza, la música, la pintura, la belleza de una película, el apagado resplandor de una puesta de sol… es señal de que las entretelas de la persona se activan por el regusto de la belleza, un trascendental del ser.

El humor tiene una función en la psicología. ¿puede explicar cuándo el humor hace más humana a una persona?

--Prof. Freire: El humor puede tener múltiples orígenes. Desde lo chabacano o rudo, hasta representar un chispazo de la exquisitez de la inteligencia humana. De todos esos posibles orígenes el más humano es el humor que germina en el amor: cuando una persona utiliza todos sus recursos para aliviar el sufrimiento de otro, para ayudar a otro sin ser notado. Así, el humor brota espontáneo, afable y expansivo. Muchos malos momentos de la vida se pueden esconder en el hueco interior de una sonrisa.

¿La dignidad humana tiene una gran relación con el saber gobernarse a sí mismo?

--Prof. Freire: Sí, porque en la intimidad anidan las bridas del comportamiento. Si una persona actúa siguiendo el dictamen de su coherencia interior, mantiene una fuerza y constancia más intensa que si actuara en función de los movedizos y tornadizos intereses de los requerimientos o instigaciones externos a su dignidad.

¿Qué entiende por aceptar la limitación de lo real?

--Prof. Freire: Una cosa muy sencilla, que nos suele alejar de la felicidad. La felicidad absoluta –completa y total- no existe por la limitación inherente al ser humano. Si anheláramos esa felicidad viviríamos con una sensación de desencanto habitual. Hay que convencerse que la única felicidad razonable, real, es la que permite disfrutar de la vida, con sus alegrías y bonanzas, en el espacio realista de los problemas, enfermedades, fracasos, dificultades, obstáculos… Todo lo demás pertenece al terreno de la fantasía.

Su última propuesta en este libro es una invitación a superar el desencanto en la vida de cada uno. Entonces, ¿la felicidad se construye día a día?

--Prof. Freire: El desencanto ha de entenderse en el sentido de la pregunta anterior: situarse en el espacio de la limitación de lo real. La vida puede ser un experimento fantástico, engatusante y engatusador, siempre que no perdamos de vista las coordenadas de lo real. Y para disfrutar de la vida hay que zambullirse de bruces en el único tiempo capaz de sentir la hondura de vivir: ahora, hoy.

¿A lo largo de la investigación o de la elaboración del trabajo ha encontrado algo inesperado o que le sorprendiera especialmente?

--Prof. Freire: Sí, y mucho. La inicialmente impensable cantidad de rosas frescas (bondad humana) que cuajaron y crecieron en aquel atroz estercolero.

*José Benigno Freire es doctor en Pedagogía (Universidad de Navarra), licenciado en Psicología (Universidad Complutense), en Filosofía y en Ciencias de la Educación (Universidad de Navarra). Profesor de Psicología de la Personalidad en el Departamento de Educación y en el Master de Matrimonio y Familia (Universidad de Navarra). Ha publicado en Eunsa: ¡Vivir a tope!; Lo humanístico en la logoterapia de Viktor Frankl; Un veneno que cura.Y en Ediciones Internacionales Universitarias la novela La dulzura de una desilusión.

El libro se puede encontrar en: http://www.amazon.es/Felicidad-inadvertida-Astrolabio-Benigno-Freire/dp/8431328770/ref=sr_1_3?ie=UTF8&qid=1349698927&sr=8-3&tag=zenit058-21