Premio vaticano abre "Caminos de libertad" entre presos de Colombia

El padre Andrés Fernández asiste a encarcelados y a sus familias

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ROMA, jueves, 17 septiembre 2009 (ZENIT.org).- Hace 39 años - un 16 de septiembre - el padre Andrés Fernandez Pinzón visitó por primera vez una cárcel. Al entrar dijo "aquí trabajaré".

Y ayer, también 16 de septiembre, este sacerdote colombiano recibió en Roma el premio Van Thuan, por el trabajo que realiza con los presos y deportados y con sus familias en la ciudad de Bogotá.

En una ceremonia presidida por el cardenal Renato R. Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, el sacerdote fue galardonado junto con otras tres fundaciones provenientes de Italia, Tailandia y Francia. También recibió este reconocimiento el gran duque Henri de Luxemburgo.

El premio Van Thuan, lo otorga la Fundación San Mateo, cuya sede se encuentra en la oficina del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz en la ciudad del Vaticano. Busca proponer iniciativas que pongan en práctica las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia y su humanismo integral y social.

"Es una gracia de Dios muy grande este premio, en medio de todos los proyectos que hay en el mundo", aseguró el padre en diálogo con ZENIT.

Un carisma entre presos

Cuenta el sacerdote, que aún no entiende por qué le llama tanto la atención el trabajo con presos: "Cuando se está en el seminario, nadie sueña con ser el capellán de una cárcel".

Sin embargo, cada vez que se pregunta sobre en el porqué de este carisma, sólo puede responder: "porque Dios lo quiere".

Así el sacerdote creó en 1997 la fundación "Caminos de libertad": "Arrancamos a soñar para construir un centro pastoral que acompañara a las familias", recuerda.

Un corazón que busca ser reconciliado

El presbítero ilustra la situación de las familias de los encarcelados y los deportados: "Cuando ellos viajan a visitar a sus familiares presos, muchas veces no tienen a dónde ir y duermen en la calle".

"Los presos extranjeros al quedar en libertad no pueden trabajar ni salir del país. Osea que siguen en las calles o cometen otro delito para que los arresten de nuevo. Así por lo menos tienen comida y techo gratis", confesó el presbítero.

"Estamos construyendo un hogar de paso para las familias. Que puedan tener un cuarto con dos camas decentes y un baño", asegura el padre Fernández.

Así, los familiares de los presos se encontrarán en un ambiente cálido, gracias al trabajo de varios profesionales voluntarios. Llegarán a un albergue que contará además con capilla, aulas, laboratorios de trabajo y consultorios psicológicos.

"Cada interno es un drama", confiesa el sacerdote. "Vemos muy de cerca la angustia de quien quiere llegar a la libertad, de la espera por parte de una familia, de situaciones profundamente humanas. Jesús es profundamente humano".

El padre compartió también algunas desilusiones de las que ha sido testigo: "Muchos de ellos pensaban que tenían muchos amigos. Al llegar a la cárcel descubre que no eran tantos".

El trabajo con los presos no es para nada fácil. A no pocos les asusta la idea de dialogar y acompañar a quienes han sido autores de los peores delitos. Generalmente sus familias quedan etiquetadas de por vida. No obstante, el padre Fernández trasciende estos temores humanos:

"El único que conoce el corazón es Dios. El juez ya juzgó. Por eso veo que debo servir a Jesús en la persona de los internos. Cada uno de ellos es un hijo de Dios"

"Somos canales de la Misericordia Divina. Todo hombre, por malo que sea, tiene en su corazón una fibra de bondad que debemos hacerla sonar. Debemos hacer descubrir a Dios en medio del dolor y del camino de la reconciliación", dice.

El premio Van Thuan le otorgó a la fundación una donación de 15 mil euros para este albergue en el que los familiares de los presos podrán, "descubrir la dignidad del hombre porque es un hijo de Dios que merece respeto".

"Aunque los internos hayan caído lo más profundo, queremos que se encuentren con la Misericordia de Dios, que es infinita", conclue el padre Fernández.

Por Carmen Elena Villa