Precisiones del cardenal Kasper sobre el tema de los divorciados vueltos a casar

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ROMA, lunes, 28 noviembre 2005 (ZENIT.org).- El presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, el cardenal Walter Kasper, hizo pública el viernes en el diario católico «Avvenire»


precisiones sobre el tema de los divorciados vueltos a casar, a propósito de una serie de declaraciones que en días pasados se le han atribuido erróneamente en la prensa.

Ofrecemos la traducción del texto íntegro del purpurado.

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Con ocasión del XL aniversario de la declaración conciliar Nostra aetate, se celebró en la sala de la «Prensa extranjera» una conferencia de prensa sobre el estado actual de las relaciones ecuménicas y de las relaciones religiosas con el judaísmo. Mi discurso de apertura, así como el debate sucesivo (a excepción de una sola intervención), se centró en el tema citado. Sin embargo, quien hojeó los diarios italianos del día después (salvo Avvenire, que informó de forma correcta) no encontró una sola palabra sobre el tema de la conferencia de prensa, sino un informe detallado sobre el tema de los divorciados vueltos a casar.

La sorpresa para mí, como para muchos lectores, fue grande. De hecho, varios artículos sugerían no sólo que yo había apoyado la admisión de los divorciados a la Comunión, sino que consideraba posible que el Papa aportase un cambio a la proposición del Sínodo de los obispos sobre el tema [Cf. Proposición 40, Zenit, 27 octubre 2005. N de la r.]. La polvareda levantada se difundió mientras tanto también en la prensa exterior, que al principio había referido correctamente lo ocurrido.

También se sorprendió de ello la «Prensa extranjera», que procedió a transcribir la grabación de la discusión. De ésta se desprende cuanto sigue. Durante el intercambio de preguntas-respuestas se dirigió una sola pregunta sobre el tema de los divorciados vueltos a casar; a ella no se le dio continuación, al considerarse no pertinente respecto al tema. Me limité a exponer los siguientes puntos: 1) no soy un profeta y no sé cómo el Santo Padre utilizará la proposición del Sínodo de los obispos; 2) se trata de un serio problema pastoral, como bien sabe cualquiera que tenga experiencia en el terreno del cuidado de las almas; 3) no es posible una admisión general a la Comunión, pero existen casos individuales sobre los que es oportuno reflexionar ulteriormente. Por lo que respecta a la última afirmación, me relacioné expresamente a cuanto el Santo Padre dijo a un grupo de sacerdotes en el Valle de Aosta el verano pasado [Cf. Zenit, 28 julio 2005. N de la r.]. Añadí, en cualquier caso, que no tenía la solución.

No existe en efecto una fácil solución. Todo teólogo católico bien sabe que la respuesta puede encontrarse sólo sobre la base de las enseñanzas de Jesús y de la doctrina de la Iglesia a propósito de la indisolubilidad del matrimonio. Si queremos permanecer fieles a las palabras de Jesús, sólo podemos decir que, cuando se ha contraído un matrimonio con valor sacramental, mientras el cónyuge viva no puede haber un segundo matrimonio sacramental reconocido por la Iglesia. El matrimonio civil de un divorciado objetivamente está en contradicción con las enseñanzas de Jesús.

En determinadas circunstancias, los tribunales eclesiásticos pueden ser de ayuda declarando nulo el primer matrimonio. Existen sin embargo casos complejos desde el punto de vista pastoral: por ejemplo, cuando el primer matrimonio, por más que sea válido, se contrajo de forma superficial y, al final, fracasa, mientras que el segundo se vive de manera conscientemente cristiana y resulta feliz y armonioso. Algunos padres de la Iglesia griegos, en tales situaciones, ciertamente imposibles en sí, han recomendado emplear indulgencia. El entonces profesor Joseph Ratzinger en 1972 interpretó tales afirmaciones en modo de ejemplo. El Concilio de Trento se atuvo a la más rígida tradición latina, pero sin rechazar del todo la más apacible respuesta de la Iglesia greco-ortodoxa.

Los expertos no están de acuerdo sobre las consecuencias que deben sacarse de estos y de otros puntos de vista. Es cierto que no hay que alejarse arbitrariamente de la disciplina eclesial, pero ellos hacen posible una seria reflexión teológica. Esta reflexión no tiene nada que ver con los titulares de efecto de los periódicos, que sólo crean confusión y suscitan falsas expectativas que después desembocan en desilusión. Precisamente en la situación en la que nos encontramos, la Iglesia no haría un servicio a nadie si se alejara de la clara enseñanza de Jesús.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]