Por una sociedad plural

Un ambiente de respeto mutuo para unir fuerzas en la lucha contra la pobreza

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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, domingo 7 octubre 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos la colaboración habitual del obispo de San Cristóbal de Las Casas Felipe Arizmendi Esquivel, en nuestro espacio "Foro". Esta vez el obispo mexicano pide unidad frente a las divisiones del país, en concreto para aunar esfuerzos en la lucha contra la pobreza.

+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo de San Cristóbal de Las Casas

HECHOS

Hay muchos signos de fractura social, política, cultural y también religiosa. Hay enfrentamientos, violencia verbal y agresiones físicas, entre grupos, organizaciones, partidos y creencias. Hay posturas radicales y excluyentes, que se quieren imponer no por la fuerza de la razón, sino por la razón de la fuerza. En algunos casos, nada valen las leyes civiles, ni las divinas; cada grupo o persona intenta lograr lo que piensa y quiere, sin importarle derechos de los demás. Se escuchan groserías, lenguajes vulgares, ofensas y calumnias, con tal de desprestigiar al otro, amedrentarlo y lograr el propio objetivo.

Hay muchas divisiones en el país: por las desigualdades sociales y la forma como se ha enfrentado el narcotráfico; por las diferencias políticas y culturales. Pareciera que somos incapaces de vivir en respeto, armonía y paz, dentro de una legítima pluralidad, y que la solidaridad fuera sólo una palabra vacía. Pareciera que es imposible concertar acuerdos para construir el bien nacional, sobre todo en favor de los más desprotegidos.

La que debería ser una normal confrontación de ideas, se torna una lucha sin opciones para lograr un diálogo respetuoso y maduro. En el cambio de ayuntamientos en Chiapas, los inconformes con los resultados electorales expresan en forma violenta sus desacuerdos, incluso con heridos, incendios y saqueos. Por problemas no resueltos oportunamente por las autoridades competentes, o por intereses de grupos y de líderes, sufrimos constantemente bloqueos carreteros, en que se obstruye a quienes nada tenemos que ver en los conflictos, el derecho al libre tránsito. Todavía hay casos de intolerancia religiosa hacia grupos minoritarios o disidentes, a pesar de nuestra insistencia en que se respete el derecho de todos a la libertad de creencias.

CRITERIOS

El Papa Benedicto XVI, en su reciente viaje a Líbano, expresó: “Es grato ver los gestos de colaboración y verdadero diálogo que construyen una nueva manera de vivir juntos. Una mejor calidad de vida y de desarrollo integral sólo es posible compartiendo las riquezas y las competencias, respetando la identidad de cada uno. Pero un modo de vida como éste, compartido, sereno y dinámico, únicamente es posible confiando en el otro, quienquiera que sea. Hoy, las diferencias culturales, sociales, religiosas, deben llevar a vivir un tipo nuevo de fraternidad, donde lo que une es justamente el común sentido de la grandeza de toda persona, y el don que representa para ella misma, para los otros y para la humanidad. En esto se encuentra el camino de la paz. En ello reside el compromiso que se nos pide. Ahí está la orientación que debe presidir las opciones políticas y económicas, en cualquier nivel y a escala mundial.

Para abrir a las generaciones futuras un porvenir de paz, la primera tarea es la de educar en la paz, para construir una cultura de paz… Evidentemente, hay que desterrar la violencia verbal o física. Esta es siempre un atentado contra la dignidad humana, tanto del culpable como de la víctima… Pensamientos de paz, palabras de paz y gestos de paz crean una atmósfera de respeto, de honestidad y cordialidad, donde las faltas y las ofensas pueden ser reconocidas con verdad para avanzar juntos hacia la reconciliación. Que los hombres de Estado y los responsables religiosos reflexionen sobre ello” (15-IX-2012).

PROPUESTAS

Aprendamos a escucharnos con respeto, con apertura de mente y corazón, empezando por la familia, entre esposos y padres e hijos. Eduquémonos para aceptar la pluralidad de pensamientos, religiones, culturas y opciones políticas. No vale lo mismo cualquier religión, pero toda persona merece respeto. No es igual un partido que otro, una u otra organización. No es indiferente moralidad que inmoralidad, gracia o pecado; pero toda persona tiene una dignidad, que Dios le dio y que El mismo respeta, aunque esté equivocada. El ama a los pecadores y no les quita su libertad; espera con amor que se conviertan.

En la lucha contra la pobreza y la marginación, deberíamos unirnos todos, más allá de nuestras normales divergencias.