Procesión eucarística por las calles de Dublín

Miles de personas participaron en la manifestación de fe del Congreso

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Por Ann Schneible

DUBLÍN, viernes 15 junio 2012 (ZENIT.org).- Unos 12.500 peregrinos de todo el mundo participaron este miércoles en una Procesión eucarística que recorrió las calles de Dublín, Irlanda, donde se celebra el 50 Congreso Eucarístico Internacional.

La procesión, que concluyó una jornada de talleres y presentaciones dedicadas al tema “Sacerdocio y Miniterio en el Servicio de Comunión”, empezó ante el Royal Dublin Society (RDS) Arena, donde se ha celebrado la Misa cada día del congreso.

El cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación de los Obispos, abrió la marcha de los peregrinos, bajo palio, portando el Santísimo Sacramento. Siguiéndole en reverente silencio, los peregrinos recorrieron el complejo RDS y las calles cercanas.

Adam Gryc, estudiante de alemán que estudia en el Rome’s Emmanuel School of Mission, está en Dublín como misionero y voluntario para el Congreso. Aunque expresaba su desacuerdo por que el porcentaje de jóvenes fuera relativamente pequeño, no obstante se sintió tocado por el clima de oración de la procesión.

“El inicio de la procesión en el Arena fue muy solemne –dijo--. También durante la procesión había un ambiente muy orante de manera que pude personalmente entrar una oración muy buena”.

“Es bueno también –añadió- ver a diferentes clases de religiosos unidos aquí”.

Una joven de Nebraska, Melissa Weeder, también compartió sus impresiones de la procesión. “Es una bendición –dijo--, estar unida con miles de almas detrás de nuestro Señor, físicamente presente en la Eucaristía. No se puede subestimar su poder pasando a través de las calles en medio de su pueblo. Muchos no conocen el don que nos ha dado. Es un honor y una bendición estar aquí hoy con la Iglesia militante”.

Tras la procesión, la hermana Madre de la Luz, de la congregación de las Siervas del Señor, describió el clima entre aquellos que participaron. “Fue muy solemne –dijo--. El espíritu en torno a donde yo estaba, que no estaba demasiado lejos del Santísimo Sacramento, y el recorrer las calles de Dublín fue hermoso. La gente cantaba y oraba”.