Predicador papal: Año Paulino para acabar con la división entre cristianos

Meditación a Benedicto XVI y a la Curia Romana

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 12 diciembre 2008 (ZENIT.org).- El año del bimilenario de san Pablo es una oportunidad para acabar con la causa que llevó a la división entre los cristianos: dar más importancia a detalles secundarios que al mismo Cristo; considera el predicador del Papa.

El padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap., predicador de la Casa Pontificia, ofreció este viernes la segunda predicación de Adviento a la Curia Romana, en presencia de Benedicto XVI, en la capilla "Redemptoris Mater" del palacio apostólico del Vaticano.

Continuando con las lecciones para la vida de la Iglesia y la vida espiritual de cada creyente que deja el apóstol de las gentes, el sacerdote capuchino consideró que "el año paulino podría revelarse la ocasión providencial para cerrar todo un periodo de discusiones y enfrentamientos ligados más al pasado que al presente".

Para ello, propuso "un nuevo capítulo en el uso del pensamiento del apóstol": "volver a usar sus cartas, y en primer lugar la Carta a los Romanos, para el fin para el que fueron escritas, que no era, ciertamente, el de proporcionar a las generaciones futuras una palestra en la que ejercitar su agudeza teológica, sino el de edificar la fe de la comunidad, formada en su mayoría por gente sencilla e iletrada".

Según el predicador del Papa "es tiempo de ir más allá de la Reforma y más allá de la Contrarreforma".

"Lo que está en juego, a principios del tercer milenio, no es ya lo mismo del inicio del segundo milenio, cuando se produjo la separación entre oriente y occidente, y ni siquiera de la mitad del milenio, cuando se produjo, dentro de la cristiandad occidental, la separación entre católicos y protestantes".

Ofreció un ejemplo entre otros. "El problema no es ya el de Lutero de cómo liberar al hombre del sentimiento de culpa que lo oprime, sino cómo devolver al hombre el verdadero sentido del pecado que ha perdido totalmente".

"¿Qué sentido tiene seguir discutiendo sobre 'cómo se da la justificación del impío', cuando el hombre está convencido de que no necesita ninguna justificación y declara con orgullo: 'Yo mismo hoy me acuso y sólo yo puedo absolverme, yo el hombre?'", preguntó citando al escritor francés Jean-Paul Sartre.

"Yo creo que todas las discusiones de siglos entre católicos y protestantes, en torno a la fe y a las obras, han acabado por hacernos perder de vista el punto principal del mensaje paulino, desplazando a menudo la atención de Cristo a las doctrinas sobre Cristo, en práctica, de Cristo a los hombres", afirmó el sacerdote.

"Este mensaje del Apóstol sobre la centralidad de Cristo es de gran actualidad", asegura el padre Cantalamessa.

"Muchos factores llevan en efecto a poner entre paréntesis hoy su persona. Cristo no se cuestiona hoy en ninguno de los tres diálogos más vivaces en curso entre la Iglesia y el mundo".

"Ni en el diálogo entre fe y filosofía, porque la filosofía se ocupa de conceptos metafísicos, no de realidades históricas como la persona de Jesús de Nazaret; ni en el diálogo con la ciencia, con la cual se puede únicamente discutir de la existencia o no de un Dios creador, de un proyecto por debajo de la evolución; ni, en fin, en el diálogo interreligioso, que se ocupa de aquello que las religiones pueden hacer juntas, en el nombre de Dios, por el bien de la humanidad", constata.

Y añadió: "Pocos, incluso entre los creyentes, cuando se les pregunta en qué creen, responderían: creo que Cristo murió por mis pecados y resucitó para mi justificación. La mayoría respondería: creo en la existencia de Dios, en una vida después de la muerte".

"Y sin embargo para Pablo, como para todo el Nuevo Testamento, la fe que salva es sólo aquella en la muerte y resurrección de Cristo", concluyó.

Es posible leer la predicación completa en la sección de Documentación de la página web de ZENIT (Cf. Segunda predicación de Adviento del Predicador del Papa).