Portavoz vaticano: El ayuno de imágenes ayuda a escuchar la Palabra

El padre Lombardi comenta la propuesta del Papa para Cuaresma

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 13 febrero 2008 (ZENIT.org).- El «ayuno de imágenes» propuesto por Benedicto XVI en esta Cuaresma prepara el alma para la escucha de la Palabra de Dios, explica el portavoz vaticano.

El padre Federico Lombardi, S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha comentado en el editorial del último número de «Octava Dies», semanario del Centro Televisivo Vaticano, del que también es director, esta propuesta «particularmente actual y original» del obispo de Roma, presentada en el encuentro que mantuvo con sacerdotes de Roma el 7 de febrero pasado.

«Hablando del anuncio del Evangelio en nuestro contexto cultural, el Papa observó que vivimos en una época en la que estamos inundados de palabras e imágenes, tan numerosas y confusas que pierden su valor y es difícil reconocer en ellas significados profundos»¸ explica el padre Lombardi.

«Por este motivo, tenemos necesidad no sólo de un ayuno corporal, sino quizá más aún de un "ayuno" de palabras y de imágenes para volver a encontrar el espacio del silencio interior en el que podemos escuchar la Palabra, la Palabra de Dios, la Palabra con "p" mayúscula», considera.

«En esta época de desarrollo explosivo de las comunicaciones, es una pista de reflexión y de búsqueda espiritual importante. Difícil, pero vital. Es más urgente que nunca una disciplina, llamémosla ascética, en el uso de la comunicación para saber usarla para el bien y para no ser esclavos».

Recordando que el Papa constató que sea da «un positivo renacimiento del arte y de la música cristianos», el padre Lombardi considera que es necesario alimentar «nuestra visión y nuestra vida interior, nuestra imaginación, nuestros sentidos interiores, con la belleza purificadora».

«Jesús es la verdadera imagen de Dios --aclara--. Hay que volver a contemplar, con los ojos físicos y con los interiores, no sólo las imágenes del Evangelio, sino toda forma de belleza que sea capaz de liberar el espíritu».

En definitiva, concluye, se trata de «volver a educar nuestra fe en la escucha y en la visión. Pues la fe es precisamente un escuchar y un ver».