Presentación del secretario del Consejo para los Laicos del encuentro del Papa con los movimientos

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 4 junio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el saludo de presentación que dirigió al inicio del encuentro de Benedicto XVI con los nuevos movimientos y comunidades eclesiales que tuvo lugar en la tarde de este sábado, víspera de Pentecostés, en la plaza de San Pedro del vaticano.




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¡Queridos hermanos y hermanas!
Saludo cordialmente a todos vosotros aquí presentes, que habéis acogido con alegría y con prontitud la invitación del Papa Benedicto XVI al encuentro de esta tarde, que culminará con la celebración de las Primeras Vísperas de la Solemnidad de Pentecostés con nuestro Santo Padre.

Quisiera expresar mi cordial bienvenida a cada uno de vosotros, a aquellos que están más cerca, pero en particular a aquellos que se encuentran más lejos, al fondo de la Plaza de San Pedro y en Vía de la Conciliación. Todos sabemos que en una celebración de oración, como la nuestra, no importa tanto las distancias, pues lo que importa es la cercanía del corazón, lo que importa es la unidad, la única fe en Dios presente entre nosotros. Recordemos la promesa del Señor: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18, 20).

Saludo cordialmente a los fundadores y responsables, saludo a todos los miembros y a todos los amigos de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades. Agradezco a todos por haber venido – de Italia y de toda Europa, y también de todas partes del mundo, de África, de Asia, de Oceanía y del continente Americano – a este segundo Encuentro de las nuevas realidades eclesiales con el Sucesor de Pedro. Es el segundo encuentro, después de la inolvidable tarde del sábado 30 de mayo de 1998 con el Siervo de Dios Papa Juan Pablo II, en la misma Plaza de San Pedro.

Vuestra presencia tan numerosa es un gran signo de la vivacidad y de la juventud de la Iglesia. ¡La Iglesia es joven y la vemos hoy aquí en la Plaza de San Pedro! ¡La Iglesia es universal, no conoce ni edad, ni razas, porque toda ella es una cosa sola y porque es verdaderamente católica!

¡Queridos hermanos y hermanas!

En las meditaciones del “Tríptico Romano” de Juan Pablo II (2003) encontramos en la segunda poesía, “La fuente”, las siguientes palabras:

“Si quieres encontrar la fuente, debes proseguir hacia arriba, contra corriente”.

Hemos venido para “confesar” en esta vigilia de Pentecostés, y lo queremos hacer públicamente en esta Plaza de San Pedro, con modestia y sencillez y al mismo tiempo, con franqueza y sinceridad, que hemos intentando en estos años ir muy hacia arriba, y que, muchas veces hemos ido contra corriente, pero hemos encontrado la fuente del agua viva que apaga el deseo infinito de nuestro corazón, nuestra sed de verdad, de belleza, de felicidad.

Esta fuente no es una teoría, no es una filosofía ni una simple respuesta abstracta, es más bien una Persona. Sobre el tema el Santo Padre Benedicto XVI afirma en la encíclica “Deus caritas est”: “No se comienza a ser cristiano por poner una decisión ética o una grande idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello la orientación decisiva” .

Por ello, el primer motivo de nuestro encuentro es el agradecimiento por los múltiples dones recibidos que nos han ayudado a encontrar la fuente, la presencia viva de Jesús “el más bello entre los hijos del hombre” (Sal. 45). La oración de las Vísperas es un momento privilegiado para agradecer a Dios por su bondad y por las maravillas que ha realizado en nosotros (“Magnalia Dei”) en la obra de la Redención. Queremos expresar nuestro total agradecimiento al Espíritu creador y queremos agradecer a aquellos hombres “tocados por Dios” que, con el testimonio de su fe vivida, han estado delante de nosotros “abriendo brecha” y nos acompañan en nuestro camino personal hacia la amistad con el Hijo de Dios, que nos da la vida y la verdadera libertad.

Agradecemos al Señor los fundadores y las fundadoras que han escuchado el soplo del Espíritu Santo; agradecemos a Dios la ayuda de nuestros padres, profesores y sacerdotes en el camino de nuestra fe, y en particular, queremos agradecer por el gran magisterio y el gran testimonio del inolvidable Papa Juan Pablo II.

El segundo motivo de nuestro encuentro es la renovación del compromiso que Juan Pablo II nos pidiera hace ocho años con tres imperativos: ¡Abrid! ¡Acoged! ¡No os olvidéis! El decía (gritaba) aquella tarde: “¡Abríos con docilidad a los dones del Espíritu! ¡Acoged con agradecimiento y obediencia los carismas que el Espíritu no cesa de donar! ¡No os olvidéis que cada carisma ha sido donado para el bien común, es decir para el bien de toda la Iglesia!”.

En esta celebración cada uno de nosotros tiene la posibilidad de hacer el propio examen de conciencia. ¿Cómo hemos respondido a estas tres exhortaciones de un auténtico Padre que nos quiere tanto? Podemos preguntarnos: ¿De qué manera nos hemos abierto al Espíritu Santo? ¿Hemos acogido sus carismas? ¿Hemos pensado al bien común de toda la Iglesia? Podemos interrogarnos como “comunidad de fe” sobre la nueva etapa de la “madurez eclesial” que el S. Padre Juan Pablo II hace ocho años ha abierto.

Acojamos las palabras del Santo Padre Benedicto XVI que marcan nuestro encuentro – “No hay nada más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Èl” –, con la ayuda del Espíritu Santo ¡tomemos un nuevo impulso, nuevas energías y una nueva fantasía para nuestro futuro camino común!

Quisiera agradecer nuevamente a todos vosotros vuestra presencia, vuestro compromiso misionero y sobre todo, vuestra fidelidad al don de la fe en Cristo Jesús y al sucesor de Pedro, que quiere confirmarnos en esta misma fe.

¡Una cordial bienvenida a todos!
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1. Juan Pablo II, Trittico Romano. Meditazioni, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2003, 15 (= TR).

2. Benedicto XVI, Carta Enciclica, “Deus caritas est”, n. 1.

3. Juan Pablo II, “Apritevi con docilità ai doni dello Spirito!”, in: “Il Papa e i Movimenti”, a cura del Pontificio Consiglio per i Laici, ed. S. Paolo, pag. 48.

4. Benedicto XVI, Homilía de inicio del ministerio petrino, 24 de abril de 2005.

[Traducción del Consejo Pontificio para los Laicos]