Presentada en Roma la biografía oficial de Chiara Lubich

Participó el prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada

| 2116 hits

ROMA, miércoles 12 de abril de 2011 (ZENIT.org).- La biografía oficial de Chiara Lubich, titulada “LlevarTe el mundo entre los brazos” fue presentada ayer en el Palacio de la Cancillería de Roma, con testimonios, temores, esperanzas y la idea de que la figura de la fundadora del Movimiento Focolar no se puede encerrar solo en una biografía.

Intervinieron en la presentación Andrea Riccardi, fundador de la comunidad de San Egidio; el prefecto de la Congregació para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, monseñor Joao Braz de Aviz. Y después de una pausa con música de Vivaldi, los conferenciantes fueron Eli Folonari, una de las primeras compañeras de Chiara; el periodista y autor del libro, Armando Torno. Las exposiciones fueron moderadas por el periodista italiano Piero Damosso.

Chiara Lubich (Trento 1920 – Roma 2008) es fundadora del Movimiento de los Focolares, hoy en 182 países. Recibió diversos premios internacionales y ciudadanías honoríficas. Cuenta con 59 obras en más de 20 idiomas.

Propuso el diálogo “como vía privilegiada para promover la unidad de la Iglesia, entre las religiones, con los no religiosos, sin sincretismo y fieles a la propia identidad”.

Al abrir la presentación el periodista Damosso recordó que en un momento en el cual tenemos una guerra en Libia, una ola de inmigración desde África, con pánico nuclear tras el tsunami de Japón, el libro “LlevarTe el mundo entre los brazos” es más actual que nunca, con su deseo de crear puentes”.

Para Andrea Riccardi, “el libro lleva el sello auténtico de Chiara”. Y “en un tiempo como el nuestro, de hombres grises que no quieren ser turbados por grandes personalidades” existe el riesgo que la figura de Chiara pueda “ser olvidada o empequeñecida” aunque haya generado un movimiento que vive y que es una historia de santidad colectiva”.

Por lo tanto “recordarla significa evocar su visión llena de esperanza” y “más allá del afecto, tenemos que empeñarnos en su memoria histórica, contarla, entenderla en el contexto de su tiempo y de la historia del siglo XX. Porque ella pertenece a la historia de todos los contemporáneos”.

El fundador de San Egidio se muestra impresionado por “la fragilidad de esta joven y de su monolítica certeza”. “Pequeña pero que hizo cosas grandes, soñó y tuvo sed de unidad. Con una capacidad de amistad incluso fuera de su movimiento, y siempre muy concreta”.

“Esta corriente de unidad –recuerda Riccardi- pasaba incluso más allá de la cortina de hierro. Los checos, los polacos, y aquel Karol Wojtyla habían entendido que significaba esta corriente de unidad. Digámoslo, era una mano extendida sobre los baches del presente y del futuro del Este europeo”. Porque “lograba con su genio creativo a poner puentes sobre los abismos y pasajes sobre las murallas, siempre con dulzura, con la sonrisa pero con gran firmeza”.

Riccardi indica que “Chiara es una figura unitiva, tiene un rol en la historia contemporánea de la Iglesia, porque es una figura cristiana pero también humanista, con un pensamiento propio. Y tuvo además una función política sin haber hecho política, una función para los no cristianos y los no creyentes”.

“Si hubieran escuchado a Chiara – considera Riccardi recordando al anterior patriarca de Constantinopla, Atenágoras – estaríamos mucho, pero mucho más adelante. Ella “había entendido el rol del ecumenismo, porque había logrado entrar en el corazón del patriarca”.

Y cuando cayó el muro de Berlín en los 90, ella creía en la posibilidad de un mundo unido, casi una sola familia “compenetrada de que quien trabaja por el evangelio trabaja por la humanidad”.

“En este tiempo que estamos asustados, tememos las invasiones de quien es diverso, sedientos de seguridad y de fronteras –prosigue Riccardi- Chiara vuelve diciéndonos que no tiene miedo de un mundo grande, “que la llave para no tener miedo es amar. Y nos enseña que el amor es la verdadera defensa, y como decía Don Santoro asesinado en Turquía, el amor genera amor”

Y hay otro aspecto de la Chiara mística, y lo revela a los suyos: “Fatiguen si quieren ser santos, si uno no se va a la cama cansado fue vana vuestra jornada”.

“Hoy vemos el fruto de estas corrientes de unidad sembradas por Chiara y por su movimiento”, concluyó Riccardi. “Su mensaje y su presencia me parecen más actuales que ayer. Porque este mundo de globalizzación no logra la unidad. Chiara, mismo quien la conoce tiene aún que descubrirla”.

Monseñor Braz indicó que escuchó hablar de Chiara cuando él pertenecía a un pequeño grupo de seminaristas adolescentes, en los años 60. Enseñaba que se llega a Dios “a través de la práctica del amor al prójimo. No enseñaba una doctrina, pero su experiencia de vida”.

