Prelado del Opus Dei: ''Vivir con gozosa coherencia nuestra fe cada día''

Inaugurado el XXVIII año académico de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz

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ROMA, miércoles 7 noviembre 2012 (ZENIT.org).- La “dictadura del relativismo --puesta en evidencia en repetidas ocasiones por Benedicto XVI- nos debe impulsar a vivir con gozosa coherencia nuestra fe cada día, tanto en el hacer universidad como en la participación en los debates contemporáneos”. El momento que estamos viviendo, de hecho, “es muy importante para la Iglesia”, y dirige a cada uno, en su propio ámbito de vida, una explícita “llamada a la santidad”. Con esta reflexión, el obispo prelado del Opus Dei Javier Echevarría, el lunes 5 de noviembre inauguró oficialmente el XXVIII año académico (2012/2013) de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, de la cual es también gran canciller.

Llamada universal a la santidad

Casi olvidada por un buen lapso de tiempo, la llamada universal a la santidad ha sido nuevamente propuesta “con gran fuerza por el Concilio y predicada con abnegación, muchos años antes, por san José María Escrivá”, inspirador de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y definido por el beato Juan Pablo II como “santo de lo ordinario”, informa a ZENIT este centro académico.

También hoy, en lo ordinario de la propias tareas y “en nuestras condiciones actuales”, cada miembro de la Comunidad académica está llamado a vivir el reto de la santidad y del encuentro con Dios. Viviendo, por ejemplo, “un verdadero espíritu de colaboración”, “de fraternidad, que supera las posibles divergencias de los diferentes puntos de vista y sabe afrontar los problemas con serenidad, buscando soluciones positivas”, como monseñor Echevarría sugirió al personal técnico-administrativo.

En cuanto a los estudiantes, entre las “actitudes positivas que nos acercan al amor de Dios” están, sin duda, el “estudio intenso”, el esfuerzo “por comprender los argumentos más difíciles”, “una presencia activa en las lecciones” y el apoyo a los propios compañeros.

“En el cuidado de las pequeñas cosas” está, en cambio, el discreto trabajo de los profesores, llamados a “transmitir la doctrina en modo profundo y, al mismo tiempo, sintético y claro”. Sin olvidar que la Iglesia tiene gran necesidad del “trabajo intelectual”, particularmente en nuestro contexto cultural “donde la verdad es puesta constantemente en tela de juicio”.

“Cuán contento estaría si las personas que entran en contacto con nosotros advirtieran la luz de una santidad que da calor, a través del modo de enseñar y de vivir la fe de parte de los profesores, a través de la caridad y el empeño de los estudiantes, a través de un trabajo bien hecho de todo el personal no docente!”, expresó al concluir su intervención el gran canciller de la Universidad.

Credibilidad del testigo

Una profundización sobre el rol del testigo y de su relación con la verdad, también a la luz de la importancia que el testimonio reviste en la reflexión sobre el Año de la fe y en el contexto de la Nueva Evangelización, ofreció el profesor Giuseppe Tanzella-Nitti, ordinario de Teología Fundamental, a quien fue confiada la lección inaugural de este año, sobre el tema “Verdad, credibilidad y testimonio”.

“Reflexionar sobre el modo de anunciar hoy la fe en el contexto de una nueva evangelización equivale a interrogarse sobre la realidad de la relación interpersonal entre el destinatario del anuncio y el testigo/revelador del mensaje anunciado”, afirmó el erudito.

Partiendo de las palabras de Benedicto XVI contenidas en la carta apostólica Porta Fidei “esperamos que el testimonio de vida de los creyentes crezca en su credibilidad”, Tanzella-Nitti recordó que conocer a través del testimonio, incluye por sí mismo un riesgo, principalmente debido al hecho de que la aceptación del mensaje tiene que ver con la persona del testigo. De hecho, “si no hay motivos para creerle es principalmente porque la persona no es creíble, y solo secundariamente porque el contenido trasmitido es in-creíble”.

Por lo cual, de frente al riesgo de equivocarse, también de buena fe, de engañar o ser engañado, un modo posible para establecer la credibilidad del testigo es el recurso a “una base antropológica lo más completa posible” que incluye las diversas dimensiones habitualmente consideradas significativas para expresar un juicio en materia importante, es decir: “coherencia entre palabras y obras, madurez psicológica, empatía, capacidad de comprender al interlocutor y su esfera vital, fidelidad a las promesas hechas hasta, si es necesario, el sacrificio de la propia vida”.

En esencia, él debe demostrar “que está existencialmente involucrado con el mensaje que anuncia, y lo está con aquella radicalidad e intensidad que el mismo mensaje anunciado exige a sus destinatarios”. Por eso “los testigos más seguros son los santos”. Y lo son también a los ojos de quien no tiene fe, en cuanto ellos “han testimoniado en modo heroico, humano y divino, con su constante unidad de vida y la congruencia entre palabras y obras”.

Cultura de calidad

Una llamada a una “reflexión orientada a la promoción de la cultura de la calidad” fue realizada por el rector magnifico de la Universidad Luis Romera, que en su discurso inicial se refirió al proceso de evaluación interna que la Universidad de la Santa Cruz --así como los demás ateneos pontificios– hizo en el último año, culminado con un informe que en los próximos días será entregado a la Agencia de evaluación instituida por la Santa Sede con este propósito (AVEPRO).

Después de reflexionar sobre “momentos particularmente significativos” del año académico trascurrido, el rector dirigió una explícita invitación “al sentido de responsabilidad de toda la Comunidad académica” para que se “consolide un espíritu de crecimiento, que con realismo e ingenio, sepa identificar puntos en los cuales se requiere un incremento, y con seriedad y sentido práctico, sea capaz de elaborar un proyecto de mejora”. La actitud de la promoción de la calidad pertenece de hecho, “a la identidad originaria de esta Universidad” – añadió monseñor Romera – por lo cual es deseable en ese sentido “una reflexión que retome el resultado de la evaluación interna y se proponga la determinación de un programa operativo de crecimiento”.

Con mayor razón en el contexto de la Nueva Evangelización, que como ha mostrado el Sínodo de los Obispos apenas concluido y como desea el santo padre para el Año de la fe, invita a proponer la fe en una cultura y una sociedad fracturadas entre “la tensión de pensar y configurar la vida pública y personal al margen de la fe y que, simultánea y paradójicamente, nota el malestar que crea la ausencia de Dios”. Y justamente aquí se inserta la tarea de la Universidad, llamada a crear un espacio de reflexión “que retorna sobre la experiencia humana y sus hermenéuticas habituales, sobre la cultura en que vivimos, sobre expectativas y retos”, “para tematizarla desde una perspectiva más alta y completa”, que permita vislumbrar “respuestas seguras de frente a las exigencias que la existencia humana implica”.

Medallas de plata

Como es costumbre, el gran canciller entregó las medallas de plata de la Universidad al personal que trabaja desde hace 25 años. Fueron otorgadas al profesor monseñor Luis Clavell, quien fuera rector de la Santa Cruz de 1994 al 2002, y ahora profesor emérito de la Facultad de Filosofía, y al reverendo profesor Eduardo Baura, catedrático de la Facultad de Derecho Canónico y quien fuera decano de la misma.