Primer Encuentro Mundial Interreligioso que organiza «San Egidio» en los EE. UU.

«Religión y culturas: el valor del diálogo», tema central de la convocatoria

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WASHINGTON, viernes, 7 abril 2006 (ZENIT.org).- El Encuentro Mundial Interreligioso que promueve cada año la Comunidad de San Egidio se celebrará por primera vez en los Estados Unidos el 26 y 27 de abril próximo.



Washington DC acogerá esta gran cita, organizada en colaboración con la Universidad de Georgetown y su responsable, el profesor Jack de Gioia, y la archidiócesis, a cuyo frente está el cardenal Theodore Edgar McCarrick.

Veinte años hace que Juan Pablo II convocó la Jornada Mundial de Oración por la Paz de Asís, un hecho sin precedentes que reunió, junto al Papa, a representantes de las grandes religiones del mundo.

Comenzaba así un camino que asumió de forma especial la Comunidad de San Egidio, dando vida a los Encuentros Internacionales «Hombres y Religiones» que, año tras año, han recorrido las principales ciudades italianas y capitales europeas.

Han representado «una extraordinaria ocasión de diálogo y de superación de las contraposiciones culturales y religiosas», explica el movimiento eclesial en un comunicado.

El tema central escogido para la próxima convocatoria es «Religión y culturas: el valor del diálogo».

«Es clave en nuestro tiempo marcado por terrorismo y guerras de las que no se ve salida, mientras crecen los intentos de instrumentalizar las religiones como elementos de enfrentamiento, así como la posibilidad, para las grandes religiones mundiales, de favorecer mayor comprensión recíproca», explica la Comunidad.

En este contexto considera que la elección de la capital de los Estados Unidos como sede del encuentro aporta un valor añadido al evento.

Y es que, según la Comunidad, el encuentro, «por su naturaleza, representa la cita anual de mayor significado en el terreno de la comparación cultural y de la construcción de lenguajes y hechos capaces de disolver el llamado “choque de civilizaciones” y de indicar caminos concretos para la cohesión social y la convivencia pacífica».

Los «temas-clave de nuestro tiempo» previstos buscan caminos de salida de la ideología del «choque» en un «esfuerzo común –sin confusiones— de trazar un camino espiritual» «de colaboración» para una «globalización desde el rostro humano», explica la organización.

Entre las propuestas de reflexión se enuncia el diálogo entre las religiones hoy; religiones y terrorismo; el desafío de la abolición de la pobreza en el siglo XXI; religiones y pluralismo en las democracias; la cultura de la vida y los desafíos de las pandemias mundiales; la libertad religiosa como derecho a redescubrir con toda su fuerza; el papel de los libros sagrados en la construcción de un nuevo humanismo; culturas laicas y grandes tradiciones religiosas ante la globalización; la oración entre consumismo y pérdida de las raíces.

«Estos temas –informa la Comunidad de San Egidio-- serán afrontados públicamente por algunos grandes testigos y por responsables de las grandes religiones mundiales».

Confirma la presencia, entre otros, del rabino jefe de Israel, Yona Metzger, Ahmed Al-Tayyib, rector de la Universidad de Al-Azhar, numerosos cardenales y patriarcas, del presidente del Consejo metodista Mundial Sunday Mbang y del presidente de las Conferencias de las Iglesias Europeas Jean-Arnold de Clermont.

A ellos se unirán «las personalidades más significativas de diversos entornos culturales y religiosos» de América y de más de una treintena de países del mundo, «con una fuerte presencia de países de “frontera”, Israel y Oriente Medio, Pakistán, Extremo Oriente y Mediterráneo».

La Comunidad de San Egidio (www.santegidio.org) fue fundada por el historiador Andrea Riccardi en Roma en 1968, a la luz del Concilio Vaticano II.

Hoy es un movimiento de laicos («Asociación pública de laicos de la Iglesia» católica) al que pertenecen más de 50.000 personas; está comprometido en la evangelización y en la caridad en Roma, en Italia y en más de 70 países de distintos continentes.

Miembros del movimiento han sido mediadores decisivos para desactivar conflictos civiles y promover acuerdos de paz en varios países del mundo.