Portavoz vaticano: Esperanza divina…, pero también esperanzas humanas en Navidad

Según el padre Federico Lombardi

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 diciembre 2007 (ZENIT.org).- La moratoria de la pena de muerte aprobada por la ONU y la nueva propuesta de «laicidad positiva» del presidente de Francia, Nicholas Sarkozy, son dos motivos de esperanza, según el portavoz vaticano.

Así lo ha expuesto el padre Federico Lombardi, S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, subrayó en el último editorial de «Octava Dies», seminario de información del Centro Televisivo Vaticano, del que también es director.

«En tiempo de Navidad todos deseamos y esperamos que puedan tener lugar novedades positivas -ha explicado--. El nacimiento de Cristo es la gran novedad, una novedad definitiva, pero no elimina la importancia de otras novedades que acaecen en este mundo, es más, ayuda a leer más profundamente  su significado y a hacerlo menos pasajero».

Desde este punto de vista, el sacerdote recuerda «dos novedades de los últimos días, novedades del mundo, no de la vida de la Iglesia propiamente hablando, aunque la Iglesia participar en ellas intensamente».

La primera es la aprobación por parte de la Asamblea de las Naciones Unidas de la moción sobre la moratoria de la pena de muerte.

«Un resultado que no significa que la pena de muerte desaparezca del mundo ni que el consenso sea universal, pero constituye un paso importante hacia una conciencia común del respeto de la vida, de una adecuada conciencia de los límites de la justicia humana y de una visión regeneradora y no vengativa de la pena», ha explicado.

«La Iglesia católica lucha con valentía contra el aborto y la eutanasia, se compromete también con constancia por hacer que pierda terreno la pena de muerte en el mundo».

La segunda novedad «es la claridad con la que el presidente francés Sarkozy ha reconocido la importancia de las raíces cristianas de su país y ha propuesto una visión nueva y positiva de la laicidad del Estado, en la que la contribución de los creyentes y de la Iglesia es deseada y buscada como esencial para la construcción común, en parte y sobre todo para alimentar esa esperanza sin la cual el mundo convierte en un desierto».

«Esperanzas humanas que, como enseña el Papa Benedicto XVI en su última encíclica, el creyente ve y vive a la luz de la gran Esperanza. Para todo el mundo y para todos», concluye el padre Lombardi.