“Y en este mensaje –indicó el prelado brasileño- habían dos certezas vitales: Dios me ama inmensamente y siempre, y no mira mi debilidad y mis pecados. Y la segunda: puedo experimentar el amor de Dios construyéndolo con el prójimo que pasa al lado mío, no interesa quien sea, católico, ateo u otro”.

Existía entonces un mensaje nuevo, el de “superar las barreras en la relación humana”, porque comunicar y recibir la comunicación genera una verdadera felicidad.

Y el arzobispo recordó como en aquellos años “la teología buscaba una respuesta al problema de la discriminación social” y algunos se preguntaban “si el marxismo no sería un atajo para llegar al cambio”. En ese contexto el encontró con la figura de Lubich, le puso una opción de vida. “No sin dolores ni incertidumbres, pero ahora después de algunos años nos lleva a abundar en gratitud”.

Monseñor Braz, ahora en el Instituto de Vida Consagrada se mostró impresionado por los carismas de los fundadores a través del tiempo, “como un gran jardín con sus más bellas flores”.  Y como más los hijos de los fundadores viven la unidad con ellos dan más frutos. Porque con los diversos carismas de la Iglesia “somos testigos que el Espíritu del Señor actúa entre los consagrados”. 

Y cuando para muchos no se logra llevar adelante el gran número de obras existentes por falta de vocaciones, entonces es el momento de “retornar sinceramente a la cultura de los fundadores y fundadoras”.

Eli Folonari, por su parte cuenta algunos particulares de Chiara en la vida cotidiana. De cuando ella había oído hablar de vivir el Evangelio. “Mi familia era muy católica si bien y estaba convencida a los 23 años que el Evangelio no se pudiera vivir.  Veía que nosotros pertenecíamos a una familia pudiente y los pobres estaban de otro lado y existía dificultad de relaciones. Pero también entre las órdenes religiosas de mi escuela y las de otras”:

Después conoció a Chiara y recuerda “como me miró, me había quedado impresionada”.

Ella se había apenas recibido y en su casa se preguntaban: “¿Señoritas que viven el Evangelio? Serán protestantes”. Después su viaje a Roma, “No sabía ni siquiera de pernoctar y al final no volví más a casa”. 

Para Chiara –prosiguió- había una voluntad de Dios en signos: un horario, un trabajo, obligaciones, etc. Y también una voluntad de beneplácito, con cosas extraordinarias fuera del programa. Para Chiara nada sucedía por casualidad”.

Folonari también recuerda anécdotas: cuando llevando a Chiara en auto “un poco distraía me quedé sin gasolina en el centro de Roma y las dos tuvimos que empujar el auto”.

Pero el hecho de tener una sonrisa que amaba a todos, “no quita la existencia de grandes pruebas espirituales”. Esta unión con Dios, que ella había experimentado en un determinado momento no la sentía más. Así el padre Tomassi le da el libro sobre la noche obscura de San Juan de la Cruz. “Es así, exactamente así, nos decía”

Armando Torno, el autor del libro quiere precisar: “Este volumen fue escrito por uno que nunca conoció a Chiara, en realidad no soy el autor, sino que recogí muchas historias y testimonios” Y revela: “No es fácil encerrarlos en una biografía”.

El método asegura “fue muy simple: una recolección de testimonios seguros de personas que convivieron con Chiara”. El volumen por lo tanto tiene un número ilimitado de páginas porque quiere recoger un mensaje sin agotar un tema muy amplio.

Para el periodista del Corriere della Sera, “Chiara desbloquea el amor, pone en crisis las hipótesis económicas, los discursos ecuménicos, a los políticos, da respuestas a los problemas de hoy en día, los cuales la sociedad no logra resolver”.

El autor del libro señala que se trata de una revolución de amor de “amor de un místico vivido con gran normalidad” y que crea una organización con gran simplicidad, que no tiene un plan preestablecido a no ser el Evangelio. Ella “es una figura que deslumbra, huye, abraza, vuelve, susurra, reza, ayuda”.

“Soy un matemático – confía Torno – y un matemático quiere que las cuentas cierren. Todo coincidía pero al mismo tiempo todo se ponía en discusión”, excepto “el punto de partida: el Evangelio”.

Con este libro “por ahora emergió una parte” indicó Torno, quien está seguro que existen otros documentos y testimonios para descubrir, por lo tanto esta biografía tiene que ser como un punto de partida.

Porque Chiara “no está enseñando sino dando testimonio de un cristianismo vencedor” y mientras “otros abren los brazos en señal de paciencia, ella abría los brazos para acoger”.

Y concluyó: “No puedo decir que Chiara sea una santa, una mística u otra cosa. No me corresponde a mi decirlo aunque me queda una duda: que haya sido todo esto”.