Por una Iglesia ministerial

Laicos y sobre todo catequistas, colaboradores indispensables en la tarea evangelizadora

San Cristóbal de las Casas, (Zenit.org) Felipe Arizmendi Esquivel | 713 hits

SITUACIONES

El Estado de Chiapas y otros Estados del sur del país tienen las cifras más bajas de católicos y las más altas de protestantes. Es un dato no exclusivo de nuestra diócesis. Entre otras razones, se afirma que se debe a la falta de sacerdotes que hubo en esta región, cuando la tarea pastoral estaba concentrada en los presbíteros, con poca incidencia de los fieles laicos. A partir del Concilio Vaticano II, nuestras diócesis han involucrado a muchísimos laicos, sobre todo catequistas, como colaboradores indispensables en la tarea evangelizadora, y se ha frenado el acelerado descenso de católicos. Nosotros contamos con unos ocho mil catequistas, la mayoría indígenas, dedicados a atender a sus comunidades.

Como una prolongación de mis bodas de oro sacerdotales, se organizó aquí un Coloquio Teológico-Pastoral, con el objetivo de fortalecer e impulsar el caminar de nuestra Iglesia diocesana, profundizando en su ser y quehacer como Iglesia ministerial inculturada, que dé respuesta a los desafíos que presenta la realidad de hoy. El tema fue: La Iglesia ministerial inculturada, a partir del Concilio Vaticano II, en América Latina. Nos propusimos como lema: Por una Iglesia ministerial que construya la unidad en la diversidad. Estamos conscientes de la necesidad de muchos ministerios, ordenados y no ordenados, y de otros servicios apostólicos que se requieren para la evangelización, no sólo a nivel interno eclesial, sino también para hacer llegar el amor misericordioso de Dios a las periferias existenciales existentes, como alcohólicos y drogadictos, enfermos, presos y migrantes, jóvenes sin horizonte y sin sentido, mujeres infravaloradas y violentadas, quienes tienen otras tendencias de género, universitarios y creadores de opinión, líderes sociales y políticos, artistas, etc.

ILUMINACION

En Aparecida, resaltamos que “la condición del discípulo brota de Jesucristo como de su fuente, por la fe y el bautismo, y crece en la Iglesia, comunidad donde todos sus miembros adquieren igual dignidad y participan de diversos ministerios y carismas” (DA 184).

Se pide que “los párrocos sean promotores y animadores de la diversidad misionera”, pues “una parroquia renovada multiplica las personas que prestan servicios y acrecienta los ministerios. Se requiere imaginación para encontrar respuesta a los muchos y siempre cambiantes desafíos que plantea la realidad, exigiendo nuevos servicios y ministerios. La integración de todos ellos en la unidad de un único proyecto evangelizador es esencial para asegurar una comunión misionera” (DA 202).

Los laicos también están llamados a participar en la acción pastoral de la Iglesia, primero con el testimonio de su vida y, en segundo lugar, con acciones en el campo de la evangelización, la vida litúrgica y otras formas de apostolado, según las necesidades locales bajo la guía de sus Pastores. Ellos estarán dispuestos a abrirles espacios de participación y a confiarles ministerios y responsabilidades en una Iglesia donde todos vivan de manera responsable su compromiso cristiano” (DA 211).

La diversidad de carismas, ministerios y servicios, abre el horizonte para el ejercicio cotidiano de la comunión. Cada bautizado, en efecto, es portador de dones que debe desarrollar en unidad y complementariedad con los de los otros, a fin de formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para la vida del mundo. El reconocimiento práctico de la unidad orgánica y la diversidad de funciones asegurará mayor vitalidad misionera” (DA 162)

COMPROMISOS

Se requiere “una valiente acción renovadora de las Parroquias, a fin de que sean de verdad espacios de la iniciación cristiana, de la educación y celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de sus habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y supraparroquiales y a las realidades circundantes” (DA 170). Ojalá caminemos más por estos senderos.