¿Por qué un país africano no puede decir al mundo cómo vivir la fraternidad?

Despedida de Benedicto XVI en su segundo viaje a África

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COTONÚ, lunes 21 noviembre 2011 (ZENIT.org).- Benedicto XVI regresó ayer al Vaticano desde Benín, país en el que vivió intensísimas jornadas, con mensajes que calarán en el pueblo africano y peticiones urgentes a los líderes políticos y económicos para que no defrauden la esperanza de las nuevas generaciones. Este domingo, por la tarde, el santo padre, desde el aeropuerto de Cotonú, dirigió un mensaje de despedida.

Benedicto XVI se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al aeropuerto internacional Cardenal Bernardin Gantin, donde se celebró la ceremonia de despedida, en presencia del presidente de la República, autoridades políticas y civiles, obispos del país y un grupo de fieles.

Tras las palabras del presidente Thomas Boni Yayi, el papa pronunció un discurso en el que agradeció la acogida y cordialidad del pueblo y autoridades beninesas, así como los líderes eclesiales, los fieles católicos sin olvidar a los «voluntarios que han contribuido generosamente al éxito en estos días».

«Quise volver a visitar de nuevo el continente africano, por el que tengo una especial estima y afecto, pues estoy íntimamente convencido de que es una tierra de esperanza. Ya lo he dicho en muchas otras ocasiones. Aquí se encuentran valores auténticos, capaces de aleccionar a todo el mundo, y que reclaman ser extendidos con la ayuda de Dios y la determinación de los africanos», reiteró Benedicto XVI, con una definición del continente olvidado en la que cree firmemente.

«La exhortación apostólica postsinodal Africae Munus –añadió- puede ayudar mucho a eso, pues abre perspectivas pastorales y suscitará iniciativas interesantes. Se la confío al conjunto de los fieles africanos, que sabrán estudiarla con atención y traducirla en acciones concretas en su vida diaria. El cardenal Gantin, ese eminente beninés, cuyo prestigio ha sido reconocido hasta el punto de que este aeropuerto lleva su nombre, participó conmigo en muchos sínodos, aportando una contribución esencial y apreciada. Que él acompañe la aplicación de este documento».

Durante esta visita, dijo Benedicto XVI, pudo encontrarse con representantes de la sociedad de Benin, y miembros de la Iglesia. Estos numerosos encuentros, según el papa, «dan testimonio de la posibilidad de una coexistencia armoniosa en el seno de la nación, y entre Iglesia y el Estado».

La buena voluntad y el respeto mutuo, explicó «son esenciales para construir la unidad entre las personas, los grupos étnicos y los pueblos».

«Vivir juntos fraternamente, no obstante las legítimas diferencias, no es una utopía. ¿Por qué un país africano no podría indicar al resto del mundo el camino a tomar para vivir una fraternidad auténtica en la justicia, fundada en la grandeza de la familia y del trabajo? Que los africanos vivan reconciliados en la paz y la justicia. Estos son los deseos que expreso con confianza y esperanza antes de salir de Benin y el continente africano”, afirmó.

Concluyó animando “a todo el continente a ser cada vez más sal de la tierra y luz del mundo. Que por la intercesión de Nuestra Señora de África, Dios les bendiga a todos».

Y repitió su saludo de llegada en lengua fon: «¡Dios bendiga a Benin!»

Cuando abandonaba el espacio aéreo de Benín, envió un telegrama al presidente de la República Thomas Boni Yayi: «Al término de mi viaje apostólico a su país, tengo la alegría de dirigir de nuevo a su excelencia y a sus compatriotas mis mejores deseos. Conmovido, doy gracias al Señor por la acogida cordial que me ha ofrecido, para el buen desarrollo y el gran éxito de este viaje. Expreso de nuevo mi gratitud a todos quienes han actuado y colaborado en su organización y en su seguridad. ¡De todo corazón, invoco para su excelencia y todos sus compatriotas la abundancia de las bendiciones divinas!».